Compartir es vivir. Al menos eso dice esta frase hecha, y es en lo que se basa la economía colaborativa

Madrid – 11 ENE 2016 – María Valero (Iahorro)

Durante el año 2014 ha sufrido su mayor crecimiento y parte de su éxito reside en Internet, en las nuevas tecnologías y concretamente en la evolución de la tecnología móvil, así como en la necesidad de economizar gastos.

En tiempos de crisis y en los que el ahorro se ha convertido en un objetivo diario –recordemos que la tasa de ahorro de las familias según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha alcanzado sus cotas más mínimas, en el 4,4% de su renta disponible-, la economía colaborativa es una opción más que interesante para los bolsillos. La llamada economía colaborativa se puede decir que ha pasado de ser una simple tendencia o una pequeña moda a ser una realidad presente cada vez en más sectores y ámbitos.

Economia colaborativa

Voces a favor y en contra

Compartir en lugar de adquirir algo, la esencia de la economía o consumo colaborativo. Un concepto como el “crowdfunding” comenzó a sonar fuerte cuando los recursos económicos flaqueaban por la crisis. Las plataformas para la financiación colectiva (“crowdfunding”) fueron las primeras en plantear la economía colaborativa, en la que unos pocos usuarios se convertían en pequeños mecenas para apoyar de manera económica un proyecto o idea. Pero con el auge de las nuevas tecnologías, las empresas de economía colaborativa empezaron a florecer con el objetivo de hacer ahorrar a los usuarios gracias a establecer plataformas en las que éstos acceden a un producto o servicio que quieren a cambio de una contraprestación (económica o de otro modo).

Sin embargo, esta visión que es bien recibida por los usuarios y consumidores y, como no podía ser de otra forma, por las empresas de consumo colaborativo, hay ocasiones en las que no está bien vista por la economía “tradicional”. Esta se ha visto amenazada por un modelo de negocio atractivo para los bolsillos de los usuarios y que por lo tanto pone en riesgo su propio modelo y sus beneficios. Además parte de estas empresas tradicionales que se han visto afectadas por el auge del consumo colaborativo cuestionan la legalidad del modelo, lo que las lleva a acusar de competencia desleal a plataformas como Uber, Airbnb o Blablacar por ejemplo.

Hay otros empresarios que viendo la gran agilidad con la que el sector de la economía colaborativa crece, han decidido no quedarse atrás y hacer realidad aquello de “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Un ejemplo es Kike Sarasola, empresario hotelero, principal accionista de Room Mate, que ha decidido adquirir Alterkeys, una comunidad de alquiler turístico en la que arrendadores e inquilinos tienen más fácil la tarea de alquilar inmuebles, con la que piensa expandir su negocio de alquiler colaborativo que ya tenía establecido con BeMate.

Falta un marco regulador

Como se ha dicho antes, es uno de los puntos que cuestionan los empresarios más tradicionales que ven cómo sus negocios pueden peligrar si este tipo de plataformas siguen con la tendencia alcista que experimentan actualmente. Falta un marco normativo específico para este tipo de actividades colaborativas debido a la rapidez con la que han nacido y crecido –según el estudio de Nielsen “Compartir en Sociedad”, en España, más de la mitad de los españoles (53%) estarían dispuestos a compartir o alquilar bienes personales-. Debería haber normas más claras sobre este modelo económico que ha surgido al calor de las nuevas tecnologías, ya que es un nuevo modelo, deberían existir nuevas normas que se ajusten a las necesidades reales y actuales con el objetivo de que todos los operadores tengan las mismas posibilidades de actuación.

Por ello, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se ha puesto en marcha para llevar a cabo su función de promover e investigar temas sobre competencia tal y como recoge la Ley 3/2013 de creación de la CNMC. ¿Qué ha hecho? Realizar una consulta pública sobre los nuevos modelos de servicios planteados por la economía colaborativa, con el objetivo de conocer la opinión de empresas y particulares y poder garantizar la competencia y poder desarrollar una regulación eficiente para la economía colaborativa.

Además, en España se ha creado la primera asociación de empresas de economía colaborativa que lleva por nombre Sharing España y que nace dentro de Adigital (Asociación Española de la Economía Digital). Esta asociación tiene la prioridad de fomentar el diálogo entre todos los grupos de interés de la economía colaborativa y analizar el impacto de este tipo de economía en la sociedad.