La Fundación Oso Pardo (FOP) ha alertado sobre la necesidad de multiplicar los esfuerzos para evitar conflictos entre humanos y osos ahora que la población cantábrica de estos plantígrados se está recuperando numéricamente

León – 10 FEB 2016 – FOP

Prevenir los daños, que mayoritariamente son ataques a los colmenares, e indemnizar a los afectados con rapidez, regular adecuadamente el turismo de avistamiento de osos y aprobar el protocolo de intervención con osos son para la FOP los deberes más urgentes que se deben llevar a cabo.

En el primero de los casos ya se viene trabajando desde hace años, aunque desde la Fundación se ha remarcado que se debe continuar mejorando la cobertura en la prevención y la agilidad en el pago de los daños.

Oso pardo cantábrico

Oso pardo cantábrico / Foto de fotonatura.org

No ocurre lo mismo con la regulación del turismo y la aprobación del protocolo de intervención que «son asuntos pendientes y sin resolver», ha señalado la FOP.

En este sentido, la Fundación ha advertido que de la rapidez con la que estos deberes sean realizados satisfactoriamente va a depender, en buena medida, que se mantenga o no el apoyo social a la conservación del oso «conseguido con tanto esfuerzo y tras años de un trabajo social continuado».

Por lo tanto, precisa que se está en un momento clave para la conservación de esta especie que todavía hoy es percibida en general de una manera positiva, aunque las «primeras alarmas ya están empezando a saltar ya que hay más osos y son más visibles, y la población rural es consciente de ello», ha explicado la FOP.

A este respecto, la Fundación ha recalcado que la mayoría de los osos tiene un comportamiento natural que incluye el ataque ocasional a colmenas o ganado y el consumo de frutas, y solo algunos ejemplares tienden a habituarse a la presencia humana.

Un oso habituado puede hacer acto de presencia a pleno día en una zona con actividad humana y tolerar la presencia de personas a distancias muy cortas, y comportamientos de este tipo, además de alimentar alarmas sociales, «pueden terminar siendo fuentes de conflictos no deseados».

En los últimos años y en el occidente cantábrico ya han ocurrido varios casos de osos habituados, protagonizados por ejemplares juveniles, que se han adentrado en pueblos buscando cerezas, higos y manzanas, reaccionando poco o nada ante la presencia de personas. Algunos osos pueden llegar a ser verdaderamente problemáticos al condicionarse positivamente a los alimentos de origen humano y buscarlos activamente.

Por ahora, en la Cordillera Cantábrica y según la FOP, no parece que «haya ejemplares que respondan a este último perfil».

En los paisajes cantábricos, y también en los pirenaicos, la convivencia entre humanos y osos es muy estrecha y por eso «urge tener un protocolo de intervención con osos habituados o problemáticos aprobado y operativo», ha subrayado la FOP.

Por todo ello, para la fundación conservacionista es «inaceptable» que se lleve discutiendo su borrador desde hace más de cuatro años, cuando existen documentos similares y experiencias ya muy contrastadas en otros países europeos y americanos con poblaciones de oso pardo.

Una situación a la que tampoco ayuda la deficiente regulación del uso público en la mayoría de los Espacios Naturales Protegidos de la Cordillera Cantábrica.