A cuarenta y dos kilómetros de Oviedo, capital del Principado de Asturias y a 9,5 km. de Villaviciosa, durante el reinado de Alfonso III el Magno (866-910) se habría construido un conjunto residencial del que tan sólo resta en pie el templo dedicado a San Salvador

Villaviciosa (Asturias) – 26 JUL 2017 – Roberto Carneado Peruyera

De acuerdo con la historiografía tradicional, dicho conjunto, emplazado en el antiguo valle de Boides, poblado ya desde época muy pretérita, lo habría elegido el monarca como lugar de retiro, después de haber sido despojado del trono por sus hijos (García, Ordoño y Fruela). La construcción religiosa, según la inscripción consecratoria, fue consagrada solemnemente contando con la presencia de siete obispos venidos de Dumio, Coimbra, Iria Flavia, Astorga, Lamego, Lugo y Zaragoza.

Ofrece un sistema de proporciones muy cuidado y a partir del análisis de los materiales constructivos, su estructura y motivos ornamentales, se ha de encajar de acuerdo con su estilo, dentro del llamado prerrománico asturiano o arquitectura de la monarquía asturiana. Nada sabemos sobre los artífices de sus trazas y además, también desconocemos el nombre de quienes habrían participado en su construcción, pero pese a ello, continua sorprendiendo a todo aquel visitante que en el siglo veintiuno se acerca al monumento, tanto para deleitarse con su belleza como para analizar con detenimiento sus características.

Cuando el visitante se aproxima al templo, una vez superada la tapia que lo protege, lo primero que se encuentra es una fachada orientada hacia el oeste y dividida en tres calles, a través de dos sólidos contrafuertes o estribos que ya nos sugieren las tres naves escalonadas que articulan el espacio interno. Una cruz latina de cuyos brazos bilobulados penden el alfa y el omega apocalípticos no sólo orna el imafronte, si no que también protege la arquitectura a modo de lábaro constantiniano y al mismo tiempo es la impronta que el rey Magno dejó en todas las edificaciones levantadas bajo su patrocinio. A su vez, una estrecha ventanita cala cada una de las calles laterales de la fachada principal, mientras una de mayor monumentalidad, compuesta por dos pequeños arcos de herradura delimitados por el característico alfiz, resalta en la central. Por último, una tronera construida durante el siglo XVII para situar la campana y renovada más tarde, destaca en alzado y se remata a través de un merlón que recuerda a los emplazados en templos romanos, mezquitas o relicarios de tradición mozárabe como el de la catedral de Astorga. Ese merlón, al igual que el otro orientado al este sobre la cumbre de la nave central, quizá trate de evocar la condición de relicario terrenal que tiene el templo material como trasunto del celestial, pues así aparecen también representados los templos cristianos en las miniaturas mozárabes.

Del estudio de su planta se deduce la presencia de un vestíbulo o nártex abierto hacia el oeste y flanqueado por una pequeña cámara por lado, también presente en otras construcciones prerrománicas. Su finalidad probablemente es estructural, pues al cubrirse por debajo de la cubierta del vestíbulo, en disposición paralela contribuye a reforzar la estructura central, aunque quizá el uso de un arco bajo puede incitar a la humillación y, por lo tanto, otro posible uso pudo ser el penitencial. pese a que ninguno de ellos está documentado.

Una vez superado el vestíbulo, una puerta con un dintel cubierto por una inscripción conminatoria que castiga a todo aquel que intente quebrantar las ofrendas ofrecidas al Salvador da paso al interior de un templo de tres naves, separadas por gruesos puntos de apoyo labrados en piedra arenisca, con los ángulos en chaflán montados sobre basas troncopiramidales invertidas decoradas con molduras y rematados por capiteles imposta de similares características. Sobre estos, en alzado, se elevan cuatro arcos formeros por lado de medio punto, no muy abiertos que comunican la triple nave. A partir de ahí se alzan los gruesos muros, confeccionados con sillarejos que tan solo se calan en el caso de la nave central mediante cuatro pequeñas ventanitas geminadas en herradura a cada lado, orladas al exterior con el característico alfíz.

Sacristía del Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias)

Sacristía del Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias) / monasteriovaldedios.com

Todas las naves se cubren mediante una bóveda de medio cañón continua aparejada con toba caliza y sin refuerzo de fajones. Este es un avance muy notorio, pues en las construcciones abovedadas asturianas levantadas unos cuantos años antes, las cubiertas se reforzaban mediante fajones. Sin duda se ha dado un paso importante, al anticipar soluciones que se experimentarán más adelante, con la llegada del románico. Esto ha sido posible reduciendo el dimensionado de la nave central, con respecto al de las construcciones del Naranco, favoreciendo con ello la esbeltez de la nave principal. Además, las bóvedas de las nave de la epístola y del evangelio al cubrirse por debajo de la central, y ser paralelas, atirantan a la ubicada por encima. Por último, tres capillas de trazado rectangular rematan la iglesia orientadas hacia el orto solar10 y se comunican con las naves mediante tres arcos de triunfo de ligero perfil ultrasemicircular, aunque de diferente amplitud. En cuanto a sus puntos de apoyo y capiteles, todos ellos están compuestos por materiales reutilizados tardoantiguos, salvo los de la capilla principal que se ornan, no sólo con el característico collarino11 sogueado y grandes hojas nervadas, sino también a través del trenzado que recorre el ábaco12 y que está presente en las últimas edificaciones del prerrománico asturiano. Además, sobre la capilla central, en alzado, se ubica la enigmática cámara supraabsidial o del tesoro, en la que según la tradición se guardaban los tesoros. En cuanto a la dedicación de cada una de las capillas, la central está dedicada al titular del templo, mientras la lateral derecha fue consagrada a San Juan Bautista y la del lado izquierdo a Santiago Apostol. Además, la construcción religiosa dispone de dos pequeñas sacristias, próximas a la cabecera, aunque tan sólo es original la orientada hacia el sur, ya que la del lado norte ha sido reconstruida. Sus puertas adinteladas están protegidas con inscripciones conminatorias.

Por otra parte, del estudio del espacio interno se deduce la existencia de una estratificación de los espacios, pues a los pies del templo se emplaza una tribuna dispuesta en altura y a la que se llega a través de una sencilla escalera. Su precedente nos remite a la existente en San Miguel de Lillo con idénticas características, aunque allí cuenta con dos escaleras de acceso. Este espacio sobreelevado podemos presumir que podría estar destinado a albergar al monarca gratia Dei, el cual desde un plano totalmente celestial asistiría a los servicios litúrgicos, orientado hacia la capilla mayor del templo y dispuesto por encima de los asistentes a los cultos. También, la existencia de unas ranuras en las basas más cercanas a la cabecera de la iglesia, ponen de manifiesto la existencia de unas posibles cancelas, actualmente desaparecidas, que delimitarían en planta el espacio dedicado al ordo clericorum del destinado al ordo laicorum.

Unos años más tarde de la construcción del templo de San Salvador, se habría levantado un pórtico adosado al lienzo meridional. Del análisis de su paramento puede deducirse su cronología más tardía, pues sus muros se han confeccionado con unos sillares de arenisca de labra cuidada, tan solo abiertos a través pequeños ventanales calados por delicadas celosías de idéntico material, de indudable influencia islámica y por lo tanto cordobesa, que convierten a este espacio adosado, en todo un precedente para construcciones levantadas años más tarde, como es el caso del templo de San Miguel de Escalada, pese a que su pórtico, a diferencia del asturiano se encuentra totalmente abierto al exterior. Por otra parte, la existencia de dos goznes exteriores a uno y otro lado del vano de acceso desde el lado sur, dejan entrever la posibilidad de que hubiese existido algún tipo de cierre.

Una vez atravesado el umbral de la puerta, no sólo sorprende al visitante los restos de pigmento, la esmerada decoración de sus capiteles que remiten a repertorios paleoislámicos, aunque enmarcados por el típico collarino sogueado propio del prerrománico, sino también, la presencia aquí de cinco fajones decorando la bóveda de medio cañón que al igual que estos se construye en ladrillo. Al exterior del muro meridional de la iglesia se dejan ver los contrafuertes, por encima de la cubierta de esta estructura porticada, cuya presencia proporciona aún más argumentos en favor de una cronología un poco más tardía, para un espacio denominado según la tradición popular como pórtico real. En cuanto a su posible función, la existencia de una portada, relacionada con la escalera que desde la nave de la epístola conduce a la tribuna, emplazada sobre el nártex, induce a pensar en un posible espacio de recepción real, aunque esta funcionalidad no está plenamente documentada, pues su pavimentación, compuesta por arena de grano suelto podría haber albergado posibles enterramientos, cuya existencia no ha podido ser verificada, al no haber sido nunca sometido a prospecciones arqueológicas.

A su vez este templo, conocido popularmente como el Conventín, estaría en su mayor parte pintado con vivo colorido. En el exterior ese pigmento que recubría los muros ya ha desaparecido. En cambio en el interior, aún se conservan importantes muestras en las que se combina, tanto la tradición tardorromana como un influjo de indudables connotaciones islámicas junto con el legado cristiano manifestado, no sólo a través de motivos cruciformes, sino también del típico crismón.

Claustro del Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias)

Claustro del Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias) / monasteriovaldedios.com

El Monasterio de Santa María la Real

El 27 de noviembre del año 1200, transcurridos 290 años desde la muerte del rey Alfonso III (año 910),se escribe una nueva página para la historia del valle al ceder el rey Alfonso IX y su esposa Berenguela a los monjes del cister la heredad de “Boiges”.

Un año más tarde los soberanos conceden al monasterio que por aquella época denominan de Valdediós, la propiedad de Melgar,-ubicada entre las villas de Valencia y Mansilla (Provincia de León)-,con todas sus dependencias y territorios.

Los primeros monjes habrían llegado a Valdediós desde el monasterio de “Sobrado dos Monxes” (ubicado en la Provincia de la Coruña),enclavado a unos 60 km de la capital y dependiente de la casa madre de Clairvaux. En 1220 el rey otorga a Valdediós su dominio de unos 7 km2 sobre el que el cenobio tenía pleno control. Es a partir del año 1218 cuando, tras una importante obra de ingeniería consistente en la modificación del río Asta y enmarcándolo dentro de una arquitectura tardo-románica de estética cisterciense, se emprende la construcción del Monasterio de Santa María de Valdediós bajo el abadengo de Juan IV y contando con la presencia del maestro Gualterio.

De acuerdo con la tradición constructiva monástica, lo primero que se habría levantado sería la cerca que delimita la “Civitas Dei” (la Ciudad de Dios). Luego se continuaría por la cabecera del templo abacial, constituida por tres capillas dotadas de testero semicircular, más propio de un monasterio benedictino o cluniacense que de uno cisterciense. En cuanto a su sistema de cubiertas, el ábside se cubre a través de una bóveda de cuartos de esfera que descansa sobre nervios, mientras la zona del presbiterio que se separa del espacio absidial mediante un sencillo arco toral, lo hace con cañón apuntado. Cada una de ellas se delimita mediante tres arcos triunfales, los dos laterales apuntados y el central de medio punto, aunque con tendencia hacia el apuntamiento. Todos ellos se abren hacia un transepto apenas destacado en planta y cubierto de crucería de varios plementos. A este le siguen las tres naves rectangulares, típicas de un templo de planta basilical de cruz latina. Cada una de ellas se comunica mediante arcos formeros de medio punto de tradición románica que apoyan sobre gruesos pilares cruciformes cuya complicación está en sintonía con la complejidad del sistema de abovedamientos. En el caso de las bóvedas todas ellas se articulan y refuerzan por medio de arcos perpiaños.

Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias)

Monasterio de Santa María de Valdediós, Villaviciosa (Asturias)

En cuanto a los motivos ornamentales de los capiteles, en ellos predomina la estética cisterciense manifestada a través de estilizaciones vegetales y motivos geométricos. La única excepción la encontramos en uno de los cul- de- lamp del lado del evangelio de la nave central donde aparece labrada una máscara antropomórfica. Por lo que respecta al material predominante en la edificación, se utiliza piedra arenisca de grano grueso de tonalidad clara y de corte limpio siguiendo la tradición cisterciense.

El templo se comunica al exterior mediante cuatro portadas constituidas por varias arcadas de medio punto y sencillos capiteles en los que predomina la temática vegetal. Una se abre al norte, la llamada portada de los muertos que conectaba con el cementerio de la comunidad cisterciense y en cuyo tímpano se ha cincelado la inscripción fundacional . Otras tres se ubican a los pies, mientras una quinta conduce al claustro. Además la iglesia abacial aún conserva bajo el balcón de los enfermos, la llamada escalera de maitines que facilitaba el acceso con el dormitorio común del siglo XIII.

A finales del siglo XVI , y después de haberse unido a la Congregación Cisterciense de Castilla, se introduce un coro alto, a los pies del templo, enriquecido con una sillería coral de estética manierista tallada por los hermanos Andrés y Francisco González. Los estalos están tallados en madera de nogal y se ornan con motivos geométricos. De esta misma cronología y autoría son los relieves de Santiago y Santa Úrsula, emplazados en las inmediaciones de la reja de clausura que delimita el espacio del sotocoro.

El 24 de agosto de 1691, una inundación asoló el monasterio causando los consiguientes desperfectos para la fábrica monacal. Esta fatídica fecha ha quedado cincelada para la historia sobre dos pilares de la nave central . Avanzado el siglo XVIII se introduce el órgano ibérico de estética barroca y el retablo de San Blas, ubicado en la nave del evangelio,  en las inmediaciones del transepto. A mediados de este siglo la comunidad cisterciense encarga al prestigioso maestro Manuel González Manjoya el retablo mayor. Se trata de un retablo de estilo barroco y construido en madera de castaño. En la predela dos relieves muestran escenas asociadas a la vida del impulsor de la vida cisterciense, San Bernardo de Claraval. El del lado del evangelio presenta el momento en el que aparece acostado en su camastro al sufrir una grave enfermedad, estando asistido por Benito de Nursia, San Lorenzo y la Virgen María. En cambio en el relieve del lado de la epístola, se representa el coche de caballos en el que viajaría San Bernardo, con la presencia del diablo o Lucifer que aparece como castigado sustituyendo la rueda que previamente había roto cuando el santo iba a fundar una abadía. En cuanto al único piso del que consta el retablo, éste dividido en tres calles, ofrece en sendas hornacinas por el lado izquierdo a San Alberico, por el derecho a San Esteban Harding y en el centro la Virgen bajo el misterio de la Asunción. Mientras tanto, en la parte alta del retablo, en el ático, aparecen representadas tres abadesas de la misma orden religiosa. De ellas tan solo se puede identificar a la ubicada en el centro Santa Lutgarda.

Conventín de Valdedios, Villaviciosa (Asturias)

Conventín de Valdedios, Villaviciosa (Asturias) / monasteriovaldedios.com

Adosado al lienzo meridional del templo se construyó un claustro de estilo tardorrománico que siguiendo el pautado propio del monacato cisterciense, constituía el núcleo en torno al cual giraba la vida de la comunidad. Pero como consecuencia de dos fatídicos incendios, uno en 1238 y el otro en 1344 y de una inundación se perdió. Ante esta dramática situación fue necesaria la construcción de uno nuevo de estilo renacentista compuesto de dos pisos. En el piso bajo aún se conserva, cerca de la llamada puerta de los Padres, la portada del “armarium” o “librarium” del siglo XIII. Tras ella se custodiaban los libros dedicados a la “lectio divina”. A su vez el claustro está articulado por cuatro crujías. La orientada al este, donde se situaba la sala capitular, segundo espacio más relevante del monasterio. Allí se desarrollaba el gobierno de la abadía.

La situada hacia el sur, en la que se ubicaba el refectorio de la comunidad y hacia el oeste la cilla o despensa. Todos estos espacios tan solo se conocen a través de los restos arqueológicos conservados. En cambio en el piso superior del claustro se localizaban las celdas ya independientes que sustituían al primitivo dormitorio común del siglo XIII, situado sobre la sala capitular orientada hacia el este. Más adelante, en el año 1777 se construyó el último piso del claustro para albergar un mayor número de dependencias.

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