El día 19 de septiembre de 2013, técnicos y guardas del Principado de Asturias y un vigilante de la Fundación Oso Pardo (FOP) rescataron una osezna de 8 meses de edad que se había despeñado en una zona muy escarpada próxima al puerto de Leitariegos, en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias (Asturias)

Cangas del Narcea – fundacionosopardo.org – 8 NOV 2013

La osezna y su madre habían sido observadas el día anterior por unos fotógrafos aficionados, que dieron aviso a la guardería tras presenciar su despeñamiento. Tras un seguimiento inicial sobre el terreno, y una vez comprobado que la cría era incapaz de recuperarse por sí misma, se organizó una operación de rescate que permitió recoger a la osezna y trasladarla al Hospital Clínico Veterinario Buenavista de Oviedo. El animal, con tan solo 6 kilogramos de peso, se encontraba en un deplorable estado físico y fue ingresado en la clínica con un cuadro de deshidratación, caquexia, anemia, insuficiencia renal, traumatismo cráneo-encefálico y luxación de cadera.

Pero la llamativa historia de esta osita, ahora conocida como Molina, había comenzado unos meses antes. Las prospecciones realizadas en la zona durante la primavera de 2013 por un equipo de la FOP y la Patrulla Oso del Principado de Asturias, han permitido establecer que esta osezna formaba parte de una familia localizada a tan solo unos centenares de metros del lugar de la caída. El 23 de abril de 2013 el equipo de la FOP detectó por primera vez a la familia de Molina, formada por la madre, Molina y un cachorro más. Los tres ejemplares presentaban un buen estado físico, y los dos oseznos fueron observados mamando y jugando en la nieve. La familia fue seguida algunas jornadas espaciadas entre sí y la última observación la realizaron guardas de la Patrulla Oso del Principado el 13 de mayo..

La osa Molina en la boca de la cueva - FOP

La osa Molina en la boca de la cueva – FOP

Tres meses más tarde, el 11 de agosto, Elías Suárez, miembro de la patrulla de la FOP en la zona, localizó una osa adulta acantonada en una roca caliza escarpada y poco accesible. La osa, sola y muy delgada, se encamaba en un par de cuevas naturales de la roca caliza. En el roquedo se apreciaban numerosos excrementos que evidenciaban una prolongada estancia del ejemplar. Las filmaciones y fotos no dejaban lugar a la duda, se trataba de la misma osa vista en primavera con los dos oseznos.

Al ser una situación poco habitual, se dedicaron algunos días a observar a la hembra sin ver nada que pudiera explicar el comportamiento de la osa, y se dio aviso a la guardería del Principado de Asturias. Luego supimos que algunos ganaderos habían visto a la osa en la peña ya desde el mes de julio. Ningún observador vio a Molina hasta el día de su despeñamiento, siempre se veía a su madre sola. Entre mayo y julio, algo le sucedió al grupo familiar que provocó la pérdida de uno de los oseznos y que la osa se refugiara con el otro en el cortado calizo… ¿un accidente, un ataque infanticida? Molina estuvo en el fondo de una cueva vertical de unos 12 m de profundidad de la que no pudo salir hasta el día en que se despeñó. La luxación no se la hizo al caer, era anterior, y seguramente dificultaba o impedía su salida al exterior de la cueva. Molina pasó semanas en su encierro, alimentada probablemente con solo la leche de la osa. Madre e hija adelgazaron hasta quedarse en los huesos; de hecho, el día del rescate, Molina pesaba la tercera parte de lo esperado en un cachorro de su edad.

Además de las ganas de vivir de la osezna, lo que impresiona y conmueve es el instinto maternal de la osa… en el entorno de la roca hay abundantes y variadas fuentes de alimentación para un plantígrado, pero la madre eligió pasar hambre antes que abandonar a su cachorro. En las fechas anteriores al rescate, se había extendido la noticia de la osa visible en la peña caliza, y comenzaron a acercarse curiosos, fotógrafos y turistas, cuya presencia a menos de un centenar de metros sin duda incrementó el malestar, el estrés y los problemas de la osa. Tras la operación de rescate, la osa no fue relocalizada, y a buen seguro que ahora estará recuperando peso alimentándose en los hayedos de la zona que este año ofrecen una buena cosecha de nutritivos hayucos. Molina, por su parte, y después del poco esperanzador parte veterinario inicial, se está recuperando satisfactoriamente.

Los buenos cuidados y tratamientos aplicados permitieron que recibiera el alta de la clínica el 1 de octubre, y desde entonces está en el Centro de Recuperación de la Fauna de Sobrescobio, al cuidado profesional de los veterinarios del Principado de Asturias y con el menor contacto posible con humanos. Ha ganado mucho peso y el 21 de octubre pesaba ya 14,2 kg. Ha recuperado también su movilidad y come fruta, miel, frutos secos, carne y todo tipo de alimentos naturales, juega con troncos y otros elementos, comportándose de manera natural.

Aunque es preciso ser muy prudentes respecto al alcance de sus lesiones, sobre todo con la luxación coxo-femoral que padece, y aún se requiere cierto tiempo y algunas pruebas veterinarias para confirmar su recuperación y valorar una posible intervención quirúrgica, la evolución por el momento es positiva y hay esperanzas de que en un futuro cercano pueda ser devuelta a la naturaleza.