El desarrollo de la actividad turística es mucho más que la gestión de un hotel, un balneario o cualquier otra empresa turística.

La gestión empresarial de la actividad turística es algo muy importante, pero no es lo único que debe tenerse en cuenta cuando se analiza la contribución y los efectos del turismo. Hay muchas más cuestiones que no siempre se valoran en su justa medida, pero que condicionan claramente los resultados de esta actividad.

La política turística goza de un gran protagonismo en numerosos países y especialmente, en España. La actividad turística contribuye al crecimiento económico, por sus importantes efectos sobre el PIB, siendo vital para el resto de sectores productivos, ya que incide en la mejora en las comunicaciones (por la inversión en infraestructuras), los flujos internacionales de dinero (por las divisas que entran procedentes de los visitantes) y, de manera muy especial, sobre el empleo (al ser un sector muy intensivo en mano de obra, aunque de escasa cualificación profesional).

turismo responsable

El turismo es una actividad con una gran capacidad de arrastre, debido a la importante generación de efectos económicos tanto directos, como indirectos. Por este motivo, existe un claro interés desde la perspectiva pública por la promoción y el desarrollo de la política turística.

A nivel mundial el turismo supone el 11% del PIB. La población que trabaja en esta actividad supone el 9% de los ocupados a nivel mundial (250 millones de trabajadores). Alrededor del 9,5% de la inversión mundial es en actividades relacionadas con el turismo. En España, en su mejor momento,  la actividad turística supuso el 12% del P.I.B., alcanzando en las Islas Canarias  e Islas  Baleares, destinos turísticos nacionales por excelencia, más del 50% del valor añadido bruto provincial.

El turismo presenta un conjunto de elementos singulares, que es necesario destacar. Es una actividad dónde intervienen una multiplicidad de agentes y dónde confluyen elementos muy diversos. Al ser una política multisectorial resulta posible establecer múltiples objetivos en la actividad turística, por ejemplo, crecimiento económico y equilibrio exterior, búsqueda de una mayor competitividad, aumento de la calidad de vida, desarrollo sostenible, etc.

Sin embargo, a pesar de la relevancia del turismo, comienzan a notarse los primeros síntomas de agotamiento, lo que exige apostar por un desarrollo sostenible. En efecto, la extensión de la “conciencia ecológica” es ya una realidad en la actividad turística, que debe tenerse en cuenta como una variable más en la ecuación.

Así, durante el último decenio, paralelamente al desarrollo turístico, ha aumentado la sensibilización sobre cuestiones de sostenibilidad en general y en el campo turístico en particular. Sin duda, la apuesta llevada a cabo por la Organización Mundial del Turismo (OMT) por el turismo sostenible es, en buena medida, la responsable de este cambio de mentalidad.

Desde hace más de tres décadas la OMT trata de garantizar servicios de consultoría y de asistencia técnica a los países y regiones para incorporar el principio de sostenibilidad en materia turística. Además, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por medio de su Programa para el Medio Ambiente (PNUMA) viene apostando por un conjunto de actuaciones destinadas a integrar la sostenibilidad medioambiental en la industria turística.

La Comisión Europea (CE) en la “Conferencia sobre empleo y turismo: orientaciones para la acción“, estableció que el desarrollo equilibrado y sostenible del turismo europeo podía contribuir a luchar contra el desempleo en los Estados miembros, cuestión que afecta sobre todo a países como España. Tanto es así, que el desarrollo de un turismo sostenible es claro ejemplo de yacimiento de empleo.

Posteriormente la CE elaboró un informe más exhaustivo donde se planteaba la necesidad de fomentar el desarrollo sostenible del turismo, incluyendo el respeto al medio ambiente, las prácticas y técnicas sostenibles con los recursos y un turismo que tenga en cuenta los activos medioambientales.

Es evidente que los efectos de la actividad turística resultan contradictorios. Por un lado, surgen importantes repercusiones positivas como la creación de empleo, el aumento de los ingresos, la reducción de las migraciones, la mejora del nivel cultural de la población residente, etc.

Es Caló, Fomentera (Islas Baleares)

Es Caló, Fomentera (Islas Baleares) / Turismo de Baleares

Sin embargo, y  a pesar de que el turismo es una de las actividades económicas más rentables, no se debe obviar que este sector es uno de los que más incide sobre los recursos naturales, ya que su actividad descontrolada y abusiva puede llegar a degradar a los ecosistemas donde se presta la actividad. Otros efectos negativos del turismo son el aumento de la demanda de suelo (con su inevitable encarecimiento), agua y energía, la destrucción del paisaje por la construcción de nuevas infraestructuras y edificios, el empeoramiento de la calidad de vida en la zona donde hay actividad turística, etc.

Por lo tanto, la gestión de la actividad turística debe ser responsable y considerar que cualquier daño cometido sobre el entorno de la zona de destino puede provocar la destrucción final o a la pérdida de valor de un producto turístico.

La economía nos dice que debido al comportamiento utilitarista del consumidor, el turista no suele pagar el coste total que genera con su visita, ya que solo cubre su coste privado (hotel, desplazamiento, manutención, etc.), obviando el coste social generado por la existencia de externalidades negativas por su comportamiento (degradación del medio ambiente, congestión del recurso, etc.). De esta forma, el desarrollo de la actividad turística puede suponer para los residentes y para el medio, unos costes de los que nadie se responsabiliza, pero que alguien soporta.

 

Diversos convenios y declaraciones internacionales han establecido principios y directrices para el turismo sostenible. Aunque prácticamente todos los países manifiestan su interés en aplicarlas, todavía existen importantes dosis de incertidumbre sobre el ámbito y prioridades del turismo sostenible.

Llegados a este punto conviene establecer algunas de las posibles actuaciones para convertir la actividad turística tradicional en algo más sustentable, siempre bajo la restricción de que es imposible la neutralidad completa del turismo en las zonas de destino.

Es más, cabía preguntarse si la provincia de Ourense, que tanto apuesta por el turismo como gran industria económica, está preparada para plantear un turismo sostenible.

La realidad nos muestra que las actuaciones públicas para lograr un desarrollo sostenible en el campo turístico en la provincia ourensana están lejos de ser una realidad. No existe para Ourense un plan estratégico de turismo sostenible. La sostenibilidad es algo que figura como objetivo a perseguir, pero no hay traslación práctica.

Por desgracia, estamos más preocupados en el ámbito microeconómico del turismo y se está abandonando las actuaciones macroeconómicas, que son las únicas que permiten asegurar la viabilidad de los proyectos turísticos, más allá de iniciativas individuales y localistas, que pueden ser pan para hoy y hambre para mañana. Por ejemplo, de poco vale financiar actividades e infraestructuras de turismo rural si solo se dispone de una ingente cantidad de establecimientos prácticamente idénticos y con escaso valor añadido.

Hay que ser inteligentes y ver más allá de actuaciones cortoplacistas y de escaso recorrido. El desarrollo sostenible del turismo es una de las actuaciones que se tendrá que apoyar en los próximos años, si realmente se quiere que Ourense sea un referente turístico de calidad. Nuestra provincia no puede competir en precios, debe hacerlo en un turismo de calidad, que sea sostenible y respetuoso con el medio ambiente, que permita garantizar a los turistas algo diferente que no encuentre en otras zonas. La provincia de Ourense en rica en recursos turísticos, pero no son aprovechados como deberían y los que lo son, su utilización no siempre responde a un diseño sostenible.

Para eso es necesario plantear correctamente una política pública de planificación urbanística y ordenamiento turístico en el destino. Es preciso medir la viabilidad de las actuaciones en nuevas obras y actividades y el reordenamiento de aquellas que sean incompatibles con el desarrollo sostenible.

Es inevitable que el sector turístico en Ourense se posicione bajo el principio de sostenibilidad, para garantizar la viabilidad futura de los recursos naturales. Es por lo tanto imprescindible que el modelo de desarrollo sostenible del turismo ourensano en los próximos años incorpore todas las dimensiones posibles: científica y tecnológica, social y cultural, calidad, formativa, gestión integrada, económica y educación ambiental, cuya síntesis se recoge en el cuadro que acompaña a este artículo.ç

El turismo provincial pasa por contar con un diseño de desarrollo sostenible del turismo, con apoyo y participación de los organismos locales, regionales y nacionales.

Es necesaria reordenar las actuaciones de los organismos públicos para la gestión sostenible de la oferta turística. De esta forma se potenciarían las relaciones con el resto de administraciones, organizaciones sociales, económicas de la zona turística para evaluar los recursos y medios que garanticen su gestión.

Es preciso, por lo tanto, una supervisión y evaluación pública del desarrollo turístico, atendiendo a los impactos del turismo sobre los recursos. Solo así nuestra provincia tendrá un desarrollo turístico ordenado. No se trata de crear nuevos organismos, sino de utilizar lo que tenemos y sacarle el partido necesario. En este ejercicio de planificación, el campus de Ourense tiene el capital humano y los medios materiales necesarios, en sus diferentes facultades y centros de investigación, para ser parte de este proceso.

Precisamente en Ourense la promoción del turismo como estrategia de desarrollo económico sostenible muestra un especial interés. Nuestra provincia sufre un claro proceso de envejecimiento que no se logra frenar, una fuerte despoblación, incluso incrementada por la crisis económica que acentuó la emigración del mejor capital humano de la provincia, una excesiva dependencia del sector agrario, que salvo contadas excepciones no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos y una escasa diversificación económica, con una baja presencia del sector industrial, que es uno de los principales motores económicos. Sin embargo, tenemos un importante potencial, eso sí, muy poco aprovechado, en el campo turístico.

Por lo tanto, es necesario contar con una planificación pública adecuada de la actividad turística y que esta sea respetuosa con el medio ambiente. Hay que establecer las medidas adecuadas para conservarlo. Solo sí lograremos un desarrollo sostenible e integral del importante patrimonio que tenemos.

Hay que planificar adecuadamente la actividad turística. Hay que aprovechar los recursos turísticos de nuestra provincia, pero sobre todo, hay que mantenerlos. El futuro de la economía ourensana pasa por ello. (Alberto Vaquero García)

Turismo sostenible