El Imperial Gran Reserva 2004 cautiva a los críticos de ‘Wine Spectator’ y lo proclaman el mejor caldo de este año. La botella cuesta 30 euros

Madrid – Redacción – 29 NOV 2013

Lo llaman ‘factor X’. Bajo ese nombre como de superhéroe o de complejo vitamínico dicen que se camufla la esencia del vino, su capacidad para sugerir, evocar, emocionar y despertar sensaciones y recuerdos enterrados en nuestra memoria. Se trata de una cualidad intangible, de una especie de genio escondido tras el vidrio opaco de algunas botellas y que solo determinadas situaciones y almas nobles son capaces de despertar. No todos los vinos, ni mucho menos, están poseídos por el duende.

La revista estadounidense ‘Wine Spectator‘, considerada como la más influyente en el sector vinícola, acaba de elevar a lo más alto de su Top 100 a un vino español, el Imperial Gran Reserva 2004. La revista fundada en 1976 por Bob Morrisey, y alternativa al ‘Wine Advocate’ de Robert M. Parker, lo considera como el mejor del mundo por calidad, precio, disponibilidad… y por sus grandes dosis de ‘factor X’, claro.

Bodegas CVNE

Bodegas CVNE

Imperial es un caldo singular desde el nombre mismo. La palabra proviene de un tipo de botella que se preparaba en Haro con destino al mercado británico, siempre tan particular en todo lo relativo a pesos y medidas. Se trataba de frascos de 550 centímetros cúbicos, la llamada ‘Pinta Imperial’, que embarcaban almirantes y comodoros en sus navíos de línea y descorchaban estirados vicarios, lores y rectores. Bajo el hoy poco glamuroso nombre de ‘clarete’, el vino riojano acompañaba los ágapes y las fiestas señaladas de nuestros ilustrados vecinos del norte.

«Con este premio se reconoce a unos vinos que llevan detrás muchos años de mimos y de cuidados y que, por modas, parecía que habían perdido prestigio. Estas añadas son la memoria y el patrimonio de nuestra bodega. Solo los elaboramos cuando se dan las mejores condiciones», resalta desde Haro María Larrea, enóloga de CVNE (Compañía Vinícola del Norte de España). «Para nosotros es un día muy importante».

Thomas Matthews, el catador de ‘Wine Spectator’ que ha colocado la augusta corona sobre la botella bordelesa del Imperial GR 2004, habla en sus notas de un vino firme y algo austero, pero profundo, con taninos casi masticables que envuelven un mundo de aromas de ciruela, tabaco y regaliz y evocador, también, de sabores minerales. Un vino sólido y fresco, apunta, reconociéndole esa gran cualidad de los tintos que se dejan beber y querer hasta hacerse un hueco entre nuestros recuerdos. «Ya maduro, tiene una larga vida por delante: para beber ahora y hasta 2024», añade Matthews, el catador. ¡Larga vida al Rey!, pues, como brindaban aquellos primeros buscadores de Imperial.

«La uva debe ser perfecta»

Grandes Reservas como este de 2004 solo se elaboran cuando la bodega considera que hay material susceptible de dar pie a un gran vino de guarda. «Hicimos 2001, pero nos saltamos 2002 y 2003, que no fueron buenos años. Elaboramos 2004 y 2005, y no lo hicimos en 2006… La uva tiene que ser perfecta para mantener la calidad de nuestro Gran Reserva», subraya María Larrea. «Un buen vino se hace en la viña. En la bodega, podemos ayudar, pero la base es el campo».

Las uvas que se emplean para preparar el mejor vino del mundo en opinión de ‘Wine Spectator’, provienen de fincas propiedad de CVNE, enclavadas en pagos de Briones y Villalba; cepas de más de 45 años, con rendimientos muy bajos. Si la DOC Rioja permite obtener hasta 6.500 kilos de uva por hectárea, los viñedos implicados en este Gran Reserva rondan producciones de unos 4.000 kilos. «La cosecha de 2004 fue calificada como excelente», indica María Larrea mientras consulta sus notas. «Fue un año muy lluvioso, con más de 600 litros, cuando la media en La Rioja es de unos 400; pero fue una lluvia muy bien distribuida, en invierno. La uva maduró muy bien, con temperaturas también superiores a la media. La vendimia fue larga: empezamos el 6 de septiembre y no terminamos hasta el 24 de octubre», señala la enóloga artífice del vino galardonado.

Los racimos se vendimiaron a mano en cajas de 20 kilos para evitar el estrujamiento de los frutos y las mejores uvas se seleccionaron a pie de viña y en bodega. La fermentación alcohólica se realizó durante 25 días en tinas de roble nuevo con temperaturas de entre 28º y 30º. La fermentación maloláctica sucedió en barricas de roble francés y americano durante un periodo de 36 meses, tres años que dibujaron el espíritu y la complejidad del vino premiado. Tras ser trasegado y clarificado con claras de huevo, el proceso finalizó con el envejecimiento en botella en los inmensos calados excavados en esta bodega de Haro, fundada en 1879 por Eusebio y Raimundo Real de Asúa.

El precio por botella del Imperial GR2004 ronda los 30 euros; en el mercado americano es más caro, 63 dólares (46,5 euros). Un vino para la memoria.