Durante más de cuatro siglos la nieve y el hielo han conservado las pruebas que demuestran que el impacto causado por el hombre en la atmósfera era ya anterior al inicio de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XIX

Madrid – 3 FEB 2016 – Teresa Guerrero/elmundo.es

Se trata de minúsculas partículas contaminantes procedentes de las minas de plata de Bolivia, cuya explotación intensiva impulsaron los conquistadores españoles desde el siglo XVI.

Un equipo de científicos de la Universidad de Ohio (EEUU) las encontraron en 2003 en el glaciar Quelccaya, al sureste de Perú. Ahora, publican los resultados de su análisis en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Según aseguran, constituyen las pruebas más antiguas de contaminación atmosférica en América del Sur, pues en otros lugares de la Tierra se han hallado restos de contaminación anteriores. Por ejemplo, en Groenlandia se descubrieron trazas de contaminación del siglo V a.C que, según se cree, fueron generadas por las actividades que llevaban a cabo las antiguas civilizaciones griega y romana y transportadas por el aire.

El glaciar Quelccaya, en Perú, donde se hallaron las partículas contaminantes del s.XVI

El glaciar Quelccaya, en Perú, donde se hallaron las partículas contaminantes del s.XVI

Partículas transportadas por el viento

Las partículas halladas en el glaciar peruano también viajaron cientos de kilómetros (unos 800 km) pues, según exponen los investigadores en su estudio, lo más probable es que fueran generadas en la mina de Potosí (en la actualidad es Bolivia), donde los conquistadores españoles obtenían la mayor parte de la plata. Desde allí, habrían sido trasladadas por el viento hasta el glaciar de Perú.

Aunque la mayor parte de la polución generada en esa época tenía su origen en Potosí, donde se encontraba la mina de plata más grande del mundo desde el siglo XVI al s.XVIII, había más minas en uso que también contribuyeron a contaminar la atmósfera durante más de 200 años.

Según recuerdan los científicos, en el siglo XVI, el imperio español obligó a las incas a trabajar en las minas de plata de Potosí. Aunque este avanzado pueblo ya sabía cómo llevar a cabo el refinado de la plata (para separarla de las impurezas), los españoles introdujeron una nueva tecnología para incrementar la producción.

Así, por primera vez, se generaron en la cordillera de los Andes espesas nubes de polvo que contenían plomo. Estas partículas fueron trasladadas por el viento hasta el glaciar Quelccaya, donde quedaron sepultadas por la nieve durante siglos.

Los científicos compararon el tipo de partículas de Quelccaya con las encontradas en Tierra de Fuego (Chile) y en depósitos de distintas regiones de América del Sur: Potosí y otras zonas de Bolivia, y Perú.

Al extraer muestras del hielo de este glaciar, los científicos encontraron una capa que contenía estas finas partículas, cuya datación coincide con ese periodo histórico. Su análisis reveló que contenía trazas de polvo y lleva la firma química de las minas de plata de Potosí, según sostienen.

Para Paolo Gabrielli, autor del estudio, este hallazgo “respalda la idea de que el impacto humano en el medio ambiente estaba ya ampliamente extendido incluso antes de la Revolución Industrial”, pues fueron generadas unos 240 años antes de su inicio. El glaciar Quelccaya, no obstante, es uno de los pocos lugares de la Tierra en los que ha sido posible estudiarlo.

Esta masa helada de Perú es considerada por Lonnie Thompson, que también participa en este trabajo, como una piedra de Rosettta para el clima, pues de ella han podido obtener muestras del hielo que se ido formando durante los últimos 1.200 años en los Andes. Los científicos analizan la composición química de las distintas capas para intentar averiguar los cambios climáticos que han ido sucediéndose.

La obtención de plata

Para hacer su análisis, utilizaron un espectrómetro de masa y estudiaron la concentración de polvo contaminante depositado entre los años 793 y 1989. Buscaron restos de antimonio, bismuto, molibdeno y sobre todo plomo, ya que la técnica introducida en América del Sur por los españoles para refinar la plata consistía en triturar la mena de plata (que contiene plomo) para convertirla en polvo. La plata molida se mezclaba entones con mercurio y se dejaba reposar durante semanas. Posteriormente, esa amalgama se lavaba y se fundía para obtener plata más pura. Ese proceso se llamaba amalgamación.

En las capas de hielo con una datación anterior al año 1450 la cantidad de partículas contaminantes era baja y estable. El espectrómetro usado para este estudio detectó picos en la concentración de esos elementos en las muestras de hielo, también durante los años anteriores a la llegada de los españoles. Sin embargo, creen que esas capas probablemente procedían de fuentes naturales de contaminación, como erupciones volcánicas. Un poco antes del año 1600, se empezaron a acumular en el glaciar Quelccaya cantidades mucho mayores de esos elementos, que persistieron hasta principios del siglo XIX, cuando los países de América del Sur se independizaron.

Las partículas contaminantes, explican los investigadores, no eran visibles al ojo humano (la muestra de la que las extrajeron tenía la apariencia del hielo limpio) y sólo pudieron ser detectadas gracias al análisis espectroscópico. El hecho de haberlas encontrado en una zona tan remota como este glaciar peruano y alejada de la mina de Potosí, añaden, sugiere que la cantidad de contaminación generada por la minería y la metalurgia debía ser significativa. En cualquier caso, son cantidades muy inferiores a las que se han registrado durante el siglo XX.