Los dos rebaños trashumantes del ‘Conde’ pastan los puertos de Torre hasta su regreso a Trujillo en octubre.

 

León – INT- 30 JUN 2014

Las ‘hidalgas’ y las ‘condesas’ de la ganadería Granda de Trujillo (Cáceres) culminaron ayer la subida a los puertos de veraneo de Torre de Babia (Cabrillanes) en busca de la hierba fresca de los pastos de altura. Con casi quince días de retraso sobre la fecha prevista, iniciaron el ascenso a Las Verdes y Vega Viejas gobernadas por dos pastores, con sus careas y mastines.reportaje sobre trashumancia en torre de babia para ana gaitero

Las ‘merinas del conde’, como las llaman en la comarca, son dos rebaños con 1.200 ovejas merinas cada uno que realizan la trashumancia desde tiempo inmemorial. Invernan en las dehesas de Extremadura y veranean en las montañas de León.

Las hidalgas son descendientes de las merinas leonesas de Luna, pertenecieron hasta 1996 a la familia Hidalgo Álvarez de Sena de Luna. Son merinas únicas por su color —son ‘renegras’— y por su lana —más fina que el merino corriente— y conservan el hierro original con las letras J I, propias del linaje de los merineros luniegos.

Las ovejas llegaron a Babia entre el viernes y el sábado transportadas en camiones desde Extremadura. «Se retrasaron porque la hierba no estaba muy buena, pero con estas lluvias se ha compuesto», comenta Leoncio Álvarez Pozal.

Se cumple así una tradición de siglos, la trashumancia entre León y Extremadura (los extremos del reino) que prácticamente se ha perdido y sólo perdura con estos dos rebaños en Babia y otro que veranea en Vegara
da, en el Alto Curueño, del ganadero leonés José Ángel Escalona. También inverna en Trujillo.

«Antiguamente subían a estos puertos 300.000 ovejas. Las traían en trenes hasta Astorga o Villadangos. Todo el mes de junio había ovejas en el camino», relata el babiano. Las que iban a los puertos orientales eran apeadas en Sahagún. Hasta el siglo XX hicieron el camino a pie.

Las ‘hidalgas’ fueron las últimas en llegar a León y ayer por la tarde quedaron instaladas en el puerto de Las Verdes. Por la mañana salieron de la majada y enfilaron la senda con los mansos (carneros guía) al frente. Enseguida se apartaron del camino para probar el pasto. «Tienen hambre y conocen bien el camino», dice el pastor.

José Antonio Velasco, de Puebla de Lillo, desempeña el ofico desde los 16 años y está feliz de volver al puerto, donde pasará los cuatro meses con la única compañía de las ovejas, los mastines y sus dos fieles careas Chilena y Paquita. Leoncio le subirá los víveres, al igual que al otro pastor. Este año estrena la caseta construida por Medio Ambiente con el dinero que recauda del puerto merinero.

«El pasto ahora está bien y si llueve un poco más, mejor pero dentro de dos días que estas ovejas vienen de otro clima», comenta. «Aquí estoy bien, es lo que me gusta»En Extremadura el sol calienta fuerte. superan los 30 grados enían hambre y se enriscaron por las laderas camuflándose en el paisaje con su color oscuro.

La llegada de las ovejas a Torre de Babia es un acontecimiento para los escasos vecinos que residen en el pueblo, no más de 20 en el invierno. Ernesto, un ganadero de ovino, y Rubén, un joven que ha regresado al pueblo, salen a contemplar el espectáculo y a echar una mano en la conducción de las ovejas desde la majada en la que pasaron la noche, el solar de una casa arruinada, hasta la salida del pueblo. Delante del rebaño varios senderistas se disponen a hacer la ruta de la Laguna de Las Verdes, uno de los atractivos de Torre de Babia que cuenta también con un Museo Etnográfico de la Trashumancia promovido por un particular, el médico Isaac Álvarez.

Detrás de las ovejas y ladera arriba corre el pequeño Martín, con tan solo dos años de edad. Sin miedo y con decisión. Su padre tiene que darle alcance para que no siga. Rafael, el hijo mayor de Leoncio y Lola, ha venido con su familia desde Santander a ver la llegada de las merinas un verano más. Jimena contempla la escena al lado de su madre, María, una cántabra que disfruta retratando el instante.

El rebaño de ‘hidalgas’ ha mantenido la pureza durante más de doscientos años y para seguir preservando su identidad intacta nunca se junta con los otros tres rebaños de la ganadería. De estos cuatro rebaños, dos trashuman en verano (entre junio y octubre) en los puertos de Torre de Babia. «Siguen un sistema de tres partos en dos años y trashuman aquellas cuya paridera no les coindida en la montaña», explica Granda.

En la comarca se conocen como las ‘condesas’ a estas merinas por el título nobiliario de su propietario anterior, padre del actual. Todo el mundo en Babia habla de la ganadería del Conde de la Oliva, aunque su nombre comercial es Ganadería Granda.