De la extrema sequía del 2012 a la generosidad del 2013, climatologías extremas en nuestra Ribera del Duero donde el presente se ve marcado por su historia pasada, la planta se adapta, pero no olvida

Valladolid – Redacción – 10 ENE 2014

Aquí una vez más, las canas del Nogal de la Valera (sexagenario majuelo, impasible, ajeno a cualquier exabrupto climático -ni frío ni calor-), nos aportan una visión, de la ventaja del viñedo poblacional respeto al moderno clónico. La expresión de lo diverso, respecto a lo estándar, nos hace reflexionar sobre el tipo de viñedo que queremos.

2013, añada fresca y tardía, de floraciones desfasadas y enveros retrasados de, por lo menos, dos semanas, que nos obligaron a buscar una maduración adecuada, sin verdores ni astringencias. El veranillo generoso de San Miguel fue de gran ayuda. Teníamos 13,7º grados el 27 de septiembre y habíamos rebajado el retraso a menos de una semana respecto al año anterior. Una maduración perfecta, unos taninos en pepitas nunca vistos. Con la miel en los labios, esperábamos ese momento final, con la sola duda de lo generosa que sería la añada.

Cencellada en Valdemonjas el pasado invierno

Cencellada en Valdemonjas el pasado invierno

La vendimia fue una locura, lluvias inoportunas e incesantes trastocaron todos los planes. Exasperantes vendimias escalonadas, lentas y selectivas en campo, doble selección en bodega. En un primer tiempo, recorridos enológicos enfocados en evitar fermentaciones segundarias indeseadas, nos obligaron a recortar las prefermentaciones en frío. La buena calidad de las pepitas, permitió sin embargo unas maceraciones muy adecuadas. Las malolácticas también se retrasaron en extremo. “El Primer Beso” las acabo estas Navidades, para el resto (“Entre palabras”, “Los tres dones” y “Abrí las alas”) ya en barrica, habrá que esperar a la primavera.

Si el 2012 nos habló de terruños, 2013 versó sobre vendimias y elaboraciones. En un ambiente como el nuestro es fácil aprender, todo es tan extremo que las lecciones, son evidentes cuando uno se pone a escuchar. La grandeza del vino en estas añadas difíciles, donde el photoshop es imposible, nos retrata en nuestra más profunda realidad.

Doble vertiente: desde la humildad del “vigneron”, a la intuición del “winemaker”, solo entendibles bajo la seguridad de lo que uno quiere ser. El corto plazo no es una solución válida. Un patrimonio, que como buen escriba recoge lo acontecido, ha de gestionarse a largo plazo, creándolo y ayudándole a hacerse más fuerte. No es un medio de producción. ¡Tendré que matar mis instintos de agrónomo!

Por: Alejandro Moyano, cofundador Valdemonjas Viñedos y Vinos