El proyecto “El Cazador” del leonés Álvaro Laiz desembarca este domingo 19 de julio en la sala de exposiciones de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, en la localidad leonesa de Cerezales del Condado

Cerezales del Condado – 17 JUL 2015 – Camino Sayago Tam Tam Press

El relato de Álvaro Laiz, sobre su particular aventura en las gélidas tierras de la taiga, en busca de las huellas del tigre de Amur, se articula principalmente a través del recorrido fotográfico que integra gran parte de la exposición. Es el punto de partida de este viaje que comenzó en septiembre de 2014, un trayecto marcado, según reconoce el propio fotógrafo, por las lecturas de Dersú Uzalá de Vladimir Arséniev y de El tigre, de John Vaillant. A este recorrido en imágenes se añade una instalación con videoretratos de cazadores, y otra documentación anexa al proyecto. Un material inédito que permite descifrar algunas de las claves del día a día de la población udeguei y de los cazadores que subsisten en este inhóspito medio, así como la relación que mantienen con el entorno, entre sí y, en especial, con elTigre del Amur.

Y es que la subsistencia frente al equilibrio de los ecosistemas es uno de los ejes principales de este trabajo de Álvaro Laiz. Y también de algunas de sus series anteriores, como Reina Chamán oTransmongolian. En “El cazador”, Laiz trata de crear por medio de documentos, objetos, fotografías, vídeos y sonidos, un retrato colectivo en el que están representadas los rastros de personas, fauna, ecosistema y modos de trascender en la relación con la naturaleza de los udegei.

Kostya, el cazador (días antes de morir apuñalado). Álvaro Laiz

Kostya, el cazador (días antes de morir apuñalado). Álvaro Laiz

En su primera etapa “El Cazador” se expresa en forma de viajes, trabajo de campo y un diario en línea sobre las relaciones entre la taiga y sus habitantes. A su vez profundiza en las relaciones con algunos de ellos, los cazadores. La multiplicidad de soportes y lenguajes: documentación, fotoperiodismo, videoarte, fotografía, web y exposición, permiten múltiples lecturas sobre este cuento udeguei, y su gente.

Dersú Uzalá y El tigre

El primer viaje, durante los meses de septiembre, octubre y noviembre del 2014, llevó a Álvaro Laiz al límite sudoriental ruso junto al mar del Japón, al Primorje, una región montañosa de grandes bosques, condicionada por la presencia del río Amur, en la que conviven las escasas comunidades indígenas con los restos de poblaciones mineras y madereras rusas, supervivientes a la decadencia y desintegración que supuso la perestroika en la economía de esta zona. Esta primera incursión que comienza en Vladivostok y finaliza en Terney, le lleva a recorrer poblaciones como Javarovsk, Sobolonye, Krasni Yar o Luchegorsk y a introducirse en un particular día a día marcado por las difíciles relaciones entre la taiga y sus habitantes udegei, rusos y chinos.

Las lecturas de Dersú Uzalá (1923) y El tigre no son sólo el motor de arranque del viaje, también son parte del cuaderno de bitácora del fotógrafo, ya que le aportan valiosos conocimientos para modelar el proyecto. “Dersú Uzalá”, el libro autobiográfico de Vladimir Arséniev en el que narra cómo exploró y cartografió una gran parte del Primorje, y su propia experiencia en la taiga a principios del siglo XX, es una fuente primordial para Laiz para situarse sobre el terreno. “El tigre” de John Vaillant, le proporciona la documentación precisa sobre cómo son las relaciones entre el hombre y la jungla boreal. Publicado 75 años después de los relatos de Arseniev, gira en torno a la muerte de un cazador por el ataque de un tigre, hecho real ocurrido en 1997 en este mismo contexto.

Además de estos dos libros, otra fuente imprescindible para Álvaro Laiz en esa primera etapa fue la prensa, medio en el que exploró la relación de los cazadores udegei y el Tigre del Amur, que han llevado a ambos a los límites de la extinción.

“El cazador” de Álvaro Laíz

“El cazador” de Álvaro Laíz

Contacto con los cazadores

Álvaro Laiz acomete un segundo viaje en febrero de 2015 entre Jabarovks y Krasni Yar, y prosigue hasta las inmediaciones de la frontera China para profundizar en la relación personal establecida con un grupo de cazadores udegei.

La presencia de cultos animistas, centrados en la observación y el diálogo con la naturaleza, condensa, en sí misma, un modo de habitar y relacionarse con el mundo. Tal como narra Arseniev en su libro sobre las creencias de Dersu Uzalá, “no sólo las personas, fieras, aves, peces e insectos poseen alma y sombra (jania). Las plantas, las piedras y, en general, todos los objetos inanimados también las tienen”.

Esta visión animista pervive en el imaginario de los pobladores indígenas, como también queda reflejado en el relato de Vaillant, “la ruptura espiritual y social vino acompañada de cambios espectaculares en al medio ambiente. De hecho, la despoblación, la desestructuración del tejido social y la deforestación, están cambiando en la actualidad la forma de vida de los pocos habitantes de la taiga. Un relato nanai, recopilado hacia 1015, ya lo pronostica:

”Erase una vez, antes de que los rusos quemasen los bosques…la llegada de nuevos habitantes hizo que todo cambiara”.