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Jato, Tomás el Templario, y Resti, hospitaleros del Camino de Santiago

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Los cristianos orientales de Siria marcaron la dirección de la Iglesia hacia un modo de vida que requería aislamiento del mundo, austeridad y sufrimiento. Esta vida era un valle de lágrimas que se vería recompensada con la visión eterna de Dios en el cielo

León – 27 ENE 2017 – antonioromansanchezrodriguez.blogspot.com.es

En Marcos 10-25 se reproducen las palabras de Jesús a sus discípulos: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”, de manera que en el siglo IV tras la paz constantiniana, los Padres del desierto se fueron a vivir las soledades de Siria y Egipto.

San Simón, Simeón el Estilita, o simplemente Simón Estilita fue uno de ellos cuya fama radica en el hecho de haber elegido como penitencia pasar 37 años en una pequeña plataforma sobre una columna. Sin embargo, su retiró lo ubicó en un cruce de caminos muy transitado entre Alepo y Antioquía y las multitudes venían a verlo. Su columna se convirtió en un axis mundi (conexión cielo tierra) a modo de faro, de guía espiritual. A su muerte se construyó una iglesia alrededor de la columna, hoy convertida en una especie de chupa chups después de haber sido tallada para obtener reliquias por multitud de fieles. El retiro de Simón entrañaba un monacato pedagógico, un contemptus mundi, pero a diferencia de Diógenes que platicaba con una estatua para acostumbrarse a la indiferencia humana, Simón permitía el acceso a su plataforma desde una escalera para no perder el contacto con los hermanos humanos.

Jesús Jato en su albergue de Villafranca del Bierzo

Jesús Jato en su albergue de Villafranca del Bierzo / Cortesía de Miriam Chacón

En el Camino de Santiago, parafraseando a Milagros Rivera Garretas a propósito de Las Muradas, encontramos hospitaleros que quieren tener un papel trascendente pero sin ser religiosos, y que quieren ser ascetas pero no en la Iglesia constituida ni en la herejía.

Jesús Jato, hospitalero de Villafranca del Bierzo, Tomás el Templario, hospitalero de Manjarín y Resti hospitalero de Castrojeriz, hoy retirado en Alicante y dando charlas para la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, son nuestros Simón Estilita particulares en el Camino Francés.

Jato cuenta que su abuela decía que cuando se recogía a un peregrino, se estaba dando posada a Jesucristo y afirma que el camino está vivo y que es un camino que lleva a la luz. El camino tiene una magia especial para Jato, porque se transita por huellas de millones de personas que lo hicieron con anterioridad con mucha fe dejando sus pisadas y energías, algo que pretende invocar con sus queimadas en una especie de ritual esotérico.

Tomás eligió el Monte Irago para dar cobijo a los peregrinos que transitaban por unas temperaturas extremas sin civilización entre Rabanal del Camino y Molinaseca con una taza de caldo y un café, algo que afirma que nunca le faltó para ofrecer a los peregrinos. Para Tomás los peregrinos están en el camino por una llamada de carácter espiritual en busca de una transformación interior, y terminan por convertirse igualmente, en libres pensadores. Según Tomás, como Templario, el concepto de tiempo tiene otra medida, el ayer y el hoy son un eterno presente porque la tarea del Templario es la misma de siempre, preparar la llegada de Cristo, ayudando a que en el interior de cada uno, la fuerza lo acompañe, por eso la misión esencial es recuperar los lugares sagrados, las rutas sagradas, y sus vibraciones cósmicas.

Tomás en su albergue de Manjarín

Tomás en su albergue de Manjarín / Cortesía de lavozdegalicia.com

Resti abandonó su puesto de gestor de publicidad del Real Madrid y se instaló en Castrojeriz. A diferencia de Tomás y Jato, su concepto de hospitalero no va ligado a esoterismo o gnosticismo alguno, simplemente a reivindicar su manera de entender la hospitalidad fundando en 1996 la Asociación de Amigos de los Refugios del Camino de Santiago para diferenciarla de los albergues no como una mera cuestión nominalista, sino como un marco de valores de convivencia donde se prohíbe encender el móvil, abandonar el refugio de madrugada para iniciar antes la etapa del día molestando a otros compañeros de camino y a los lugareños, y donde se despiertan los peregrinos con música gregoriana y con un desayuno a base de manzanas, café, mantequilla y galletas, en un ambiente de fraternidad y de convivencia, sin pedir nada a cambio.

Como a Simón Estilita, a nuestros hospitaleros los visitan miles de peregrinos en calidad de faros del Camino con ganas de platicar y compartir camino y vivencias. Nietzsche en El nacimiento de la tragedia, quiso unir las dos pulsiones filosóficas griegas de lo apolíneo y lo dionisíaco, de la razón y la claridad y el éxtasis. En esencia, aunque el Camino es mucho más, es Espíritu en sentido hegeliano, y el camino del espíritu es el rodeo -Hegel-, en el concepto del espíritu del camino de nuestros hospitaleros se da la pasión por el camino de luz (lo apolíneo) y el éxtasis, la borrachera de los sentidos (lo dionisíaco).

Es necesario volver a diferenciar como ya hemos hecho en este blog, el Camino de Santiago del Camino a Santiago. El primero conlleva una peregrinación religiosa; el segundo iniciática, cultural, deportiva, histórica, etc. Hacer el Camino de Santiago pietatis causa, nos fusiona con las religiones exotéricas (con x), es decir, las religiones del Libro que conocemos (islam, judaísmo, cristianismo), lo sagrado está fuera de mí, en la Biblia o el Corán, es externo, una cuestión de creencias, no de evidencia; hacerlo por motivos de búsqueda nos entronca con las religiones esotéricas, de lo oculto, lo interno, sin sumisión dócil a ningún dogma. Subrayamos también la diferencia entre peregrino y caminante. Para el caminante lo importante es el camino, para el peregrino la meta; para el caminante lo importante es la fusión con la naturaleza, la interiorización del camino, para el peregrino, volver a casa renovado espiritualmente.

En nuestros hospitaleros encontramos fusionados todos estos conceptos entre lo exotérico y lo esotérico, por eso afirmamos que pretendido o no, tienen un papel trascendente y ascético pero sin pertenecer a la Iglesia ni cayendo en la herejía gnóstica, porque entre peregrino y caminante optan siempre por la condición de peregrinos con meta en Santiago, y en todo caso, por la renovación espiritual, el viaje al yo trascendente, y una cosmovisión de la vida impregnada de nuestra cultura cristiana.

La ubicación de sus albergues forma parte igualmente de la magia del Camino y de sus conexiones telúricas, la aridez de Castilla que en Castrojeriz te ofrece una de las vistas del Camino, el alto del Teso de Mostelares, la cruz de Ferro de Foncebadón y la Puerta del Perdón de la iglesia de Santiago de Villafranca del Bierzo. Sea como fuere, Jato lleva razón, el peregrino pisa huellas cargadas de sufrimiento, alegría, fe, entusiasmo, energía cósmica, renovación interior, y también camina empapándose de la Historia, el Arte y la cultura, y en cualquier caso, aprendiendo a escuchar su cuerpo y ahuyentando al lado oscuro particular. Mi más sincero agradecimiento a nuestros hospitaleros por sus enseñanzas. ¡Buen Camino!

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