Entre los valles más afectados se encuentran el Elqui o el Limari en el norte y Maipo y Aconcagua en la zona centro, que suman un 12% de las 120.000 hectáreas plantadas de vid en todo Chile

Madrid – 14 DIC 2015 – entornointeligente.com

Miles de hectáreas llenas de uvas son cosechadas cada otoño en el fértil centro de Chile para transformarse en increibles vinos, aunque la ancestral tradición de dicha multimillonaria industria de exportación corre peligro por el cambio climático.

Los complejos vinos creados en el centro del 4º exportador mundial de vino brillan en las mesas del planeta mediante las bondades del clima mediterráneo, con inviernos húmedos y templados que contrastan con veranos secos y calurosos.

Viñedos en el valle de Colchagua (Chile)

Viñedos en el valle de Colchagua (Chile)

Sin embargo esas condiciones han comenzado a cambiar en el corazón del largo y estrecho país, que ha registrado un alza de 0,2C en sus temperaturas máximas y mínimas desde hace más de una década, por el calentamiento global y cambios en el suelo para uso urbano.

El efecto se podría agudizar y afectar la maduración y calidad de la uva si las temperaturas siguen en crecimiento, coinciden los expertos.

Eso ya está forzando a muchos viñedos a migrar a partir de los privilegiados valles centrales, cuna de reconocidos mostos como el Cabernet , Merlot, Chardonnay y Carmenere, hacia regiones históricamente más frías en el sur, cuyas condiciones climáticas y menos lluvias empiezan a ser más benignas para la industria.

“En la región de Pirque o Puente Alto (sur de Santiago), probablemente en un par de años más, (el clima) puede que sea más caluroso y el Merlot no sea eficiente de soportar la temperatura y deba cosecharse anticipadamente”, señaló Julio Bastías, enólogo de Matetic, una viña en el central valle de Casablanca, que prescinde de fertilizantes sintéticos y plaguicidas en su uva.

Entre los valles más afectados están el Limari o Elqui en el norte y Aconcagua y Maipo en la zona central, que representan sobre un 12% de las 120,000 hectáreas plantadas de vid en todo Chile, cuya producción suma 1,300 millones de litros de vino en lo que va de este año, el doble que hace 15 años.

“En Chile, lo más fundamental son los cambios en los eventos extremos, principalmente vinculados con la temperatura, a través de un ascenso de las ondas de calor, por ejemplo, en la región central”, comentó Claudia Villarroel, de la Dirección Meteorológica de Chile.

En el día de hoy, unos un crecimiento de 1,5 grados centígrados es casi un hecho para el 2050 a nivel global, detalló Neeraj Prasad, director de Cambio Climático del Banco internacional, en una entrevista en Santiago.

Esa es una mala noticia para los viñedos chilenos que utilizan las aguas de los glaciares en Los Andes que están desapareciendo.

“Prácticamente el 100% de los glaciares (en Los Andes) será eliminado si las temperaturas incrementan por encima de los dos grados centígrados”, advirtió Prasad.

Mirando al sur Para Concha y Toro, la principal viña del país y productora de las famosas marcas Casillero del Diablo y Don Melchor, el cambio climático aún no ha llegado a golpearla, pero han empezado a verlo como un dolor de cabeza para la industria.

“Aún así (su efecto) es una preocupación de lo que puede ser el futuro de la viticultura chilena”, admitió Álvaro González, subgerente de análisis e Innovación de Concha y Toro.

La industria del vino en Chile, incluso de Concha y Toro , es liderada por las viñas San Pedro, Santa Rita, Emiliana y bodegas familiares, que concentran sus operaciones en la región central y en conjunto exportan casi 2.000 millones de $usd anuales.

La meta es subir a US$ 3,000 millones los envíos al 2020. Sin embargo para eso, es necesario sortear al calentamiento global.

“Será difícil conservar las variedades de uva actuales en los viñedos. Podremos continuar plantando tomates y judías si las temperaturas suben, pero no las cepas que tenemos”, observó el español Miguel Torres, dueño de una premiada marca del mismo nombre con bodegas en Chile.

“Habrá que buscar otras variedades que sean más resistentes a las elevadas temperaturas y a la sequía”, agregó.

Si la temperatura sigue subiendo, los expertos prevén que la calidad de los vinos enfrentará un desajuste entre la maduración de la uva y la fenólica (aroma, taninos, sabor, color).

Hace 4 décadas, el frío y lluvioso clima en el valle de Itata no permitía el cultivo de cepas para elaborar vinos de gran calidad, pero las alzas de temperatura y el cambio climático facilitarían en la actualidad la madurez correcta de la uva.

Miguel Torres compró 230 hectáreas en Itata (400 kilómetros al sur de Santiago) para plantar diferentes de tinto, buscando el frescor de la cercanía con la cordillera y amplitud térmica entre el día y la noche. Situación similar ocurriría en la región de Cauquenes, en el que Concha y Toro también adquirió tierras.

En los últimos ciencuenta años ha disminuido hasta un 30% las lluvias en el sur del país, lo que apoyo a cultivar la vid, según estudios de la Dirección Meteorológica chilena.

Bendita geografía Anticipando una mayor migración de productores hacia el sur, la asociación Vinos de Chile está haciendo un análisis de zonificación para marcar la dinámica del cambio climático en determinadas cepas. Su resultado se conocerá en 2 años.

“No es adecuado quedarse estáticos, sin buscar adaptación de tipos, sin explorar nuevos valles o producir prácticas de manejo. Se debe adaptarse”, anunció Patricio Parra, gerente de Innovación y crecimiento de Vinos de Chile.

Aunque los expertos admiten que hay incertidumbre cerca de los escenarios futuros, está previsto que el cambio climático traiga un deterioro en determinados parámetros ambientales particulares asociados a golpes de sol, estrés térmico y sequías.

Determinados dueños de viñas estiman que en el corto plazo lo único que se puede hacer es adaptar la producción para compensar el aumento de un grado de la temperatura con métodos que retrasen la maduración de la uva.

“Con estas prácticas podríamos aguantar otro grado más, no obstante más allá, el mapa de las denominaciones de origen podría variar. Esto sería desastroso para la viticultura tal como la entendemos en el día de hoy, que ha dedicado milenios de experimentación hasta hallar la mejor localización para cada vid”, destacó Torres.

Por ejemplo, si el clima frío o intermedio en una región ideal para Pinot Noir se transforma en templado o cálido, mejor será cultivar Cabernet.

En muchos países vitivinícolas, como Francia, hay poco espacio para moverse a un clima más frío, aunque en Chile la extensa longitud territorial es una ventaja, a la que se suma la corriente de Humboldt, que lleva agua fría de la Antártida hacia el norte actuando como amortiguador climático.

Por eso, más que tipos que no puedan producirse, el profesor Philippo Pszczólkowski, de la Universidad Católica de Chile, sostuvo que habrá áreas donde se verán más cepas.

“Si la ubicación de Chile fuera este-oeste, existirían variedades que ya no podríamos cultivar, dado que no tendríamos posibilidad de desplazarnos hacia el sur”, comentó Pszczólkowski.

“Sin embargo el desplazamiento (de cepas) resulta fácil, al ser un país de 5,000 kilómetros de longitud, con una ubicación norte-sur, o sea, una bendita orientación”, agregó.