Crece en Europa y Estados Unidos la idea de compartir objetos o servicios con otros usuarios o vecinos, con el objetivo de abaratar los costos

Madrid – 3 JUN 2015 – lacapital.com.ar

Tener una herramienta costosa y no utilizarla con asiduidad mientras un vecino la necesita para realizar un trabajo puntual puede convertirse en una oportunidad de recuperar parte de lo invertido, para lo cual sólo basta con aceptar una nueva forma de entender la economía.

La “economía colaborativa” es un fenómeno de alto impacto en lugares como los Estados Unidos y Europa, y comenzó a llegar América Latina, y a la Argentina en particular, con la propuesta de evolucionar en la forma de consumir y gastar el dinero.

Ray Algar de A.Oxygen Consulting

Ray Algar de A.Oxygen Consulting

Se trata, también, en buscar procesos que permitan aportarle sustentabilidad a la producción de bienes y servicios.

Por ejemplo, se sabe que el 40 por ciento de los alimentos del planeta se desperdicia, así como que los autos de uso familiar no se utilizan el 95 por ciento del tiempo: entonces surge la pregunta ¿qué se puede hacer con ello?

Esa es la respuesta que viene a dar este concepto económico antiguo, y a la vez vanguardista de cierta manera.

Cristian Abratte, un administrador de empresas y especialista en Economía Colaborativa, explicó que esta tendencia que conquista el mundo consiste en poder realizar un movimiento que normalmente uno lo haría sólo con mucho dinero, y evitar la llegada de los intermediarios para utilizar a más bajo costo tanto los productos como los servicios.

“Muchas veces consumimos o compramos en demasía simplemente por falta de información. Hay que entender y conocer que puede haber alguien cerca nuestro que ya hizo el gasto y nosotros lo podemos ayudar a recuperarlo parcialmente, mientras él también nos de una mano a nosotros, claro”, señaló.

Para ponerlo en un ejemplo claro y concreto: el dueño de una herramienta puede publicar en internet lo que tiene y no le está dando uso en un momento determinado. Y alguien que necesita esa misma herramienta puede alquilarla o prestar algo a cambio.

En España, por ejemplo, ya se está implementando la idea con el uso cotidiano de los automóviles para ir a trabajar.

El nacimiento de una idea. El término de economía colaborativa fue acuñado por primera vez por Ray Algar

Sin embargo, comenzó a cobrar una mayor popularidad a partir del año 2010, cuando la crisis desatada en Estados Unidos a partir de finales de 2007 impactó de lleno en las economías centrales europeas, cuyos ciudadanos se vieron de repente enfrentados a drásticos recortes sociales y pérdida masiva de puestos de trabajo.

Ahora, el concepto de economía colaborativa cuenta con un potencial de alrededor de 110.000 millones de dólares, según estima los cálculos hechos por el Instituto Tecnológico de Massachusetts de Estados Unidos, aunque en la actualidad ya moviliza alrededor de 26.000 millones de la moneda estadounidense.

Innovación social

Pese a no ser algo estrictamente nuevo, pues siempre existieron formas solidarias de entender los intercambios económicos (sobre todo en épocas durante las cuáles aprieta la crisis), esta forma de intercambio también conocida como p2p (significa persona a persona) es actualmente un fenómeno de alto impacto tanto en Estados Unidos como en Europa.

La idea y el concepto llegaron hasta la Argentina junto al crecimiento de las nuevas tecnologías y el acceso a un mayor caudal de información, por una parte, y por el otro lado como consecuencia de los cambios en los comportamientos de compra del consumidor asociados a la multiplicación de internet y a los dispositivos móviles de intercambio de información.

Quienes defienden este tipo de economía afirman que el acceso está por encima de la propiedad

Por esos motivos, la economía p2p es vista como una modernización del trueque gracias a las herramientas digitales que cumplen un papel preponderante en este tipo de consumo asociado al siglo XXI.

En pocas palabras, la denominada economía colaborativa se basa en los principios de: compartir, colaborar e intercambiar entre individuos que comparten finalidades o intereses.

Por supuesto, y acorde a la época actual, el medio más común de realizarlo son las diferentes formas que adoptan las plataformas web.

El ahora y el futuro

Si bien las propuestas más exitosas dentro de la tendencia se han enfocado por el momento en compartir automóviles y viviendas, esta forma de entender la economía tiene aún muchas áreas de aplicación y un enorme potencial de crecimiento que hay que investigar todavía mucho más a fondo, según explicó Abratte.

Parkatmyhouse, una de las startups elegida por el diario británico The Guardian como una de las propuestas más innovadoras, ofrece lugares de estacionamiento en viviendas.

Streetbank, por su parte, facilitó a unos 40.000 usuarios el poder compartir 51.000 cosas y objetos como herramientas, instrumentos musicales, sofás o simplemente habilidades manuales de personas particulares, con el objetivo de crear comunidad a través de préstamos entre vecinos o colegas de trabajo.

Aunque estas aplicaciones sólo están disponibles por el momento en Estados Unidos y algunos países de Europa, América Latina no tardará en integrarse a este modelo de economía, pronosticó el experto. Abratte participó en 2009 de un workshop llamado “el Arte del Trato” con el empresario e inversionista Robert Kiyosaki, y desde entonces comenzó a investigar cómo hacer dinero sin dinero, por lo que desarrolló una herramienta llamada CeroCash (aún en fase de prueba), para alcanzar aquello que uno desea sin tener dinero.

Sam Stephens promotor de StreetBank

Sam Stephens promotor de StreetBank

Consumo colectivo

El consumo colaborativo se muestra como la respuesta a las necesidades insatisfechas de las personas: por ejemplo, en Estados Unidos, existen 80 millones de taladradoras cuyos dueños sólo las usan unos 13 minutos en promedio por día, quedando la mayoría del día en modo ocioso.

El emprendedor y defensor del consumo p2p aseguró que “el lema es compartir”, y agregó: “desde una casa hasta un destornillador, la pregunta fundamental que hay que hacerse es para qué comprar y acumular, si casi todo se puede compartir”.

Si cada uno pensara las veces que compró cosas y el poco tiempo que las utilizó, se sorprendería. El enfoque del consumo colaborativo es simple: es mejor pagar por usarlo sólo cuando lo necesitas a alguien que nos lo brinda durante el tiempo que lo necesitemos para volver a poder generar el círculo virtuoso del intercambio”, consideró Abratte.

La clave del éxito de este modelo es la confianza y el mecanismo es fácil. Pero si no hay lealtad existen consecuencias, porque lo que importará en el futuro más que nunca será la reputación de cada individuo y del sistema como un todo integrado.

“Si causas daños a una casa prestada o llegas tarde a la entrega de un auto, la calificación de tu perfil será negativa y en este mundo colaborativo, la reputación es tan importante como el DNI”, explicó el experto.

Y también afirmó que “esto no amenaza el empleo porque el consumo tal cual lo conocemos es cada vez más obsoleto para generar trabajo”.

“La mecanización y la robotización están avanzando en las líneas de producción. En Londres, por citar un ejemplo europeo, ya comenzaron las pruebas de taxis que se manejan en realidad sin chofer”, señaló Abratte.