El circuito museístico de la catedral de Zamora ha incorporado como nuevo espacio, y tras dos años de rehabilitación, la capilla de Santiago, antiguo vestuario capitular que ahora acoge las esculturas de piedra halladas durante los últimos años con el descubrimiento de los lucillos del templo

Zamora – 21 SEP 2016 – Redacción

Representantes de la Diócesis de Zamora presentaron el resultado de las obras de restauración de estancia previa y la capilla, que funcionó como sala capitular desde 1421 hasta 1925.

Los trabajos, que se desarrollaron entre 2014 y 2016 fueron financiados exclusivamente por el Cabildo Catedral de Zamora, incluyeron la excavación del subsuelo, el picado de enlucidos, la apertura de cegamientos, la construcción de una cámara exterior para liberar las humedades y diversas obras de adaptación del espacio como nueva sala de elementos pétreos del Museo Catedralicio.

Catedral de Zamora

Catedral de Zamora

Las obras, que supusieron una inversión de 180.000 euros, sacaron a la luz diversos lucillos sepulcrales, una ventana tardorrománica con arco doblado de medio punto, el solado medieval original, que ha sido cubierto con losas del antiguo suelo de la Catedral, y un nicho o cabaña original del retablo de Santiago, del primer tercio del siglo XVI, con pinturas murales en su intradós, obra de Blas de Oña. En su fondo se hallaba el epitafio de Vilida y su hijo Fernando García, canónigo, del siglo XIII.

Asimismo, se descubrieron varias pinturas murales de la primera mitad del siglo XVI en el arco que comunica la estancia previa y la capilla y los plementos pétreos de la bóveda de crucería de la capilla, de la primera mitad del siglo XIII. A ello se añade el hallazgo de cuatro columnas con capiteles figurados con escenas de la Resurrección final, de la primera mitad del siglo XIII, dos de los cuales mantienen restos de policromía.

Espacio museístico

El espacio que se une ahora al circuito museístico muestra diversos objetos descontextualizados, fragmentos de un sepulcro mural de alabastro, de hacia 1500, en la estancia previa a la capilla de Santiago. Esta alberga un grupo escultórico de la Virgen con el Niño y San Juanito, en mármol de Carrara, datado en torno a 1520 y atribuido a Bartolomé Ordóñez, que procede del desaparecido monasterio de San Jerónimo; un retablo de Santiago, de la década de 1530, atribuido a Gil de Ronza y Blas de Oña como autores de la escultura y la pintura, respectivamente, así como esculturas de Cristo Salvador, San Juan Bautista, San Marcos y San Lucas y relieve de la Anunciación, de 1500, aproximadamente, atribuidos al maestro del sepulcro del doctor don Juan de Grado, hallados en 2001 en la capilla de San Juan Evangelista.

La capilla de Santiago también alberga un Cristo en majestad y grupo de la Anunciación, del siglo XIV, procedentes de la portada de la capilla de San Bernardo; un paje dormido, del primer tercio del siglo XVI, atribuido a Gil de Ronza, procedente de un sepulcro catedralicio; un ángel, del siglo XVI, hallado en el lucillo sepulcral del alcalde don Lope Rodríguez de Olivares y un fragmento de frontal, en el reverso; datado hacia 1300, y epitafio, en el anverso, hacia 1620, procedente del lucillo sepulcral del chantre don Juan de Busto.

Durante cinco siglos, de 1421 a 1925, la capilla de Santiago funcionó como sala capitular, lugar de reunión de los canónigos, donde se realizaban los nombramientos y se celebraban diversos actos jurídicos y, a partir de 1925, hizo las veces de vestuario capitular. Entre 1827 y 1830 se llevó a cabo su transformación mediante un proyecto que incluyó la fabricación de portadas, escaleras, ventanas y pretil metálico; la elevación del solado y embaldosado, el cegamiento de vanos antiguos y el enlucido de los muros, incluidas las columnas angulares, y la bóveda.

La de Santiago y la de San Miguel o del Santísimo son dos de las capillas que perviven a nivel estructural del claustro medieval, que pereció en el incendio de 1591.

La primera campaña constructiva de la Catedral de Zamora se inició en 1151 y concluyó en 1174, con la consagración del templo. La segunda campaña se desarrolló durante el último cuarto del siglo XII, cuando se construyeron las cubiertas, incluido el característico cimborrio, y la tercera campaña se sitúa en el primer cuarto del siglo XIII, cuando se edificó la torre y el claustro, obra del maestro Pelagio, que testó en 1219.