La fotógrafa Divina Quinina inaugura su primera exposición individual en la cervecería Four Lions Brewery (Calle Sierra Pambley, 6, muy cerca de la catedral leonesa) el jueves 24 de septiembre, a las 20.30 horas, con una actuación a cargo de la cantante, bailarina y coreógrafa Rosario Granell, acompañada por el guitarrista Luis Quiroga

León – 23 SEP 2015 – Eloísa Otero (Tam Tam Press)

Autodidacta y perfeccionista, Divina Quinina —su verdadero nombre es Miriam Nieto (León, 1975)— busca y cultiva un estilo propio en el campo de la fotografía. Desde que su marido le regaló una cámara de fotos hace tres años, no ha parado de aprender a mirar alrededor de otra manera con un nuevo objetivo: capturar esos instantes, escenas, gestos, rostros… capaces de contar un mundo entero. Primero hizo un curso de fotografía. Pero enseguida se lanzó a disparar y no ha parado. Le gusta el blanco y negro. No en vano admira el trabajo de Jorge Pozuelo, Alberto García-Alix, Sally Mann… Y como ellos vuelca su sensibilidad sobre lo cotidiano, pero también sobre otras vivencias más fronterizas o extremas.

Le encanta retratar a la gente y se nota en sus tomas expresivas, vivas. También le gustan los animales y las plantas, el agua, los coches, las fábricas abandonadas, la ciudad, los tatuajes, las naturalezas muertas, las imágenes que parecen antiguas aunque sean modernas y viceversa… En definitiva: las suyas son fotografías que cuentan cosas, imágenes en las que, por encima de la belleza pero sin obviarla, la vida se revela con auténtica potencia narrativa.

Divina Quinina

Pecados de cine

Las siete fotografías de su primera exposición, con la que Divina Quinina se presenta al público en León, formaron parte de un proyecto para realizar la cartelería de otro proyecto, en este caso de un primo lejano suyo que ha estudiado dirección de cine en el ESCAC, Víctor López G., y que se ha embarcado, con otros seis directores, en la aventura de grabar una película de terror coral sobre “Siete maneras de ir al infierno”,“Seven Sins”, en la que cada uno de los siete directores abordará uno de los pecados capitales, explorando distintas perspectivas.

Así que la fotógrafa convocó a un montón de amigos, un día de finales de julio, para realizar una serie de fotos destinadas a publicitar este proyecto cinematográfico —que se presentará en el Festival de Sitgesel próximo 16 de octubre, con el fin de encontrar apoyos y financiación para llevarlo a cabo—. Y una vez entregado el trabajo, se le ocurrió realizar esta exposición con siete imágenes a tamaño medio —1’35 cm x 90 cm—, de las que hará una pequeña edición de 25 ejemplares en cartón pluma —60 cm x 40 cm— destinados a la venta.

“En cada una de las imágenes hay un personaje que se repite, el cura —encarnado por el poeta y actorVíctor M. Díez— y un difunto que ha pasado a mejor vida, en el día de su funeral, rodeado por otras personas que a su vez están pecando”, resume la fotógrafa. Se suceden así las siete escenas, en las que aparecen amigos y activistas de la cultura leonesa representando cada uno de los pecados.

“Nos lo pasamos genial aquel día. Convocamos a un montón de gente un domingo caluroso de julio y respondieron todos, no falló nadie. Hicimos la sesión en el teatro El Albéitar, gracias a Javier R. de la Varga, director del grupo El Mayal. Juntamos una gama variadísima de tipos humanos capaces de representar todos los pecados. Fue una experiencia fantástica”, recuerda Divina Quinina.

Así evoca la sesión de fotos, por su parte, el poeta Víctor M. Díez, a quien le tocó hacer de cura en todas las imágenes:

“La experiencia de la sesión fotográfica los 7 pecados capitales para la gran Divina Quinina, transciende, a mi modo de ver, lo meramente fotográfico. Lo que ocurrió en El Albéitar, aquel domingo de finales de julio, concita una reflexión sobre un tipo de cultura que se está dando en la ciudad en los últimos tiempos. Propuestas casi espontáneas que se improvisan, incumben a un pequeño o gran número de artistas, se producen y desaparecen como por combustión espontánea. (Veáse los proyectos de Producciones infames: sus patios, su TESLA, etc… y otras). La que nos ocupaba no era un espectáculo para un público específico. El público y los actores eran los mismos, colaboradores de un proyecto extraño y diferido. Un trabajo fotográfico para servir de sostén a un proyecto cinematográfico, a través de una propuesta escénica, casi teatral. Cuando MiriamDivina Quinina– y Cristina Izquierdo me contaron el proyecto, parecía una maravillosa locura difícil de llevar a cabo (los curas también nos confesamos). En apenas dos semanas, había que encontrar a más de veinte actores, extras o característicos para la representación en una imagen de cada uno de los pecados. Había que conseguir un ataúd y cientos de elementos de atrezzo y vestuario. Había que encontrar un lugar (ahí, siempre El Albéitar, para ayudar), un iluminador y responsable de la sala (Javier R. de la Varga, también siempre dispuesto, generoso y al pie del cañón de los proyectos estéticos interesantes, y no solo de los propios). Ellas lo consiguieron todo (porque ellas siempre están ahí, cuando se las necesita y no las podemos decir que no a nada, claro); así fuimos avisando a unos y a otros y todos dijeron sí (salvo los que estaban fuera) y, lo más difícil, todos asistieron religiosmante y a su hora. Aquello se convirtió en un zoco de gente especialísima, un mercadillo de talentos y vidas: (cantantes, músicos, diseñadores, camareros, sin techo, jubilados, peluqueros, actores, poetas, vividores, chicas y chicos de gimnasio, hermanas, ociosos, curiosos…). No sé si la película, pero una película se debería haberse rodado allí. Víctor López G., el joven director, recién llegado de Barna, flipaba. Aquello parecía un set de rodaje de Buñuel o de Fellini. Había un fastuosocatering (modesto, pero repleto y vacío y repleto y vuelto a vacíar…). Siento no recordar el nombre de todos lo que  asistieron. Algunos estuvimos allí desde las diez de la mañana y vimos oscurecer hacia las diez de la noche, otros llegaban (algunos con la familia o un grupo de amigos) y se iban o se quedaban, hipnotizados por el magnetismo del lugar y el ambiente de cahchondeo y de muchísmo trabajo, a la vez. Fue la ostia (consagrada) y el copón (bendito), hermanos. Os lo digo yo que sé de que hablo.”

“Ponte en su lugar” conformó en 2014 una impactante campaña de concienciación que, a través de una serie de imágenes y de un vídeo de cinco minutos, buscaba invertir los factores y explicar cómo sería la vida si abandonásemos a las personas por su aspecto, edad o físico, al igual que se hace con muchos de los animales a los que se deja en la calle. Los protagonistas de las imágenes fueron ciudadanos que quisieron colaborar de forma voluntaria con la causa, cada uno portando su historia singular de tristeza, soledad, extranjería, enfermedad… fotografíados por Divina Quinina.

En octubre  de 2015 esta fotógrafa presentará además, en el espacio que la taberna Camarote Madriddedica cada mes a un artista leonés, una pequeña muestra de imágenes sobre la ciudad de León, cuatro fotografías en total. Y después se irá a la India a la aventura, durante dos meses y medio, en lo que espera sea un auténtico viaje iniciático con la cámara a cuestas.

De momento, le parece maravilloso formar parte de esa nueva hornada de fotógrafas leonesas que ya empiezan a despuntar, y entre las que destacan Julia D. Velázquez, Miriam Vega, Julia G. Liébana yEsther Santás, entre otras.

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