Las obras de conservación, consolidación y restauración de las murallas del Castillo de la Cruz devolverán a los lienzos y torreones su imagen y estado original, con la reparación de los problemas humedad y la reposición de las faltas de elementos pétreos

Caravaca de la Cruz (Murcia) – 30 MAY 2016 – Ayto de Caravaca

Tal y como ha informado el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz tras el montaje de andamiaje necesario, las obras han dado comienzo, con un presupuesto global de 400.000 euros, de los cuales el 30,6% lo aporta el Ayuntamiento de Caravaca y la cantidad restante el Ministerio de Fomento, a través de su programa 1,5% Cultural para proyectos de conservación del Patrimonio Histórico Español.

Durante las próximas semanas se va a intervenir en diversas localizaciones interiores y exteriores del recinto amurallado, integrado en el conjunto monumental del Castillo de Caravaca de la Cruz, declarado Bien de Interés Cultural. Las actuaciones previstas están orientadas a mejorar las condiciones generales de la estructura, restituyendo sus condiciones originales, sin introducir aportaciones de nuevo diseño ni alterar la imagen. Los principales objetivos son conservar el recinto en el mejor estado posible y dotarlo de mayor seguridad y accesibilidad.

Castillo de Caravaca de la Cruz (Murcia)

Castillo de Caravaca de la Cruz (Murcia) / Cortesía de caravacatours.com

En la práctica totalidad de las torres o lienzos de la muralla se aprecian pérdidas de material de juntas entre sillares e incluso pérdidas puntuales de elementos pétreos, lo que ha favorecido a lo largo de los años la entrada de agua de lluvia y la acumulación de restos. Las causas del deterioro de la muralla son la contaminación y la acción de los agentes atmosféricos, sobre todo en la parte norte del recinto, donde se favorece la persistencia de la humedad que ha ocasionado manchas visibles en la estructura y un riesgo potencial de desprendimiento.

El Castillo

Se levanta sobre una elevada colina desde la que se domina toda la ciudad. Al llegar vemos, en primer lugar, el impresionante recinto amurallado cuyos orígenes islámicos encierran importantes testimonios de la época medieval caravaqueña. Penetrando en el interior de dicho recinto encontramos la Basílica-Santuario de la Sta. Cruz, obra del siglo XVII, con impresionante portada barroca del XVIII, la cual se encuentra incluida dentro del Barroco Internacional.

El aspecto que presenta en la actualidad, con un total de quince torres y un espigón saliente o “canapé”, es consecuencia de una serie de transformaciones a lo largo de los siglos, siendo de singular importancia la que se dio a partir de 1617 con la construcción del nuevo templo de la Stma. Cruz, las que tuvieron lugar con motivo de la Guerra de la Independencia contra los franceses (incorporándose el “canapé” a costa de dos torres) y la última, de la segunda mitad del XX, que eliminó construcciones anteriores.

Su primera edificación, de origen musulmán, puede remontarse a los siglos X u XI constando a finales del XV de un recinto amurallado, de planta elíptica (más o menos similar a la actual), con única puerta mirando al Poniente, que configuraba un “albacar”, “albacara” o plaza de armas (explanada actual). A su vez, dentro de este recinto amurallado había otro, de planta poligonal, con torres, protegido con una antemuralla y un foso. Esta era la edificación señorial principal hasta el tercer cuarto del siglo XV. Este último recinto fue destruido en el siglo XVII al construirse el actual templo de la Vera Cruz y la edificación anexa o casa del capellán.

Actuaciones arqueológicas han puesto al descubierto, en el subsuelo del referido edificio, todo el costado norte de este castillo interior y parte del frente oeste, mostrándose tres torres, además de un paño completo de la llamada Torre Chacona, la de mayor antigüedad de las exhibidas en el recinto mayor, almenada. Todo ello es directamente observable y visitable en la actualidad al realizar el recorrido del museo de la Vera Cruz.

En la explanada actual, en plena Edad Media, está documentada la presencia de dos aljibes, la casa del alcaide y el que pudo ser el templo más antiguo de la Villa: la ermita de Santa María la Real o del Castillo.

Los aljibes medievales se han conservado perfectamente, siendo las construcciones íntegras más antiguas de las atesoradas en la fortaleza y con uso casi hasta nuestros días. Se trata de recintos abovedados de planta rectangular con juegos de pilares, arcos y bóvedas, uno de los cuales, el hoy denominado aljibe norte, se hallaba bajo la ermita de Santa María la Real. Su misión, conjuntamente con un tercero existente en el recinto amurallado interior, era la de acumular agua de lluvia y abastecer a las guarniciones de la fortaleza en situaciones normales y en previsibles asedios.

La casa del alcaide servía de morada al jefe de la guardia y defensa de la fortaleza, representante del Comendador de la Orden de Santiago en la misma. Sobre ella y en su entorno surgieron otras edificaciones que estuvieron habitadas hasta el primer tercio del siglo XX, convirtiéndose después en escuelas públicas que fueron demolidas en la remodelación de los años sesenta, ya referida. La ermita de Santa María la Real o del Castillo parece remontar su origen al periodo de presencia templaría, siendo la primera iglesia parroquial de la villa.

Era un edificio pequeño, según descripciones hechas por la Orden de Santiago en sus “visitaciones” a la fortaleza, de nave única, con muros de argamasa y cubierta de madera. Sucumbió ante las edificaciones, existentes hasta el siglo XX con transformaciones y ampliaciones, que ya hemos referido.

Todo el conjunto mencionado fue declarado Monumento Histórico-Artístico de carácter Nacional en 1944.