Un cura de pueblo y un escritor de aldea, José Velicia y José Jiménez Lozano, se ‘inventaron’ hace treinta años Las Edades del Hombre, un movimiento espiritual y artístico que desde 1988 ha fraguado en veinte exposiciones incluida actual

León – 23 MAR 2015 – noticiascastillayleon.com

Su concepción y plasmación, en especial el ciclo inicial que entre 1988 y 1994 acogieron las catedrales de Valladolid, Burgos, León y Salamanca, rompieron moldes al marcar en España un antes y un después en la forma de conservar y difundir el patrimonio histórico y artístico.

Las Edades del Hombre -inspiradas en la exposición “Thesaurus” que en 1985 puso en marcha en Barcelona el sacerdote e historiador José María Martí i Bonet- fue pionera en numerosos aspectos, entre ellos la apertura de las catedrales como lugar de encuentro entre el hombre y las obras de arte religioso que crearon sus antepasados para responder a las grandes preguntas de la humanidad.

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Con el apoyo financiero de Caja Salamanca y Soria, Velicia, fallecido en 1997, y Jiménez Lozano, premio Cervantes 2002, tradujeron a la lengua del siglo XXI el milenario vínculo entre Dios y el hombre a través de las obras de arte que, a lo largo de los siglos, han dejado constancia y memoria de esa relación.

Más allá de la mera enumeración y exhibición de un repertorio de obras de arte sacro, los dos ‘josés’ apostaron por relatos escenificados a partir de la presentación de piezas expuestas en su ambiente, puestas en contexto para facilitar la comprensión a un visitante al que se ofreció la posibilidad y el privilegio de dialogar con su pasado para entenderse a sí mismo.

Las piezas estaban ahí: el ingente patrimonio de la Iglesia diseminado en catedrales, museos, iglesias, ermitas, conventos y colecciones particulares en forma de pinturas, cantorales, biblias, casullas, custodias, arquetas, relicarios, iconos y tallas de santos, profetas, apóstoles, vírgenes y crucificados. Sólo había que hacerlas hablar, recuperar el discurso que las trajo al mundo, devolverlas su razón de ser.

Desempolvaron el arte y patrimonio religiosos como protagonistas de un mensaje y vehículos transmisores de una memoria y una cultura de casi diez siglos

Otras de sus contribuciones ha sido la restauración de obras, documentación e investigación histórica, edición de libros, discos y estudios e incluso el hallazgo de piezas hasta entonces inéditas.

El resultado ha sido la consolidación de un modelo masivamente aceptado por creyentes y ateos, jóvenes y adultos, que en el caso de Castilla y León originó una recuperación de la autoestima de sus habitantes merced al interés suscitados por su territorio, paisaje, historia y cultura.

Las Edades del Hombre han representado además un estímulo económico para las ciudades que han albergaron las exposiciones, han innovado al incorporar las nuevas tecnologías a los montajes, y han confrontado en un mismo espacio el arte antiguo y clásico con el moderno y contemporáneo.

Treinta años después de la idea y veintisiete de exposiciones, las constantes vitales de Las Edades del Hombre resisten debido a la al genio y el talento de Velicia y Jiménez Lozano, y a la apuesta sin reservas que hizo Sebastián Battaner al frente de Caja de Salamanca y Soria, entidad financiera hoy desaparecida y la primera que confió desde el primer momento en el proyecto.

Desde la primera exposición en la catedral de Valladolid (“El arte en la Iglesia de Castilla y León”/1988-1989) se han celebrado diecinueve ediciones que hasta la fecha han visitado 10,4 millones de personas, y a las que desde este lunes se unirá la vigésima, en Ávila y Alba de Tormes (“Teresa de Jesús. Maestra de oración”).