El poeta leonés, de vuelta a casa, rememora sus sensaciones y vivencias durante el viaje que realizó recientemente al país centroamericano, invitado por la Universidad del Estado de México y la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, para participar en una serie de actos en recuerdo del poeta Juan Gelman

León – 7 MAY 2015 – Rafael Saravia (Tam Tam Press)

Por Rafael Saravia

Esta vez no hubo dolor en el viaje. Sin accidentes ni incidentes que alimenten el emblema literario. El único accidente fue la amistad.

Acudo a México invitado por la Universidad del Estado de México y la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega, con la sapiencia de encontrarme con antiguos amigos y rehacer nuevas uniones entre conocidos y desconocidos.

Todo estaba hablado, aunque nada cerrado del todo, como quien sabe que hay una dilatación especial que se amolda a eventos de esta clase. Todo fluye.

Saravia con Hugo Gutiérrez

Saravia con Hugo Gutiérrez

Me recoge en el aeropuerto del DF la maestra Celina. Una mujer que asume que el conocimiento es más por inmersión y contacto, que por erudición teórica. Nos encontramos a gusto y así ocurrirá durante la mitad de mi estancia en México a su lado.

Surge el encuentro esa misma noche con la magia del DF, amistades explosivas que generan calor apetente en el recuerdo de llegada.

Al día siguiente empieza mi actividad. Dentro de un programa “Abril mes de la lectura” que la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) lleva desarrollando durante varios días. Mi contribución al programa se compone de lectura de mi reciente publicación en México “La transparencia de las cerraduras” (Atrasalante Ediciones, 2014) y una conferencia en torno a la obra e influencia de Juan Gelman en las letras actuales. Al día siguiente de mi llegada comenzamos con una entrevista-lectura grabada en video en Casa Tlalpan para el archivo de esta institución. Tlalpan hoy en día se pude considerar una colonia del DF, pero lo cierto es que hace tiempo fue considerada ciudad y de renombre. Situado este barrio a unos 20 minutos en coche (si no hay mal tráfico) del centro histórico (del Zócalo, por ejemplo) es un lugar de lo más acogedor y estimulante. Donde las gentes todavía gozan de esa confianza que genera la condición de barrio-pueblo.

Por la tarde, en esta colonia que va ganando adeptos que anhelan el antiguo fervor que generaba el ambiente de Coyoacán, comenzó la primera de las conferencias. Casa Tlalpan, con equipo de grabación recogió un conversatorio donde los grandes poetas Jose Ángel Leyva, Mohsen Emadi y yo reconocimos lugares astronómicos donde gozar con la mirada plural y mística del maestro y amigo Juan Gelman. La noche acabó llena de vino, mezcal y tortilla española en casa de José Ángel Leyva, además de versos y dilemas… ¿quién será mejor poeta… Cernuda o Lorca?

El día y medio después fue para recordar viejos tiempos con buenos amigos. Con Eduardo Milán la mañana del sábado fue revitalizadora. Tomamos levemente, nos asociamos con la vida de un boleador de zapatos y entendimos que la apetencia de pensamiento en el día a día es una muestra de abandono hacia el sistema que todo lo quiere consumir. Nos intercambiamos libros… entre otros, yo me traje del mismoMilán algunos títulos como “Ensayos por ahora” o un descubrimiento de Eduardo… el libro “Necropolítica” del camerunense Achille Mbembe.

Con Estefanía Albarrán y José Mariano Leyva supe degustar tequilas, xelas y buen pescado entre azoteas chic y el local que guarda el orificio de un disparo de Pancho Villa.

El domingo, después de la resaca viajamos Celina, mi buen amigo Raúl Rivera –que me acompañó a cada lugar durante estos días– y yo a Toluca, capital del Estado de México y donde impartiría igualmente una lectura de mis poemas y una conferencia sobre Juan Gelman.

La llegada fue en torno a la hermandad. Fuimos a comer a la casa particular de Celina, donde su familia nos obsequió con una comida deliciosa, y una hospitalidad que abre los poros a quien busca la complicidad. Para comer, llegó quien tal vez sea la persona que ha generado y hecho posible este encuentro. Hablo de Ivett Tinoco, que junto con parte de su equipo, Esteffy y Mauricio, estan generando un cambio sustancial en la manera de pensar de la UAEM; al menos en el aspecto cultural –por tanto… asumimos que en el eje principal del pensamiento de una sociedad–. La comida estuvo llena de risas, anécdotas, recordatorios emotivos…Circularon amigos, conocidos, escritores sin más… Ellos eran muchos… ellos eran, por ejemplo, Amancio González, Gamoneda, Poniatowska… la banda sonora fluyó por varios registros… hasta llegar al mismísimo David Summers.

Al día siguiente comenzaba el programa en el que yo participaría en la ciudad de Toluca. Por la mañana, después de que Diana –una joven estudiante que ha vivido en nuestro León durante meses y admira y recuerda la Catedral con cariño enorme– me enseñase la representación de mi hermano mayor, el Hombre Sol, vidriera primordial en la creación del Cosmovitral, un lugar donde la luz se ha hecho historia de nuestros mundos y la mano del maestro Leopoldo Flores ha sabido generar éxtasis en el vidrio; pude compartir la conferencia programada con mi buen amigo Mohsen Emadi y la gran poeta y periodistaMiryam Moscona. El Teatro Los Jaguares estuvo lleno de estudiantes que gozaron con los poemas deJuan Gelman en persa, sefardí y español, y la celebración se alargó en casa de Ivett Tinoco, comiendo y celebrando la reunión extrema que genera esta mujer. Su labor está en ese orden; Ivett sabe mirar con esos ojos plurales y llenos de accidentes mágicos para poder devolver esa mirada lúcida y comprometida a todos los ciudadanos del Estado de México. La realidad es que su labor como docente ha quedado eclipsada por su impresionante poder de unión y colisión con los pensamientos más atrevidos que se generan en el mundo y, desde su labor como Secretaria de Cultura de la UAEM, le está ofreciendo a los habitantes de Toluca algo que no van a poder agradecer en décadas: que sean confluencia y vértice de primera en la gestión a nivel mundial de redes de pensamiento superior gestadas por escritores, poetas, músicos y artistas de primer orden mundial. Si a todo esto, le sumas que es fácil conectar con el alma de esta gran mujer, sólo puedo tener palabras de elogio para esta excepcional gestora de lo público y desde ya amiga siempre.

 

Después de la comida pude conversar y compartir poemas con alumnos de la Universidad y del resto de la ciudad, disfrutando de la emoción que se generó en la lectura. Hubo preguntas, nos las intercambiamos, y se alimentó la tarde de cada uno de los que allí estábamos.

Al día siguiente pude visitar un lugar mágico. Uno del que el mismísimo Antonio Gamoneda se enamoró cuando viajó hace pocos meses por estas tierras para que le invistiesen como Doctor Honoris Causa de la UAEM.

Esta población se llama Malinalco, un lugar donde los Guerreros Águila y los Guerreros Jaguar supieron elevar la integridad de los pobladores primeros. Donde se cultiva café y se encuentra la biblioteca del académico y poeta indefinible Luis Mario Schneider. Un lugar donde la trucha es alimento esencial y por tantas cosas yo sentí una ligazón especial con este lugar.

Comí con mi buen amigo Raúl Rivera y con Celina, y el azar esotérico que rodea a este lugar, hizo sin duda posible uno de esos encuentros especiales que uno sabe no se acogerán nunca a lo explicable. Mi buen amigo Miguel ASA, cuyo origen es la ciudad de Guadalajara, a casi 600km de distancia, alzó mi nombre en mitad de la plaza de Malinalco, y se hizo un abrazo no programado pero emocionante. Un encuentro lleno de ilusión y buenos augurios.

Lo vivido en estos días junto a Ivett, sus hijos, su equipo… Los proyectos que nacen con el esfuerzo y visión de Rosario Rogel, Mauricio, Estefanía, Celina, Raúl y tantos más… me los llevo agarrados en cada branquia que nos da un aire diferente con el que plantearnos la vida. Aquí no acaba esta relación que ya rueda con naturalidad.

El día siguiente fue día de madrugón, viaje al DF y vuelo a Puerto Vallarta. Me esperaba allí un encuentro internacional de poetas organizado por la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega de la Universidad de Guadalajara y por el apoyo de todo el pueblo Vallartense.

Saravia, Leyva, Celina y Mohsen.

Saravia, Leyva, Celina y Mohsen.

Ya en el vuelo me encontré con Hugo Gutiérrez Vega y su mujer, Lucinda, a quienes elevé de rango a los pocos días pasándolos de maestros a amigos, pues en ese lugar uno aprende siempre más, y es impresionante el grado de conocimiento y sobre todo, de conjugación humana con el que Hugo y su mujer me colmaron.

El lugar, conocido por todos como uno de los paraísos turísticos, guarda eso y mucho más. Una magia especial por la poesía que viví a lo largo de los días que allí compartí. Ya según llegamos al impresionante hotel, los que allí estábamos nos miramos como queriendo descubrirnos. Pero no fue hasta que fueron pasando las horas y los versos cosidos al pueblo mismo, cuando hicimos del encuentro su realidad última. Por eso me acuerdo tanto del poeta uruguayo Jorge Arbeleche, de nuestras comidas y charlas, de nuestros recuerdos poéticos y conversaciones entre viaje y viaje… También me acuerdo de la poeta polaca Krystyna Lenkowska y su elegancia, sus poemas llenos de lengua y existencia; de la poeta suecaMara Lee y su incomodidad al servicio de lo justo, lo necesario; del humor e ingenio del poeta nacido en Quebec, Bernard Pozier; de la profundidad textual de la poeta de Montreal, Isabelle Courteaude; de las traductoras y escritoras Maya y Francoise… o de mis amigos Patrick Quillier y Sergio Morais, poetas francés y portugués respectivamente que supieron darle el tempo legítimo a la protesta justa, al verso que no se emancipa de nuestra realidad humana, de la nota afinada en contra de la comodidad.

De México nos arroparon poetas de muchas partes… Las noches se hicieron cómplices para acercar la voz y el albur de Juan Carreón, de Querétaro; la inquebrantable electricidad del poeta de GuadalajaraÁlvaro Luquín y su vertiginosa palabra urbana; la generosa virtud del que sabe que la palabra es tanto o más tesoro que lo que uno gana en el tránsito vital se la debemos a Nacho Cadena, que compartió poemas, experiencias y amistad, además de ser parte imprescindible en el apoyo económico para esta actividad. O sin duda, la maestría de la poeta homenajeada este año, Coral Bracho.

Fueron días apetecibles, conversaciones amenas y profundas sobre la sitación de la cultura a uno y al otro lado del charco como las que tuve con Rafael Morcillo, pero sobre todo celebración y comunión en torno a la palabra y su disidencia formal.

Días llenos de poetas y amigos, recuerdo a Raúl Gibran, Ramón Domínguez, Jorge Souza, Zelene, Gustavo Íñiguez, Mariana Pérez Villoro… y tantos más.

Pero la realidad de toda esta red de esperanza y bien hacer está sin duda en las manos de dos grandes hombres que bregaban cada día por que lo importante estuviese de nuestro lado, hablo sin duda deViktor Boga y el director del festival, Alejandro Sánchez. Gracias a ellos, y a la humanidad de Hugo y Lucinda, pude compartir abrazos, lecciones y lecturas… risas, tequilas y complicidades.

El regreso, con una de las conversaciones más emotivas del encuentro, fue asiento con asiento en el avión al DF con Coral Bracho. A ella debo la sonrisa de mi madre al recibir sus chocolates.

Como habréis visto, las sensaciones se multiplican en México. La lengua y su lenguaje despeinado, el poema, son siempre recibidos con honores de compadre, no de ministro tieso. Por eso mi afinidad con los compañeros de allá siempre estará viva, por eso sé que la vuelta será pronto. Gracias sin duda a todos los que ejercen de duendes comprometidos con este verso imposible que me obceco en contagiar.