La Semana Santa de Antequera es una mezcla de religión, arte, tradición e historia, con una marcada personalidad. Las imágenes son de los siglos XVI y XVII, así como los mantos y bordados y tienen un valor artístico incalculable.

Los desfiles procesionales con cuando menos peculiares, únicos en la Semana Santa andaluza. Para empezar, los pasos son portados al hombro, a diferencia de los costaleros, por los llamados “hermanacos”, caracterizados por su indumentaria y por el uso de “horquillas” para sostener el trono cuando está parado. Al frente de ellos va el Hermano Mayor de Insignia que, situándose delante del paso, guía a los “hermanacos” durante el recorrido de la procesión.

Otra figura fundamental es la del “campanillero de lujo” que es un niño o niña de no más de ocho años, perteneciente habitualmente a una familia de la cofradía, que luce una túnica de terciopelo bordada en hilo de oro con larga cola. Los campanilleros van junto al Hermano Mayor y su misión es tocar unas campanitas avisando de que el trono va a comenzar a andar o de que ya lo está haciendo.

Por otra parte, algunos momentos inolvidables de la Semana Santa antequerana es “correr la vega”, que consiste en subir corriendo los tronos de algunas cofradías por las empinadas cuestas que, al final del recorrido procesional, llevan a los templos-sede. Al parecer, esta costumbre viene de muy antiguo para bendecir, desde los cerros de la ciudad, las fincas de cultivo que en su día fueron la primera fuente de riqueza de la población.

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