Un dato insostenible, y diríamos que inmoral y vergonzoso, cuando 780 millones de personas en todo el mundo están pasando hambre, y otras, sin llegar a este extremo, son víctimas de una dieta restrictiva que no le aporta los nutrientes

Madrid – 21 OCT 2015 – Redacción

La Comisión Europea ya dio la voz de alarma: despilfarramos en torno a 179 kilos de alimentos per cápita al año, lo que supone 89 millones de toneladas en total (de las cuales 8 corresponden a España). Y, de seguir esta tendencia, la previsión es que en el 2020 esta cifra se incremente en un 40 por ciento, llegando a los 126 millones de toneladas.

Alimentos tirados a la basura

Alimentos tirados a la basura

Un dato insostenible, y diríamos que inmoral y vergonzoso, cuando 780 millones de personas en todo el mundo están pasando hambre, y otras, sin llegar a este extremo, son víctimas de una dieta restrictiva que no le aporta los nutrientes necesarios para garantizar su salud.

Pero lo cierto es que las pérdidas y el desperdicio de alimentos pueden producirse en todos los eslabones de la cadena alimentaria, aunque las causas no son siempre las mismas y varían según el tipo de producto.

Es por ello que el Parlamento Europeo ha instado a los Estados miembros y a los agentes de la cadena agroalimentaria a que aborden urgentemente el problema y formulen directrices sobre vías de mejora. Y es precisamente en este contexto en el que se enmarca la Estrategia “Más alimento, menos desperdicio” del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.

Firme apuesta por un sistema alimentario sostenible

Recientemente se celebró el Día Mundial de la Alimentación, una efeméride proclamada en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) con la finalidad de concienciar a la ciudadanía sobre el problema alimentario a nivel mundial, así como de promover y reforzar la solidaridad en la lucha contra la pobreza, la desnutrición y el hambre, toda vez que la alimentación es un requisito para la supervivencia y el bienestar, además de una necesidad humana fundamental.

Según la FAO, los actuales modelos de desarrollo están degradando el ambiente natural, además de amenazar a los ecosistemas y la biodiversidad, absolutamente necesarios para garantizar el abastecimiento de alimentos. El objetivo último, precisó, debe ser el de caminar hacia un “sistema sostenible que garantice que todas las personas tengan acceso permanente, tanto físico, como social y económico, a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para garantizar una vida activa y saludable”.

El papel de los consumidores

En todo este entramado, los consumidores tenemos mucho que aportar. Sencillos gestos tales como planificar las compras y elaborar una lista de los productos que realmente necesitamos, atender a las fechas de caducidad, controlar lo almacenado en las despensas de nuestros hogares, cocinar en las cantidades justas y aprovechar las sobras para elaborar nuevos menús, constituyen, entre otras, algunas de las medidas con las que podremos disminuir en buena medida el desperdicio de alimentos, posibilitando, además, el ahorro de recursos energéticos y económicos, así como de materias primas, al tiempo que minimizaremos nuestra huella ecológica.