La vigésimo cuarta edición de la Fiesta de la Trashumancia celebró el pasado domingo en Madrid esta histórica migración estacional del ganado, homenajeada con una recepción en el Ayuntamiento y bailes tradicionales en la explanada del Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

La migración estacional del ganado en busca de pastos tiernos, conocida como trashumancia, es hoy testimonial pero su práctica durante siglos ha dejado en España una extensa red de vías pecuarias que, en conjunto, superan los 120.000 kilómetros y constituyen un patrimonio único en el mundo.

Hasta el siglo XIX, unos cinco millones de cabezas de ganado (principalmente ovejas pero también cabras, vacas, yeguas, cerdos y hasta pavos) marchaban cada año hacia las montañas en primavera, y en otoño repetían el camino, esta vez de vuelta. Actualmente se estima que no llegan al medio millón las reses trashumantes, aunque no hay datos oficiales.

Si bien la actividad ganadera trashumante es ahora muy reducida, su práctica durante siglos ha sido clave para la conservación de la ganadería extensiva y de las razas autóctonas y, en la actualidad, la conservación de las vías pecuarias como corredores verdes contribuye a la conectividad de los ecosistemas y la biodiversidad.

Las vías que transita el ganado están clasificadas en veredas -hasta 20 metros de ancho-, cordeles -hasta 37,5-, y cañadas -hasta 75 metros-, y se unen a través de coladas. De los 124.605 kilómetros de vías pecuarias que existen en España, con una superficie de más de 400.000 hectáreas -el 1 por ciento del territorio nacional-, 18.974 pertenecen a la red principal, la de cañadas.

Fiesta de la Trashumancia en Madrid

Fiesta de la Trashumancia en Madrid / Santi Donaire – EFE

Las principales son la Vizana o de la Plata, entre Asturias y Extremadura; la leonesa occidental; la leonesa oriental; la segoviana; la soriana oriental; la zamorana; la soriana occidental; la Galiana (Rioja-Ciudad Real); la conquense; y la del Reino de Valencia.

La tradición trashumante se remonta a los visigodos, aunque fue Alfonso X el Sabio quien procedió a regularla mediante la creación en 1273 del Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, con el propósito de estimular el desarrollo de la ganadería lanar y aumentar la recaudación de tributos procedentes de los rebaños que cruzaban las tierras reales.

La Mesta vivió su mayor apogeo entre los siglos XIII y XVI y pervivió hasta el siglo XIX, cuando las Cortes de Cádiz (1812) decretaron su disolución, que se materializó en 1836.

La trashumancia subsistió, pero fue perdiendo relevancia conforme decaía la apreciación de la oveja merina y la agricultura cobraba pujanza

Desde 1994 un rebaño de ovejas trashumantes recorre las calles del centro de Madrid -actos similares se producen en otras ciudades españolas- con la intención de reivindicar los derechos de paso, la conservación, el acondicionamiento de las cañadas para el tránsito no motorizado y el desarrollo sostenible, a la vez que pretenden acercar el mundo rural a toda la sociedad en su conjunto.

Esta Fiesta de la Trashumancia nació para demandar una nueva Ley de Vías Pecuarias, finalmente aprobada por las Cortes el 23 de marzo de 1995.

Cada otoño, a su paso por Madrid y siguiendo la tradición, los pastores entregan a un representante del Ayuntamiento de la capital los 160 maravedíes que establece como pago para el paso de las ovejas esta cañada, una Concordia firmada en 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Concejo de la Villa de Madrid.

El pasado mes de abril la práctica ganadera de la trashumancia fue declarada por el Gobierno Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, mediante la promulgación de un Real Decreto.

El texto subraya que además de haber contribuido a conformar la identidad cultural de muchos territorios de España, la actividad trashumante ha originado un rico patrimonio cultural y etnográfico, reflejado en fiestas y tradiciones, en la toponimia, en la gastronomía y en toda la arquitectura relacionada con esta actividad”. (EFE)