Juana García, más conocida como la Dama de Arintero, es uno de esos personajes que caminan por la fina línea que separa la realidad de la leyenda. Sea como fuere, estamos, sin duda alguna, ante uno de los personajes más enraizados en la historia y cultura popular de la provincia leonesa

León – 14 JUL 2017 – Destino León

Para conocer mejor a esta valiente mujer es preciso situarla en el contexto histórico en el que le tocó vivir. Corre el año 1474 cuando muere Enrique IV, monarca del los reinos de Castilla, dejando el trono sin heredero. Ante esta situación las Cortes de Castilla se reúnen en Segovia y proclaman reyes a Isabel, hermana del difunto rey, y a su esposo el príncipe Fernando, heredero del trono de Aragón. Decisión que no fue bien aceptada por algunos poderosos señores de la nobleza que veían a la infanta Doña Juana, hija del monarca fallecido como la única heredera al trono. La respuesta de estos nobles es tramar una sublevación, estando a la cabeza de ésta el rey Alfonso de Portugal, deseoso de agrandar su reino con la unión de Castilla. Cuando empiezan a sonar los tambores de guerra docenas de mensajeros recorren los reinos pidiendo ayuda a los leales vasallos en defensa de los futuros Reyes Católicos. Muchos fueron los que atendieron esta llamada de auxilio concentrándose en Benavente, lugar donde los reyes habían levantado sus Reales.

Uno de estos mensajes llego hasta Arintero, pequeño pueblo de la Montaña Leonesa, donde rápidamente sus vecinos alzaron pendones en favor de Isabel y Fernando. Todos mostraron su satisfacción, excepto el conde García de Arintero, señor del lugar, que había luchado en múltiples batallas en las fronteras del Reino de Granada y que por su avanzada edad ya no estaba en disposición de combatir. Su esposa doña Leonor no le había dado hijos, solamente siete mujeres a las que no les estaba permitido entrar en batalla; entre ellas se encontraba nuestra heroína. Sentía que su honor se veía mancillado, por primera vez en siglos ningún señor de Arintero acudiría a la llamada de la Corte.

Juana, la Dama de Arintero

Juana, la Dama de Arintero

Juana no soportaba ver a su padre tan afligido por no poder ofrecer ningún hijo varón a sus reyes, por lo que decidió, a pesar de la oposición del conde, ir a la guerra en nombre de su familia. Su determinación le hizo ganar esta primera batalla y convencer a su padre para que le diese permiso. Después de duros meses de entrenamiento en los que aprendió a manejar la espada, la lanza, el corcel de guerra y de acostumbrarse al asfixiante peso de la armadura, la débil dama se transformo en el noble y valeroso Caballero Olivares, nombre de guerra que adoptó. Llegó el momento de emprender su viaje arriesgándose a la excomunión, a ser repudiada y, por supuesto, a la muerte por participar en una actividad completamente prohibida a las mujeres.

Sin levantar sospechas se presentó en Benavente donde el escribano formalizó su inclusión en las tropas reales. Durante los meses siguientes se ganó una justa fama de caballero valiente y esforzado y en febrero de 1475 se presentó con las mesnadas reales en las puertas de la rebelde Zamora. Se inicia el asedio a la ciudad y a punto de concluir la jornada el Caballero Olivares, junto con otro nobles, se apoderan de una las puertas principales de la muralla permitiendo el paso a las tropas y la consiguiente rendición de Zamora.

El siguiente enfrentamiento con las tropas del rey de Portugal se celebra en las cercanías de Toro, y es aquí donde queda al descubierto la verdadera identidad del Caballero Olivares. Existen dos versiones sobre el descubrimiento de una dama en la guerra. Una de ellas hace referencia a que enfrentándose con otro caballero, su jubón se rompió dejando al descubierto uno de sus senos; la otra nos cuenta que fue descubierta mientras se bañaba en el cercano río Duero. Llevada ante el rey Fernando a este no le quedó más remedio que reconocer su valor, premiando su entrega con la concesión de privilegios para su familia y para el pueblo de Arintero.

Escudo de la Dama de Arintero

Escudo de la Dama de Arintero / Foto de Rafael Cid

Las prebendas y privilegios otorgados por el rey no gustaron demasiado a Isabel, quizá porque estaba en un momento en que quería demostrar su fuerza ante los nobles, o quizás el motivo era que sus fuertes convicciones religiosas no le permitían perdonar a una mujer que se había vestido de hombre, o simplemente era una cuestión de celos; el caso es que mandó a unos emisarios tras de ella encargados de arrebatarles los pergaminos que atestiguaban dichos privilegios. Le dieron caza en La Candama, cuando jugaba una partida de bolos con los mozos del lugar, enfrentándose a ellos y, quién sabe, si encontrando la muerte.

No sabemos si realmente consiguió escapar y, como soñaba, llegar a Arintero donde esperaba ser recibida con honores, descubriendo en los rostros de sus vecinos el orgullo que sentían por la hija del honorable Conde García, pero lo que si es cierto es que su gesta se convirtió en leyenda. Como recuerdo de esta valerosa mujer queda en pie la que supuestamente fue la casa familiar, reconstruida tras la Guerra Civil y en el pueblo una inscripción que dice: “Si queréis saber quién es este valiente guerrero, quitad las armas y veréis ser la Dama de Arintero. Conoced los de Arintero vuestra Dama tan hermosa, pues que como caballero fue con su rey valerosa”.