El Coro Samuel Rubio recibe la Semana Santa este viernes, 18 de marzo, a las 20:20 horas, con una audición en la Catedral de León con obras que van desde J.S. Bach, Tomás Luis de Victoria o Francis Poulenc

León – 18 MAR 2016 – Julio Miguel Soto

El Coro Samuel Rubio lo dirige el propio canónigo y organista de la catedral y está integrada por 31 voces, entre profesores y alumnos, de diferentes centros de León.

Programa:

Sequentia “Dies irae”
gregoriano
T. de Celano (siglo Xiii)

Popule meus
T.L. de victoria (1548-1611)
Peccantem me quotidie
C. de Morales
(ca. 1500-1553)

Eli!, Eli!
g. deak-bàrdos(1905-1991)

Taedet animam meam
O. di lasso
(ca. 1530-1594)

Ich lasse dich nicht
J. S. bach (1685-1750)

Tenebrae factae sunt
F. Poulenc (1889-1963)

Christus factus est
A. bruckner (1824-1896)

Versa est in luctum
T.L. de victoria (1548-1611)

Coro Samuel Rubio

Coro Samuel Rubio

 Comentario al programa (por Samuel Rubio)

Celebramos la Semana Santa, la llamada Semana grande; en ella contemplamos y meditamos, dentro del rito litúrgico cristiano, la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo. no cabe duda de que este hecho se celebra sobre todo desde la conciencia de un creyente, centrada en diversos aspectos como escuchando unas conferencias, asistiendo a los oficios litúrgicos, viviendo unos ejercicios espirituales, contemplando unas procesiones, etc.

Pero ¿hemos pensado en celebrarlo a través de la música? la música, como cualquier manifestación artística, tiene como finalidad principal la expresión de los sentimientos. bien lo sabían los grandes compositores de la historia, que dedicaron gran parte de su producción a poner en música el rito litúrgico, conscientes de los infinitos recursos que tiene y con el fin de que la música, con su poder sensible, nos ayude a comprenderlo mejor y a profundizar un poco más en el Misterio a los creyentes y a los no creyentes.

En efecto, nuestro programa está pensado para ayudarnos a meditar y sentir la Semana Santa a través de la música de grandes compositores, distantes en la historia y distintos en su reflexión de los hechos, pero tocando todos, cada uno a su manera, la fibra de nuestra sensibilidad al máximo. el tema que analizaremos será la Cruz, o si se prefiere, el Crucificado, y el período histórico que va desde que Cristo es clavado en la cruz hasta que muere.

Sequentia “Dies irae” (T. de Celano)

El programa comienza con la Sequentia de la Misa de difuntos, titulada Dies irae que procesionalmente canta el coro a lo largo de los muros de la catedral. Su melodía se remonta al siglo Xiii, atribuida a un fraile franciscano amigo de san Francisco de asís, llamado tomás de Celano, aunque también pudo ser su autor san bernardo de Claraval. Se trata de un magnífico poema en latín medieval que no tiene parangón. en metro trocaico, salvo las dos últimas estrofas, el poema describe el día del juicio, en el que un sonido de trompeta alertará y llamará a los muertos para ser juzgados
ante el trono de dios.

El Concilio de trento lo confirmó como parte fija de la Misa. Fue el papa Pablo vi quien, con motivo de la reforma litúrgica del Concilio vaticano ii, lo suprimió. al interpretar esta Sequentia, pretendemos una doble finalidad: recuperar la melodía ya casi olvidada y servir de preparación al diálogo musical que tendrá lugar entre el Crucificado y nosotros, interpretado por el coro.

Popule meus (T.L. de Victoria)

Se trata de un improperio que se canta el viernes Santo en el momento de la adoración de la Cruz. es una dura amonestación que nos dirige Jesús desde la Cruz, preguntándonos mil veces por qué nos hemos comportado así con él, ¿qué le hemos hecho? a nosotros solo nos queda reconocer nuestros errores y, en griego y en latín, aludiendo a todo el universo, suplicar el perdón.

T.L. de Victoria, en una estricta e inflexible homofonía, emplea su ingenio para, en solo cuatro compases, hacernos contemplar ya el misterio. la fuerza sonora de sus obsesivos acordes en tonos agudos, hablan a las claras de que es el propio dios quien nos convoca al diálogo. Solo al final bajamos a tierra para, en escalas descendentes, inclinados, pedir perdón. la sucesión de cadencias consonantes y plagales le dan más fuerza al mensaje.

Peccantem me quotidie (C. de Morales)

En esta partitura de C. de Morales, ya desde los primeros compases se nota una atmósfera de penitencia. el sexto grado alterado, las modulaciones en tan poco espacio de tiempo, además de demostrar la habilidad técnica del autor, “traducen” en el oyente rá- pidamente el significado del texto. efectos “transcendentes” como el retardo de paenitentem, seguido de inmediato del timor mortis en valores largos, no hacen otra cosa que “perturbar” el ánimo (conturbat me). Significativas las escalas descendentes para referirse al infierno, así como las ascendentes para suplicar la salvación.

Eli!, Eli! (G. Deak-bBrdos)

Desgarradora pieza de gyorgy deak-bardos. no necesita más de cuatro palabras (Eli!, Eli!, lama sabachthani- dios mío, dios mío, ¿por qué me has abandonado?) para ocupar el grueso de la composición y expresar con gran dramatismo el grito agónico desde la Cruz. dicho grito se oye en la obra 67 veces por las voces del coro, unas veces homofónicamente, otras en entradas sucesivas, a veces en forma de verdadero grito, o bien en forma de súplica, produciendo en cada caso un efecto sobrecogedor. Los seis últimos compases, en un piano agónico y homófono nos hacen sentir el abandono y la soledad, hasta perderse el sonido en el olvido. Se dice que el autor compuso esta obra en el año 1933, para conmemorar el 1900 aniversario de la muerte de Jesucristo.

Taedet animam meam (O. di Lasso)

Tomado el texto del libro de Job, orlando di lasso trata de ajustar su música a la letra, reflejando con crudeza el hastío de la vida. Tres palabras clave darán rienda suelta, como dice el texto, al hastío de la vida (taedet), a la queja (dimittam) y a la amargura del alma (loquar), culminando con la súplica a dios (dicam Deo) para no ser condenado (noli me condemnare). En un contrapunto exquisito, lasso comienza desgranando la idea del hastío de la vida al resaltar en valores largos la palabra taedet en sus respectivas entradas de las voces. Sin pausa y entrelazando unas ideas con otras, como era costumbre en la composición renacentista, entra el segundo tema con ganas de expresar las quejas y lamentos. en este sentido demuestra su habilidad y maestria haciendo sonar desde el principio la palabra dimittam al empezar cada voz el tema. en valores largos la palabra loquar da entrada al tercer tema que contrasta con los anteriores por su súbita modulación que hace presentir la amargura del alma en escalas descendentes y en grupos de tres, palpando claramente la tristeza. un nuevo tema introducido por las palabras dicam Deo expresa claramente las ganas de suplicar a dios en esa fuerza expresiva que tienen las cuatro sílabas (di-cam-De-o), repetidas una y otra vez. el motete termina suplicando la no condenación (noli me condemnare) por 21 veces, alargando la última nota hasta el infinito para perderse en el tiempo.

Ich lasse dich nicht (J. S. bach)

“Señor, yo no me apartaré de tí. no te dejaré hasta que no me bendigas”. “Si tú eres mi dios y Padre, tu corazón paternal tampoco me abandonará. Soy pobre barro y no me queda otro consuelo aquí en la tierra”. Estos son los textos que Juan Sebastián bach emplea para este motete. el primero recogido del libro del génesis en el diálogo que realiza Jacob en su lucha con dios, y el segundo es un texto de Christian Friedrich Heinrici (Picander). El motete está dividido en dos partes. en la primera un doble coro se encarga de repetir hasta la saciedad el tema: Ich lasse dich nicht, du segnest mich denn (yo no te dejo, bendíceme, pues). En ritmo ternario el segundo coro repite fielmente como en eco lo que sugiere el primero. Solo al final se entrelazan con mucha energía para dar paso juntos a una segunda parte de gran belleza rítmica. Siempre con el mismo texto, altos, tenores y bajos expresan la idea cambiando totalmente el ritmo en relación a la primera parte, y en un estilo fugado les acompaña la voz de Soprano con una melodía coral que volverá a usar bach en su Cantata 138 con el mismo texto. la fuerza de esta melodía con final en pedal da consistencia y valor a una bendición que se da por hecha. La obra estuvo atribuida durante mucho tiempo a Johann Christoph bach.

Tenebrae factae sunt (F. Poulenc)

Cristo, ya en sus últimos momentos, todavía tiene fuerzas para gritar y encomendar su espíritu al Padre. es el momento de escuchar el silencio, porque las palabras, al intentar transmitir el sentimiento de dolor, no dan más de sí, y tienen que dejar paso a la música. Y de ello se encarga Francis Poulenc. las disonancias comienzan a sentirse ya en las primeras notas, producto de lo que se está viviendo: las tinieblas cubren la tierra y apagan la luz; el grito del
Crucificado sintiendo su abandono y soledad, se ve reflejado en las notas agudas de las voces blancas; qué decir del descenso semitonal para indicar el hecho de inclinar la cabeza o de la sobrecogedora escena final “entregando el espíritu”. es la muerte, expresada con sencillez de notas pero con maestria sonora que nos lleva al silencio. es una mezcla de gozo y sufrimiento, de sencillez y finura. la música de esta pieza es una incursión melódica espontanea y natural capaz de fundir el sentido rítmico en una técnica muy hábil, pero todo dentro de una atmósfera mística que
conmueve.

Christus factus est (A. Bruckner)

Drama profundo. Cristo ha muerto en la Cruz, pero su muerte fue ensalzada por dios hasta el punto de otorgársele un nombre que está por encima de cualquier nombre. Anton bruckner, de profunda interioridad religiosa, conoce el
tema y así profundiza en el valor expresivo del texto litúrgico transformándolo en drama musical; se palpa ya desde el principio en un “moderato misterioso”: Sopranos y tenores resaltan la palabra obbediens en saltos de octava y doble puntillo, ambas fórmulas muy típicas de bruckner, mientras altos y bajos, con la misma palabra obbediens descienden “a su manera”hasta desembocar lentamente en una contundente modulación en re Mayor traduciendo así en cruda realidad la muerte de cruz. un largo silencio nos transporta a la parte fuerte de la pieza; se trata de exaltar al Crucificado: las melodías suben y suben hasta límites insospechados e “inaccesibles” a través de tonos y semitonos. un reposo en las alturas nos permite bajar lentamente a tierra hasta aposentarnos en la realidad del Misterio.

Se aprecia en el motete una fuerte concentración musical ayudada por una profunda intimidad espiritual no exenta de romanticismo. La voz se esparce por cavidades sonoras sin miedo a nada; ni siquiera a que el barroco se mezcle con el romanticismo. lo importante es que el drama surja y se palpe.

Versa est in luctum (T.L. de Victoria)

Todo está consumado. todo es luto y tristeza. el silencio es lo único que queda. Hasta los instrumentos musicales enmudecen. Pero alguien tiene que quedar para decirlo. es el coro de voces que a las órdenes del Maestro victoria buscan el silencio de los instrumentos alternándose en grupos de tres. una vez más la súplica y petición de perdón entran en escena (parce mihi, Domine) en una maravillosa sucesión sonora alusiva al perdón universal. el motete
termina con la frase nihil enim sunt dies mei (pues nada son mis días). veinticuatro veces se repite la frase, comenzando Soprano I y terminando el bajo, con una fuerza dramática propia de victoria en estos casos, yendo de más a menos, pero sin disminuir su efecto expresivo. La nota larga final del último compás no está puesta al azar. Precedida por el retardo de Soprano II y perdiéndose en el infinito, parece hacer un guiño a la eternidad. Sensibilidad, sonoridad y silencio cogidos de la mano y fundidos en todo lo alto.