Con motivo del Día Internacional de los Museos, y con el título de “Paisajes bidimensionales”, el Museo de León abre esta semana una exposición temporal en la que muestra sus nuevas obras pictóricas y gráficas, en su mayoría donadas por particulares

León – 18 MAY 2016 – Tam Tam Press

Desde hace casi cuatro décadas, el 18 de mayo se celebra en todo el mundo el Día Internacional de los Museos, motivo frecuente de acciones culturales que buscan estimular e intensificar las relaciones entre los museos y la ciudadanía que los ampara y a la que sirven. Cada año, ese día conlleva un lema que orienta esos vínculos y que, en este 2016, se refiere a “Museos y paisajes culturales”.

Con motivo de esta conmemoración, entre otras actividades —como un II Concurso de Fotografía— elMuseo de León ha preparado una muestra temporal de la parte de sus colecciones más reciente(ingresada toda ella durante el pasado año 2015) y específicamente relacionada con la representación artística bidimensional, sea pictórica, gráfica o fotográfica, que casi siempre se comporta como una ventana cuadrangular a través de la cual percibir paisajes de muy diverso signo: naturales, históricos, abstractos, retratísticos…

Pero, además, esta exposición refleja otro paisaje más importante. Aparte de las adquisiciones de algunas piezas excepcionales que la administración ha llevado a cabo, la mayoría de estas obras ha sido donada desprendidamente por particulares, ya que el pasado año los ingresos de ese tipo fueron especialmente pródigos. Ello se debe a que cada vez más ciudadanos entienden que el museo supone el destino natural de un patrimonio señalado para su disfrute común, público, que aquí se conserva y transmite en las mejores condiciones. Mediante esos cultivos de civismo, ese paisaje cultural está tanto más atendido y es más fértil cuanto que los museos lo hospedan y labran en sus salas, como el cuidado jardín de una comunidad que desde siempre han sido y son aún. Sea, por tanto, de enhorabuena para todos.

Santo Domingo de Guzmán y San Antonio

Santo Domingo de Guzmán y San Antonio

Obra: Santo Domingo de Guzmán y San Antonio.
Autor: Maestro de Astorga (activo en León, entre 1512 y 1530).
Hacia 1520. Óleos sobre tablas (161 x76 cm).
Adquisición de la Junta de Castilla y León en el mercado de antigüedades (nº de inventario: 2015/08).

El maestro anónimo denominado “de Astorga” por su obra más conocida y prolífica, es uno de los más señalados artistas (y talleres) documentados en estas tierras en el primer tercio del siglo XVI, autor de una obra crucial para la implantación del Renacimiento pictórico en el Reino de León. En estas dos obras constatamos sus recursos más celebrados: ambos santos se representan en pie, en primer término, delante de un paño bordado en oro y amparados por un marco de perspectiva que conforman distintos elementos arquitectónicos. Una cuidada composición concebida para ensanchar el espacio y generar un efecto de tridimensionalidad, que induce también a pensar que las tablas pudieron pertenecer a un retablo de considerables proporciones relacionado con la orden dominica, quizás el convento de Santo Domingo, a extramuros de Astorga, seriamente dañado durante la Guerra de la Independencia.

Con esta adquisición, la administración autonómica dio continuidad a una operación de rescate de obras dispersas de este Maestro que da nombre a un círculo artístico renacentista de primera línea; operación iniciada por el Ministerio de Cultura en 1995 con la adquisición de la obra Peregrinos ante el altar de Santiago, que prosiguió con las dos tablas compradas en 2012 por la Junta de Castilla y León (San Antonio de Padua y Santa Bárbara y santa Lucía), todas ellas destinadas a reconstruir en este Museo el paisaje de una época determinante para la historia del arte.

“Retrato de Buenaventura Durruti”. Baltasar Lobo. 1937

“Retrato de Buenaventura Durruti”. Baltasar Lobo. 1937

Obra: Retrato de Buenaventura Durruti.
Autor: Baltasar Lobo (Cerecinos de Campos, Zamora, 1910 – París, 1993).
1937. Lápiz de carbón sobre papel (73 x 52 cm).
Donación de los nietos de Lola Iturbe y Juanel Molina (nº de inventario 2015/1).

Baltasar Lobo, autor de una celebrada obra escultórica en el meollo de las vanguardias europeas del siglo pasado, antes de su exilio parisino colaboró como dibujante con diversas revistas anarquistas en los años de la guerra civil española. Para Umbral, una de las más señeras, en el número que en noviembre de 1938 homenajeaba a Durruti, dibujó este retrato que ocupó la contraportada de la edición. La influencia dePicasso y el arte ibérico, conocido por Lobo en el Museo Arqueológico Nacional, se conjugan aquí al servicio de un ideal, representado en el héroe temprana y fatalmente abatido, al que el arte había de rendir homenaje, inmortalizando una imaginería panegírica de su aplomo y ejemplaridad. Por su parteBuenaventura Durruti (León, 1896-Madrid, 1936), es personaje sobradamente conocido: líder de la lucha obrera, política y militar, tras el golpe del 36, tanto en Barcelona como en el famoso avance a través de Aragón de la columna que llevó su nombre. Falleció el 20 de noviembre, a causa de una bala perdida que le alcanzó en las trincheras de la defensa de Madrid.

Cabe señalar que en algún momento fue borrada la “comprometida” fecha de 1937 de la obra original, que está dedicada “Para Lola y Juanel fraternalmente este recuerdo Lobo”, testimonio de un obsequio y una amistad. Son Lola Iturbe (Barcelona, 1902-Gijón, 1990) destacada activista del anarquismo español (CNT) y Juan Manuel Molina (Jumella, Murcia, 1901-Barcelona, 1984), su pareja y figura asimismo clave de la FAI, ambos resistentes en Francia. Sus nietos han tenido a bien donar esta obra al Museo de la tierra de Durruti, contribuyendo a que visualice el paisaje de un tiempo de conflicto, tan crucial como apasionante.

“Composición”. Lucio Muñoz. 1975

“Composición”. Lucio Muñoz. 1975

Obra: Composición.
Autor: Lucio Muñoz (Madrid, 1929 – Madrid, 1998).
1975 (numerado y firmado a lápiz). Grabado en papel artesanal (70 x 50 cm).
Donación de doña Carmen Tejero (nº de inventario 2014/07/A001).

Lucio Muñoz entró en contacto en Francia con la abstracción a la que poco después aportaría sus personalísimos trabajos sobre madera raspada, quemada, tallada, enmohecida y, en definitiva, transformada en una sugerente epidermis de texturas y coloraciones. En 1989, el Museo Reina Sofía le dedicó una antológica por su relevancia entre los artistas que caracterizan el movimiento informalista que pretendió la puesta al día del arte español tras la posguerra

La obra de Muñoz destaca por su potencia expresiva, llena de ocultaciones y sugestiones, con gran presencia de la naturaleza, evidente o insinuada. Entre sus piezas más destacadas, la monumental techumbre del salón central del Parador de San Marcos de León. Otra de sus facetas más notorias fue la gráfica, donde realizó contribuciones técnicas decisivas al grabado de gran formato. Esta obra, significativa de su derroche imaginativo, combina sugerencias figurativas, casi retratísticas, con las anfractuosidades y texturas de un paisaje carnal, suerte de descuartizamiento, con ecos de Max Ernst y Francis Bacon.

“Sin título”. César Bobis Zapico. Sin fecha, años 80

“Sin título”. César Bobis Zapico. Sin fecha, años 80

Obra: Sin título.
Autor: César Bobis Zapico (León, 1943 – Madrid, 1996).
Sin fecha, años 80. Óleo sobre lienzo (147 x 113 cm).
Donación anónima (nº de inventario 2015/09).

Pintor y diseñador gráfico afincado en Salamanca, Bobis ejerció allí como catedrático de literatura, aunque se formó artísticamente con el pintor leonés Modesto Llamas. Fue ilustrador de revistas (Minerva, del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Ábaco, El Viejo Topo, Ciudadano, etc.), discos y libros (editoriales Akal y Ayuso). En su juventud expuso en Nueva York, Milán, Madrid y Salamanca, pero con treinta años renunció a difundir su obra por tales medios y se mantuvo al margen de los circuitos públicos durante el resto de su vida. No pretendió fama ni dinero, y galeristas y marchantes le parecieron un desierto intelectual por el que no estuvo dispuesto a transitar. Su pintura expresionista y en ocasiones equívocamente abstracta, de trazo suelto pero reflexivo, está repleta de alusiones al Barroco, a los bodegonistas o al retrato descarnado y veraz de Francis Bacon, y se nutre de referencias literarias, de meditaciones y soledades personales, que componen un particular paisaje sobre el arte que más estimó.

Recientemente algunas de sus obras, como le hubiera gustado, financian proyectos culturales populares alejados de lo oficial.

“El espantapájaros”. Casimiro Martinferre. 2013

“El espantapájaros”. Casimiro Martinferre. 2013

Obra: El espantapájaros.
Autor: Casimiro Martinferre (Bembibre, León, 1960).
2013. Copia fotográfica sobre papel de original analógico en B/N (22 x 55 cm).
Donación del autor (nº de inventario: 2015/14).

Martinferre es el sobrenombre del fotógrafo berciano Casimiro Martínez Ferrero, fotógrafo y escritor que huye de la facilidad de las novedades para refugiarse en la solidez técnica y el reposo del laboratorio y la artesanía. Los horizontes y pormenores que le rodean y que mide con sus propios y detenidos pasos componen el sujeto habitual de buena parte de su producción, exhibida en galerías y en series de reportajes publicados en prensa junto a sus reveladores comentarios. Ni la fotografía digital, ni el color han logrado hacer mella en su estilo: sosegado y firme. De su objetivo y sus esfuerzos nacen paisajes como este, brumosamente nítidos, contemplados por un monigote que parece dotado de toda la compasión y el entendimiento atribuidos al ser humano.

La exposición “Territorio”, de Martínferre, pudo contemplarse en el Museo en el otoño de 2015, y el autor tuvo a bien donar gentilmente esta obra al patrimonio común.

“Campos cromáticos 37”. Francisco Suárez. 2014

“Campos cromáticos 37”. Francisco Suárez. 2014

Obra: Campos cromáticos 37. Amarillo de Nápoles sobre verde y rojo inglés.
Autor: Francisco Suárez (León, 1965).
2014. Acrílico sobre lienzo (150 x 85 cm).
Donación del autor (nº de inventario 2015/11).

Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, este leonés afincado en Villabalter se caracteriza por una obra en la senda de la abstracción geométrica, volcada en los últimos años a explorar los límites y capacidades de la línea ordenada en paralelo sobre una superficie pictórica también domeñada por la geometría de su soporte. Su obra se ha mostrado en el IVAM de Valencia, el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, la Casa de las Conchas de Salamanca o el Museo Patio Herreriano de Valladolid, donde forma parte de la Colección de dicha institución. En 2008 el Instituto Leonés de Cultura le dedicó una amplia exposición que abarcaba su trayectoria de los últimos años.

La exposición Campos cromáticos, que pudo verse entre la primavera y el verano del pasado 2015 en este Museo, proponía una lectura en clave contemporánea de los fondos a bandas de colores de la pintura medieval, en particular de las miniaturas de los llamados Beatos, que tanta personalidad aportan a la historia del arte hispánico, y especialmente leonés. Fruto de esa colaboración, el autor donó gentilmente esta obra a las colecciones públicas.