La toma de conciencia sobre el entorno ecológico es lo que lleva a plantear modelos más eficientes en ahorro de agua, luz y gas

Madrid – 11 ENE 2016 – INT

¿Sabías que la mayor parte de los gastos de un edificio proviene de electricidad, agua y gas? De hecho, los gastos de operación y mantenimiento son hasta el 85 del costo total de la vida de un edificio; sin embargo, pueden ser reducidos de forma significativa a través de la implementación de prácticas sustentables.

Las demandas de consumo de energía también impulsan la sustentabilidad en edificios y operaciones. Según la Agencia Internacional de Energía, para el 2030 el consumo energético en las ciudades se incrementará 73 por ciento a nivel global, y las emisiones de CO2, un 76 por ciento.

edifcios verdes

De acuerdo con los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), alrededor del 72 por ciento de la población nacional (81.3 millones de personas) vive en zonas urbanas.

Se espera que para el año 2030 existan al menos 20 ciudades con más de un millón de habitantes cada una, haciendo que el consumo de energía crezca exponencialmente año con año. El crecimiento urbano refleja una importante necesidad de invertir en prácticas sustentables, para disminuir os costos energéticos tanto para los dueños de los edificios como para los que viven en ellos.

Una construcción verde incluye planeación del espacio, eficiencia en el uso de agua y energía, selección de materiales y calidad ambiental interior. Ante este panorama, es claro que el modelo tradicional de construcción tendrá que seguir evolucionando hasta replantear, totalmente, sus materiales procesos, de manera que las comunidades y el medio ambiente puedan prosperar.

El reto de desarrollar

Sin duda que uno de los grandes desafíos que enfrentan los gobiernos y las organizaciones es convencer a ingenieros y arquitectos, así como a directivos, de que la construcción sustentable no es tan costosa como parece, y aún más importante, que es redituable y puede traer grandes beneficios tras su implementación.

Esto es algo tan cierto que incluso existe un organismo certificador, el Consejo de Edificación Verde de Estados Unidos, que avala las ventajas y edificios de la construcción sustentable a través del otorgamiento del certificado LEED (siglas en inglés de Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental) a edificios tanto en México como en Estados Unidos.

Nivel local, el Distrito Federal, ha impulsado este tipo de edificaciones a través de su Programa de Certificación de Edificaciones Sustentables, cuyo objetivo es crear un estándar para evaluar los edificios, tanto de vivienda como de comercio, y otorgar beneficios, como incentivos fiscales, descuentos en el pago de predio, concesión de licencias de construcción, entre otros.

A nivel global, 40 de toda la demanda de energía proviene de edificios. De ese total, 40 del consumo corresponde a los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado (HVAC, por sus siglas en inglés). Como resultado, es fundamental que al construir un edificio verde se consideren soluciones de climatización eficientes, que pueden reducir los costos de energía y el uso de los recursos naturales, así como aumentar la comodidad de los ocupantes.

Edificios verdes

Uno de los pasos esenciales para incrementar el número de edificios sustentables, además de sus ventajas y beneficios, es la implementación de soluciones innovadoras que maximicen la eficiencia energética. Para conseguir este objetivo, es importante que las organizaciones elijan cuidadosamente a sus proveedores y se aseguren de que los productos, servicios y asesoría que recibirán verdaderamente cumplan con los estándares de sustentabilidad.

Sin lugar a dudas, el futuro de la industria de la construcción se centra en la sustentabilidad. La eficiencia energética ofrece un gran potencial en México y en el mundo para generar ahorros financieros, de energía, operacionales y ambientales.

Fuente: JIMÉNEZ, Jaime. Los tiempos de edificios verdes. Mundo Ejecutivo. Número 433, febrero 2015, p. 32 – 33.