Más de la mitad de los productos marinos que se consumen en el mundo proceden ya de “granjas”, instalaciones que garantizan productos frescos en la cesta de la compra, pero que son también una fuente de riqueza, empleo y de biodiversidad

Madrid – 29 JUN 2017 – EFE

La “ganadería marina” (acuicultura) superó por primera vez en 2013 a la pesca en el mundo, y España se ha consolidado como el país con un mayor volumen de producción de la UE, con casi 5.000 establecimientos que emplean directamente a unas 20.000 personas, según datos de la Asociación Empresarial de Productores de Cultivos Marinos en España (APROMAR).Pero además, muchas de estas instalaciones (más del 5 por ciento en España) se encuentran dentro de Natura 2000 y prácticamente todas están en las proximidades de algún espacio incluido en esa red europea creada para asegurar la conservación de la biodiversidad.

Los estudios han corroborado por ejemplo que la acuicultura marina que se practica en el Levante actúa como foco de atracción y como zona de alimentación de numerosas aves marinas y costeras y proporciona un servicio ecológico relacionado directamente con el mantenimiento de especies protegidas como el paíño europeo, la gaviota de Audouin o el charrancito común, que se alimentan en las zonas próximas a las jaulas.

Acuicultura

Sinergias positivas entre acuicultura y conservación

De hecho, según ha explicado el gerente de APROMAR, Javier Ojeda, numerosas granjas han servido para consolidar muchos de los valores naturales que se han querido salvaguardar al catalogar los espacios como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) o Lugar de Interés Comunitario (LIC) -figuras previstas en la red Natura 2000-.“La acuicultura estaba antes, y el buen estado de conservación de la naturaleza es lo que ha dado lugar a esa nominación”, ha señalado a EFE Javier Ojeda, quien ha defendido la compatibilidad y la convivencia entre acuicultura y conservación; más aún, la sinergia positiva que ha surgido entre ambas.

El gerente de APROMAR (una organización que agrupa a medio centenar de empresas y a varias asociaciones regionales) ha insistido en que las dos partes (los propietarios de las instalaciones pero también las administraciones responsables de la red Natura 2000) deben hacer una gestión correcta para asegurar esa convivencia y fomentar el desarrollo sostenible.

“Una zona Natura 2000 es un área donde tiene que haber actividad económica, donde tiene que haber empleo, desarrollo económico y social”, según el responsable de esta organización profesional, que ha insistido en que las administraciones públicas hacen en ocasiones interpretaciones “excesivamente exigentes” y que no se corresponden con los valores naturales que se pretenden proteger.

Javier Ojeda ha observado que el negocio de los acuicultores “está en el agua” y son por lo tanto los primeros interesados en asegurar la calidad ambiental de sus “granjas”, pero ha denunciado que las exigencias ambientales que se pide a estos profesionales no son equiparables a las de otros sectores que influyen también en la calidad del agua, como el turístico o la propia administración pública, que en ocasiones -ha dicho- vierte al mar residuos en muy malas condiciones.

Reservas con elevado valor gracias a la acuicultura

El litoral español está salpicado de ejemplos de la convivencia entre la “ganadería marina” y la conservación, desde Galicia, donde existen varias reservas de pesca con un elevado valor económico y natural gracias a las granjas de acuicultura, hasta el entorno de Doñana o la Bahía de Cádiz, cuyas marismas existen hoy gracias en gran parte a las salinas y a las granjas de acuicultura que han asegurado la lámina de agua que atrae a miles de aves.

El proyecto “Aquabird”, ejecutado por la Universidad de Cádiz y financiado por la Fundación Biodiversidad -dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente-, ha permitido conocer la relación que existe entre muchas poblaciones de aves marinas y las instalaciones de acuicultura que están en la red Natura 2000 y comprobar el papel que juega esta actividad económica en la conservación de la diversidad ornitológica.

La conclusión es que las zonas donde se desarrolla acuicultura de una forma sostenible no sólo contribuyen a mantener la mayor parte de esa riqueza biológica sino que se potencia además la importancia de las zonas de especial protección para las aves.

La red europea Natura 2000 no pretende convertir sus espacios (unos 2.000 en España) en reservas estrictas donde estén excluidas las actividades humanas sino favorecer el desarrollo sostenible.

Por eso acuicultura y conservación avanzan necesariamente de la mano, porque es una actividad que en la mayoría de los casos se desarrolla en espacios de dominio público y que necesita la calidad ambiental para asegurar el buen estado de salud de los animales que representan ya un porcentaje muy importante de la cesta de la compra en España. EFE