“Lembranças paulistas” es el título de la exposición en la que José Luis Rodríguez Tamargo, artista asturiano afincado desde hace unos años en León, muestra el resultado de su último proyecto pictórico, empapado de recuerdos de sus visitas a la ciudad brasileña de Sao Paulo

León – 6 JUL 2015 – Rosa María Olmos Criado

Sao Paulo, la gran urbe de millones de seres, reiteradamente visitada por José Luis Rodríguez Tamargo, conmociona, inquieta, aturde y enamora al viajero pintor, también algo poeta, que no puede sustraerse a su encanto, y con las retinas llenas de sus colores, de sus líneas, pinta y la pinta sin parar, recurriendo a las impresiones que quedaron en su memoria visual y emocional.

Así, obra tras obra, yuxtapone y superpone imágenes realistas del perturbador espacio urbano, registrando el rumor de la vida que transcurre sobre sus aceras, la verticalidad vertiginosa de los rascacielos o la humedad verde de macizos y árboles, los cuales parecen competir con los edificios en sus movimientos ascensionales, lanzando la mirada hacia un cielo imposible, casi desaparecido.

Lembranzas paulistas

Le fascina el grandioso telón de fondo, la ubérrima vegetación que contextualiza geográficamente a la ciudad, su vitalidad, energía presente en la intensidad de la vibración cromática y la acidez de los colores. Desde su subjetividad describe una ciudad en dos planos, pues reitera un esquema compositivo en el que en la parte superior de las composiciones y en profundidad, conjuga la considerable lejanía visual de las arquitecturas con las terminaciones vegetales, mostrando un mundo que se sabe complejo, pero cuya inaccesibilidad le dota de un efecto de calma, de soledad, de silencio. Esta parte está trabajada pictóricamente con sutiles veladuras de acrílico muy disuelto, para las construcciones, y pequeñas pinceladas sin contornos con las que las masas planas de color adquieren presencia volumétrica.

Su magnificencia en cierta medida apabulla al hombre, que se refugia en el tercio inferior del espacio pictórico, compensado por los primeros planos. Es el territorio del hombre. El elemento humano aparece junto a las grandes avenidas y la rápida circulación en actitudes nada conflictivas: paseando o sentado en terrazas, y aun así, se percibe en estas pequeñas parcelas el bullicio, el ruido, acaso el caos. Un mundo terrenal que se aleja de la placidez anterior y que acude para su representación a otros medios plásticos, como son el dibujo en negro muy acentuado, más punteados y drippings; la caricatura o una cierta inestabilidad compositiva que le acerca referencialmente al mundo expresivo de Baselitz

Rosa María Olmos Criado es doctora en Historia del Arte