Una crítica del historiador del arte leonés sobre la programación de “Ahí está. 10 años de artes en vivo”, que se celebró en el MUSAC de León durante los días 10, 11 y 12 abril de 2015

León – 20 ABR 2015 – Antonio González Chamorro (Tam Tam Press)

Diez años ya del Musac. Curadas las heridas del proceso de lucha por nuestros derechos laborales en el museo, he de decir que volver como usuario a programaciones tan bien planteadas como la que disfrutamos del 10 al 12 de abril, me ilusiona. Me ilusiona como siempre lo ha hecho este proyecto. Cubrir la enorme carencia que a nivel escénico tiene la ciudad de León es un acierto. Y sé a ciencia cierta lo agradecidos que estamos todo el público asistente a esta retrospectiva de 10 años de artes en vivo que tan inteligentemente han programado Rubén Ramos Nogueira y Marc Caellas. Agradecimiento que extiendo a los coordinadores del museo, Helena López Camacho y Carlos Ordás (hasta de técnico de luces les vimos).

Muchas fueron las propuestas y a todas no asistí, así que la selección que hago es parcial. Por allí pasaronAmaia Urra, Sandra Gómez, Arantxa Martínez, Txalo Toloza, El Conde de Torrefiel, Masu Fajardo y Amaranta Velarde. Todo piezas presentadas por primera vez en León. Me detendré en tres de ellas.

Txalo Toloza presentó Todos los grandes tienen problemas de piel (2009). En sus propias palabras: un collage, un mashup, un remix, un ready made. Un sampler de bajo presupuesto.

El Conde de Torrefiel Musac

El Conde de Torrefiel

Durante hora y media, él solo en escena, desgranando interpretaciones personales de piezas de otros autores que ha visto y suyas propias. Y ya en el comienzo afloran elementos que recorrerán todo su monólogo coral. Un análisis de la sociedad, en especial de lo relativo a la cultura visual. Al principio el tema de la autoría, del software libre, de la piratería. Luego vendrán las relaciones personales o el selfie. Todas las cuestiones que plantea surgen desde una sinceridad apabullante y una complicidad constante con el espectador. Quizás derivada de la apariencia amateur de la puesta en escena. A veces da la sensación de estar en su salón. O quizás porque utiliza la mirada directa, dedica el espectáculo a un espectador al azar (le tocó a Luis Melón), te da abrazos de verdad o pide ayudantes por dos veces para realizar la misma escena repetida.

Y todo lo hace con el humor, la ironía, el cachondeo. Con su corta y pega nos cuenta sus propias vivencias y experiencias. Grandioso fue el momento del videoclip casero que hace contando su viaje entre México y Barcelona. Utiliza todos los medios a su alcance con mucha versatilidad, es muy polifacético. Le vemos danzar, cambiar focos, conectar el móvil al proyector. El mismo es espectador en ocasiones a través de ese ojo que todo lo ve del móvil. Y es de reseñar como utiliza de forma socarrona todo lo relacionado con la cultura visual, música incluída.

El Conde de Torrefiel (Pablo Gisbert y Tanya Beyeler) presentaron Observen cómo el cansancio derrota al pensamiento (2011). Aquí el texto está desvinculado del actor. Subvierte la atención a través de dos canales. Por un lado lo visual, muy espectacular. Y por otro lado lo auditivo, el discurso íntimo. La atención va de un partido de baloncesto real, donde casi te comes la pelota, a lo que escuchas a través de una voz en off por unos cascos.

Plantea lo poco que nos escuchamos, lo mucho que atendemos a la sociedad del espectáculo. En off escuchas un discurso sobre el amor, el arte, sobre como contar España, el fascismo o el álbum familiar. Con ritmos y tempos muy medidos que convierten el texto en música. La primera parte con preguntas con respuestas reiteradas sobre la vida el arte, las percepciones o la estricta actualidad. Es un texto lleno de ironía y humor y con visiones muy certeras sobre esta España nuestra invertebrada.

Amaranta Velarde Musac

Amaranta Velarde

Sin embargo a la vez que el discurso entra por los oídos, los ojos atienden a un partido de baloncesto en el hall de un museo. Una canasta apoyada en un toro y tres jugadores locales contra tres visitantes. Sudor, emoción, táctica, belleza. Los aplausos del público acompañando las jugadas y los momentos estelares del discurso. La atención yendo del interior al exterior y viceversa. Casi un ejercicio de meditación y autoobservación. Una genialidad.

Amaranta Velarde nos mostró Lo natural (2012). Un planteamiento sobre qué es ser natural, dónde está el límite entre lo natural y lo artificial, o lo orgánico confundido con lo sintético. Y ahí está. Dando la espalda al público con un ordenador como cabeza y un traje de reptil turquesa. Un aspecto retro-futurista que está presente también en la voz en off que se escucha, una voz robótica, sin género que insistentemente menciona las palabras natural landscape.

Con movimientos elegantes y seguros, con un gran equilibrio y control Amaranta se mueve muy bien en la búsqueda del recoveco o la esquina. Pasa de movimientos casi robóticos y minimalistas que hablan de la extrañeza del cuerpo tecnológico a estampas primitivas como la cueva o su danza bajo el linóleo.

Tiene además la pieza un uso de la luz y el sonido muy intencionado con hallazgos escénicos muy imaginativos y sorprendentes. El uso de un frontal y dos flash proyectando sombras o el ya mencionado recorrido que hace bajo el suelo de danza, dejando al final la sala como un enorme lienzo a lo Robert Morris, fueron muy comentados.

En fin que queremos más.