El C.R.D.O. Ribeiro se constituye mediante la orden del 6 de diciembre de 1956 siendo aprobado su primer reglamento en 1957

León – 23 SEP 2016 – Redacción

La calidad y la fama de los vinos del Ribeiro  determinan la necesidad de regular su  origen. Nacen así, en 1579, las Ordenanzas  Municipales de Ribadavia que determinan  los lugares y parroquias que podrán  producir y vender vino del Ribeiro, el lugar  exacto de mercado dónde deben situarse, las operaciones de manipulación permitidas y las sanciones a quienes contravengan dicha Ordenanza.

Estas Ordenanzas son el precedente de los Reglamentos de los actuales Consejos Reguladores. La O.M.P.I. reconoce estas ordenanzas como los primeros indicios de protección de una indicación geográfica en el derecho español.

El Casal de Viña Meín en la DO Ribeiro

El Casal de Viña Meín en la DO Ribeiro

La D.O. Ribeiro abarca una superficie de casi 3.000 hectáreas  de viñedos; y comprende los municipios de Castrelo de Miño,  Arnoia, Beade, Ribadavia, Carballeda de Avia, Cenlle, Cortegada,  Leiro y Punxín, y parcialmente los de Boborás, Ourense,  Carballiño, San Amaro y Toén.

Este zonificación geográfica de la viña se debe a la tradición y a  las limitaciones climatológicas que supone la altitud. Situándose  principalmente en las laderas de los valles que conforman la  denominación.

Una característica que marca fuertemente el territorio de la D.O. Ribeiro es el gran  minifundismo que existe y la compleja orografía. Esto hace que los viticultores utilicen técnicas  tradicionales, casi artesanales en los trabajos del  viñedo, lo que resulta muy costoso en tiempo y  mano de obra, y por supuesto económicamente,  pero aporta gran personalidad, singularidad y calidad al producto.

El peculiar clima se ve favorecido por las barreras naturales y su situación meridional en Galicia, que protegen el territorio de borrascas subatlánticas y proporcionan un  ecoclima de transición  oceánico-mediterráneo, por lo que es húmedo y de temperaturas templadas de 15ºC de media anual,  con veranos cálidos e inviernos fríos. Sus características intermedias entre los climas oceánico y  mediterráneo permite que el fruto de las viñas madure, conservando a su vez aroma y frescor.

Los suelos tienen una profundidad media de  50-100 cm, lo que permite un buen desarrollo del  sistema radicular y una adecuada nutrición de la  planta. Su origen es fundamentalmente granítico con  importante presencia de piedras y gravas que  mejoran la macroestructura del suelo.

Las texturas  predominantes son franco-arenosas,  y en menor medida areno-francosas, si bien  también se pueden encontrar texturas francas  en zonas de sedimentos aluviales y texturas más  finas sobre rocas metamórficas. Los suelos con predominio de textura arenosa  son cálidos y de buen drenaje, lo que unido a las  escasas precipitaciones de julio a septiembre,  favorecen el estrés hídrico en maduración.

La elaboración del vino en las bodegas suele ser sencilla,  dejando actuar a la  naturaleza e interfiriendo  lo absolutamente necesario  para extraer la personalidad  y naturalidad del entorno  agroclimático que las uvas  han acumulado.