El lienzo, procedente de Alemania, presidía el retablo del Convento de Capuchinos y será restaurado y expuesto en el Museo de Bellas Artes

Sevilla – 1 JUL 2016 – Redacción

El cuadro ‘El Jubileo de la Porciúncula’, de Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682) ya está en Sevilla para formar parte de la gran exposición que el Museo de Bellas Artes está preparando con motivo de la celebración del cuarto centenario del nacimiento del maestro sevillano. La obra que pintó Murillo para que presidiera el retablo central de la iglesia del Convento de Capuchinos salió de Sevilla en 1828, y desde 1876 forma parte de la colección del Wallraf-Richartz Musem de Colonia (Alemania). Entre fuertes medidas de seguridad ha llegado a la pinacoteca sevillana, donde será restaurado por el equipo del propio museo y expuesto con motivo del Año Murillo.

El conjunto que realizó Murillo para la iglesia del Convento de los Capuchinos está considerado como una de las obras cumbre del artista. Como muchos otros cuadros del pintor barroco, la historia de ‘El Jubileo de la Porciúncula’ está relacionada con la invasión napoleónica y el expolio del patrimonio artístico de la época por parte del mariscal Soult. Las pinturas permanecieron en su lugar original hasta el siglo XIX, cuando las circunstancias históricas causaron su dispersión, ingresando en 1840 la mayor parte de ellas en la colección del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

'El Jubileo de la Porciúncula', de Murillo

‘El Jubileo de la Porciúncula’, de Murillo

‘El Jubileo de la Porciúncula’ presidía el retablo mayor de la iglesia del Convento de Capuchinos. Probablemente a causa de su gran tamaño (430 centímetros de alto por 295 de ancho), la obra evitó el expolio francés, pero fue requisada en el Alcázar de Sevilla (donde permaneció mientras el resto del conjunto fue trasladado a Cádiz para que no cayera en manos de los franceses) y trasladada posteriormente a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En 1814 fue devuelta al Convento de los Capuchinos y los monjes lo entregaron al pintor Joaquín Bejarano como pago a su trabajo de restauración del resto de lienzos de Murillo que habían sido enviados a Cádiz para protegerlos del expolio francés. A partir de 1828, el cuadro pasa por diferentes manos privadas para, finalmente en 1876, entrar a formar parte de la colección del museo de Colonia.

A principios de este año, la Consejería de Cultura puso en marcha el Programa de Restauración y Conservación del Museo de Bellas Artes de Sevilla para la celebración del Año Murillo, que contempla la actuación sobre las 24 obras del maestro que forman parte de su colección, 17 de las cuales están siendo sometidas a tratamientos de conservación, que consisten en tareas básicas de mantenimiento y limpieza. Las siete restantes (cinco lienzos y dos tablas) serán sometidas a una restauración integral que incluye tareas como la eliminación de barnizados, tratamiento de repintes y soportes o forración.