Los peregrinos de la Asociación de Camino de Santiago de León “Pulchra Leonina” hemos caminado las etapas del Viejo Camino de Santiago por la provincia de León en estos dos últimos años y aún está programado el recorrido que nos queda, para realizarlo esta primavera

León – 14 MAR 2016 – Texto y fotos de Rafa Cid y Rasa Fadón

Descubrimos la historia antigua y medieval que trasmiten las piedras y las ruinas del Monasterio de San Guillermo de PeñaCorada

Salimos del Santuario de la Virgen de Velilla donde, como dijimos en nuestro anterior relato, se encontraba la lápida sepulcral de San Guillermo, para visitar las ruinas de su monasterio.

En nuestro peregrinar ascendemos por la enorme montaña de PeñaCorada. Es un gran macizo de 8 kilómetros de largo por 3 de ancho, compuesto por tres grandes picos que van desde Cistierna hasta la Mata de Monteagudo. Constituye la entrada a la Cordillera Cantábrica y esta PeñaCorada se ve airosa desde muchos kilómetros a la redonda, igualmente que desde sus cimas se alcanzan a ver amplias panorámicas y desde ella fueron vistos por primera vez Los Picos de Europa. Es una gran mole de piedra caliza sonrosada por la luz del atardecer. Nos preguntamos qué nos contarían sus piedras si supiéramos escucharlas.

Nuestro amigo Santiago, montañero avezado, nos contó que PeñaCorada fue la primera montaña en la que se documentó el primer ascenso deportivo del que tenemos constancia escrita. Dijo que fue la puerta para los Picos de Europa, que se vislumbraron por primera vez desde aquí.

Subíamos por el campo silencioso y sombrío, casi fantasmagórico con esos grandes robles añejos, negros y desnudos contra la blanca nieve. Dicen que ya estaban aquí en el siglo XIV pues el Libro de la Montería de Alfonso XI les nombra en Peñacorada, cuando cita las cacerías de osos y puercos en la Mata de Monteagudo, Robledo de la Guzpeña, San Martín de Valdetuéjar, San Guillermo y los Torales de la Llama. Pero debían de estar mucho antes, pues esta zona hoy solitaria, estuvo muy poblada en épocas pasadas. Íbamos en fila india por la nieve abundante, de la que sobresalía la gran piedra con la flecha amarilla marcando el Camino jacobeo.

Peregrinos-Peñacorada

Si nos fijamos en sus piedras somos capaces de entender sus mensajes. Por doquier se aprecian restos de castros prerromanos donde vivían los bravos pueblos cántabros y hay huellas de la conquista romana que trazó calzadas para subir a todos sus escondites, pues Roma no se detuvo hasta conquistar todo el territorio. “La PeñaCorada fue mojonera de la nación Cántabra por el Suroeste y entrada al país de Vadinia, como lo confirma el hallazgo en la Iglesia de Robledo de la Guzpeña de una lápida perteneciente a Dovidero hijo de Amparamo, príncipe de los Cántabros” dijo Siro Sanz: http://exsurgecistierna.blogspot.com.es/2013/02/penacorada.html.

De pronto vemos el cartel de la ruta “La Huella de las Legiones” indicando la calzada romana, que comunicaba las cuenca del río Esla con la del Cea, camino de asedio a los numerosos castros.

P. Eutimio Martino publicó su libro “Roma contra Cántabros y Astures” gracias a una incansable investigación “in situ” y al estudio, tanto de textos clásicos como de la toponimia. En él nos ha descubierto mucha historia de nuestra montaña y junto con el historiador Siro Sanz han seguido sus investigaciones, publicadas en “La huella de las Legiones, Cuadernos de Campo”. Sus hallazgos nos sirvieron de acicate para intentar aprender a mirar las piedras, para descubrir las antiguas calzadas de conquista, observando el suelo, en su mayor parte empedrado o con tramos de enlosado primitivo, potentes muros de contención y a veces cortes en la roca para permitir el paso. Cuando se entra en los bosques y pastizales se transforma en un sendero y al llegar a los ríos aparecen los puentes, a veces de magnífica obra de ingeniería.

Buscamos el Monasterio de San Guillermo por zonas agrestes. Los osos y jabalíes siguen señoreando estos bosques, ahora ajenos al fausto de cacerías de reyes, pero asustando a los peregrinos tanto como los lobos, pues descubrimos sus huellas o rastros de hozar junto a raíces. Las ruinas del monasterio se encuentran apoyadas en la Peña, en un lugar rocoso al que llega un hilillo de agua. Tiene una muralla lateral y se aprecian terrazas construidas en la ladera, con fuertes muros de contención.

Sólo se comprende su utilización como monasterio, para aprovechar construcciones ya existentes, como dicen Eutimio Martino y Siro Sanz, de un campamento militar romano construido durante las guerras cántabras.

Porque cuando se produce la invasión musulmana la historia se repite. Los cristianos, como antiguamente los cántabros, vuelven a refugiarse a las montañas. Las fuertes edificaciones romanas, torres, luteros, vuelven a reutilizarse.

Los monjes se protegen en ellos de una posible incursión musulmana y serán junto a los nobles que acuden desde sus castillos, los impulsores de la repoblación, irradiando riqueza y cultura a los bravos campesinos, que a menudo tienen que ejercer de guerreros que se atreven a repoblar, a pesar de las circunstancias de una vida muy dura.

Por el año 874 se documenta la repoblación entre Peñacorada y Riaño. En esos años es cuando los reyes piden a la nobleza “restaurar los castillos de Aguilar, Fuentes, Santa Olaja, los Torrejones de Valmartino y el Murrial de Cistierna”

Camino-Peñacorada

Como punta de flecha de la repoblación se establecen multitud de monasterios, hoy desaparecidos. “En el siglo X por Peñacorada están los monasterios de Santa Juliana, San Vicente, San Andrés, San Facundo, San Martín de Tuéjar, Santo Tomé de Peñacorada y Santos Facundo, Primitivo y Cipriano en Cistierna, algunos de fundación más antigua, de origen Visigótico” Citado por Siro Sanz en:
http://exsurgecistierna.blogspot.com.es/2013/04/guillermo-de-penacorada.html

Las viejas piedras cobran vida y San Guillermo se instala en PeñaCorada.

Después de inspeccionar las ruinas del monasterio, fuimos descendiendo hacia Cistierna y Siro, que nos acompañó junto a los socios de “Amigos de la Ruta Vadiniense”, nos fue desgranando… la historia de la recuperación de la reliquia de San Guillermo, el eremita de la gruta de Cistierna, relato que os prometimos la semana pasada.

Él recordaba escuchar a un tío suyo, canónigo de la Catedral de León, que los restos del Santo estarían en el Bierzo, en el monasterio de Villabuena.

Pero ¿Cómo habían llegado los restos desde Peñacorada a Villabuena? Fue en la época en que se anuló el matrimonio del rey leonés Alfonso IX con su prima Teresa de Portugal. Ella funda para las hijas de ambos, Sancha y Dulce, el monasterio de Villabuena que anteriormente había servido a los reyes de León como residencia de recreo y enterramiento. Con ellas llegaron los restos del Santo. Existe un memorial de 1585 conservado en el archivo de San Miguel de las Dueñas que hace referencia a la arqueta que se trajo del monasterio de S. Guillermo de Villabuena con las reliquias, cuando el monasterio de Villabuena quedó arrasado por una crecida del río Cúa.

Finalmente el 28 de marzo de 2014 fructifican las gestiones realizadas por la Asociación Ruta Vadiniense, Instituto Bíblico Oriental, el párroco de Cistierna y el mayordomo de S. Guillermo, que consiguen de la Comunidad de San Miguel de las Dueñas una reliquia del Santo para ser venerada en Cistierna.

Restos del monasterio de San Guillermo

Restos del monasterio de San Guillermo

Más detalles sobre las reliquias de San Guillermo en:
http://exsurgecistierna.blogspot.com.es/2014/05/resumen-de-la-conferencia-san-guillermo.html

Estábamos ya cerca de la gruta de S. Guillermo y pasamos a hacerle una visita, antes de entrar en el bullicio urbano de Cistierna. Es este lugar para meditar y sentir su sobrecogedor silencio. Es un lugar mágico.

Al caer la noche, al calor del hogar, los peregrinos contaremos posibles encuentros con osos y lobos, entre aspavientos de la concurrencia y se narrarán las abundantes leyendas de tesoros escondidos en las concavidades de PeñaCorada, los castros con su historia antigua, nuestras andanzas por el monasterio de San Guillermo, por el Santuario de la Virgen de la Velilla y por las calzadas romanas.