Desde que Kate O’ Brien viniera hacia mediados de 1922 por primera vez a Portugalete para trabajar como institutriz para los hijos de la familia Areilza, se puede afirmar que inició una intensa relación con nuestro país que no sólo no perduraría con el paso del tiempo sino que se transformó en una verdadera pasión
Ávila – elespañolglobal.com – 23 OCT 13
En sus comienzos como novelista sus dos primeras obras están ambientadas en su ciudad natal, Limerick, pero es a lo largo de la toda la década de los treinta y después cuando España se convirtió en su inspiración literaria y existencial llegándole a proporcionar un caudal de inagotables recursos que se reflejaría en dos de sus novelas más conocidas, Mary Lavelle (1936; traducida al español como Pasiones rotas) y Esa Dama (1946), un libro de viajes Adiós España (1937) y una de las mejores biografías de la lengua inglesa de la mujer que más admiró, Santa Teresa, titulada Teresa de Ávila (1951). Se puede afirmar que España le permitió trascender las limitaciones imaginativas que le ofrecía Limerick y le provocó, a cambio, nuevos estímulos para su carrera como novelista. Viajera infatigable, motivada siempre por un afán de aprender y conocer, decidió regresar a España cada verano y de manera ininterrumpida desde 1931 hasta el comienzo mismo de la guerra civil para recorrer palmo a palmo el norte, cuyo clima le recordaba el de su propio país, y sobre todo la mayoría de los pueblos de la alta y seca Castilla.
Kate O’Brien

Kate O’Brien

Le impresionó gratamente la diversidad geográfica y paisajística del país, los contrastes humanos, la variedad de costumbres, y descubrió por su cuenta lo que ella misma llama la “España inesperada”, todos aquellos rincones menos habituales para los ojos extranjeros, alejados por completo de los circuitos turísticos, convirtiéndose en una viajera sentimental que apegada a los viejos usos y costumbres sabe apreciar emocionada los momentos sublimes que le proporcionan su contemplación. De todas las ciudades castellanas, Ávila ocupó desde el principio un lugar preferencial y fue ya su destino casi obligado cada verano hasta el comienzo mismo de la guerra. Le encantaba la ciudad, sus calles, le gustaba sentarse en las terrazas de los cafés y observar a los transeúntes, y siempre que podía entablaba conversación con la gente. Todo despertaba su curiosidad e interés. Sus monumentos, sus calles, su pasado histórico, la sencillez y el calor humanos, la sensación de no sentirse extraña y, por supuesto, la personalidad de su hija más ilustre, Santa Teresa, cuyas obras empezó a leer en total admiración en 1934, atraparon por completo el corazón de la escritora irlandesa como ninguna otra ciudad. Ávila representaba, para O’Brien, la esencia misma del espíritu español: era Castilla en su estado más puro, la tierra de los grandes místicos y escritores, y lo austero del paisaje, el cielo azul inmaculado, como de ensueño, y la sobriedad de sus edificios y monumentos, de un intenso color dorado, como insistentemente dice, cobraban expresión en las cualidades de abnegación, sencillez, nobleza de sentimientos y escrupuloso respeto a la tradición, con las que en fin, se identificó plenamente.

La ciudad de Ávila aparece mencionada repetidamente como un lugar imprescindible de visitar, sobre todo cuando está cubierta de nieve. Pero es ya en su libro Adiós España donde Kate O’Brien da rienda suelta a sus preferencias personales, y de nuevo Castilla, sus ciudades, sus gentes y costumbres, destacan muy por encima de otros lugares.

Defensora a ultranza de la libertad individual por encima de todo, y en parte como respuesta a los líderes autoritarios y dictatoriales del momento, Kate O’ Brien empezó a escribir en 1943 la novela que más éxito le proporcionó de toda su carrera literaria, titulada Esa Dama, publicada en 1946. Ambientada en la España del siglo XVI, adapta a su manera la figura enigmática de Ana de Mendoza, princesa de Éboli, para crear una preciosa novela histórica en la que muestra a una mujer capaz en todo momento de vivir de acuerdo con sus creencias, de sacrificar su reputación y libertad defendiendo su derecho a vivir a su manera, al margen de todo tipo de imposiciones, incluyendo las de Felipe II, que es visto como un rey déspota, insensible y acostumbrado a ejercer un poder absoluto incontestable.

Parecía inevitable que más pronto o más tarde Kate O’ Brien dedicara una libro completo a la mujer que más admiró, Santa Teresa; su personalidad como mujer excepcional y la ingente tarea de reformadora que llevó a cabo, resultaban demasiado ricas como para no tratarlas en profundidad. Su libro Teresa de Ávila, publicado en 1951, no es un sesudo trabajo de investigación ni pretende llevar a cabo un estudio biográfico exhaustivo; en menos de cien páginas nos ofrece un retrato personal de la santa, o mejor dicho, sus propias reflexiones sobre una gran mujer, una de las pocas que, en su opinión, verdaderamente merecen el calificativo de geniales.

Extractor del artículo del Dr. Daniel Pastor. Universidad de Salamanca