Un documento del Departamento de Patrimonio Artístico y Documental de la Universidad de León reconoce el valor del empedrado actual por ser “lo más característico de la Plaza del Grano” y tratarse de una “pavimentación basada en el uso de cantos rodados”

León – 20 FEB 2017 – Redacción

El Departamento de Patrimonio Artístico y Documental de la Universidad de León ha emitido un informe destinado al alcalde de León en el que explica que se muestra de acuerdo con el manifiesto de la Plataforma Salvamos la plaza del Grano en los que se solicita “al Ayuntamiento de León, la conservación y rehabilitación del empedrado de la Plaza del Grano, siguiendo las tradiciones populares tal y como se ha hecho siempre hasta la actualidad”.

Así, también asegura estar conforme con las peticiones de reclamar “al Ayuntamiento y a la Junta que la Plaza del Grano alcance protección legal específica como Bien de Interés Cultural; se defina el entorno de protección de la Iglesia del Mercado y se inicie la redacción del Plan Especial del Camino de Santiago en la ciudad de León, de acuerdo con la Ley 12/2002 de Patrimonio Cultural de CyL y con las resoluciones de ICOMOS España y del Procurador del Común”.

Plaza del Grano de Leon

Fotografía: Julián Álvarez Casado (FB) / Tam Tam Press

El informe, fechado el 3 de febrero de 2017, reconoce el valor del empedrado actual. Precisa que “lo más característico de la Plaza del Grano es la pavimentación basada en el uso de cantos rodados. Es el reflejo de una solería que, a la luz de distintas catas arqueológicas que se hicieron en la ciudad, pudo ser el pavimento habitual en el León de los siglos XVI a XIX. Viejas fotografías de sus rincones, realizadas a fines del siglo  XIX y principios del XX documentan este tipo de pavimento en lugares tan emblemáticos de León como las plazas Mayor, de la Catedral, de San Isidoro, de San Marcelo, del Conde Luna y de la lamentablemente desaparecida plaza de Santa Ana”,

En cuanto a la antigüedad de este tipo de suelos, a pesar de que son muy pocas las referencias documentales que se conocen, el informe señala como probable los primeros años del siglo XVI en base a la licencia regia otorgada en 1509 por la reina doña Juana concediendo “facultad al concejo y al cabildo para que durante los dos años siguientes, cada uno de los carros que penetrasen en la ciudad pagase un maravedí destinado al arreglo del empedrado de algunas calles, porque “esa dicha çibdad tenía necesidad de se empedrar para estar más sana e ennoblesçida” y porque “avía algunas calles donde los vecinos eran pobres”, de lo que se deduce que los lugares en los que vivían familias acomodadas podían pavimentarse con cargo a los residentes”.

El documento explica la técnica para la construcción del pavimento de la Plaza del Grano “se escogen cantos rodados de mediano tamaño, con caras vistas más o menos planas, se colocan ‘de canto’ de forma que la cara plana de menor superficie quede vista, mientras que las de mayor altura se disponen verticalmente con el fin de poderse trabar mejor. Los cantos se traban por medio de arcillas. La retención de humedad permitirá la aparición de hierbas que, con sus raíces, evitarán las erosiones derivadas de las escorrentías del agua. Todo el conjunto esta despiezado siguiendo una trama reticular formada por cantos de mayor tamaño con el fin de acelerar la salida del agua de lluvia. El espacio interior de cada despiece está ligeramente alomado con el fin de desviar las escorrentías hace las líneas del entramado reticular y encauzar mejor la salida de las aguas, que en el caso de la Plaza del Grano van a un colector situado en el extremo meridional de la Plaza”.

La profesora Sanchez Sanz explica en el informe la importancia de los pavimentos empedrados “como señas de identidad de una urbe por su autenticidad y singularidad. Describe los suelos empedrados como: “funcionales; han resistido el paso de los animales, de los carros y cuando llueve drenan el terreno y secan enseguida. … El hormigonado de las calles, en cambio, dificulta la evaporación del agua de lluvia y favorece la humedad que por capilaridad asciende por los muros”.

El informe de la ULE avala la condición de “unicum” del empedrado de la plaza del Grano, una obra originariamente autóctona  y defiende su protección “no porque responda a un diseño salido de la mente de un gran urbanista, sino porque es un testigo del pasado en el presente y,  por tanto, un documento histórico, arqueológico y etnográfico que muestra una forma de entender el urbanismo”.

Plaza del Grano en 1955

Plaza del Grano en 1955