Las manos de Rosario Schlatter se deslizan por el barro manso como los niños por un tobogán, disfrutándolo a tope. Los materiales con los que trabaja esta artesana para poner en pie sus creaciones son una manera de visualizar la vida, de comunicarla, de compartirla

León – 18 ABR 2016 – Isaac Camacho (Tam Tam Press)

Alfileres, bolillos, almohadilla o “mundillo”, lanzadera, patrones, hilos de seda, lino, lana o algodón son algunos de los instrumentos con los que durante muchos años convivió Rosario Schlatter para crear abanicos, pañuelos, tapices con motivos contemporáneos, grafías figurativas, huellas de su quehacer artístico a través de la técnica del encaje de bolillos.

Autodidacta por obligación, cuando internet era un duende en estado embrionario, la artesana sevillana quiso subsanar las lagunas de formación con las que ella se encontró, escribiendo el libro Manual de encaje de bolillos (1997), un texto elemental para introducirse en las tareas del encaje.

“Crisálidas”, de Rosario Schlatter

Piezas de la serie “Crisálidas”, de Rosario Schlatter / Fotografía ©Ana Escalera

La obra recoge desde el origen egipcio y griego de estas labores manuales hasta el llenado de bolillos, su realización, los puntos básicos, las partes de un encaje y la utilización de otras técnicas dependiendo del tipo de trabajo que se pretenda llevar a cabo.

A lo largo de esta recapitulación histórica y práctica, Schlatter plasma también las dificultades y prohibiciones que sufrieron las autoras de estas labores ya que, en el siglo XVII, los reyes Felipe III y Felipe IV dictaron pragmáticas impidiendo este trabajo y su uso. El texto rinde homenaje, asimismo, a las mujeres que tradicionalmente ejecutaron estas manifestaciones llamadas “artes aplicadas”, en las que no figuraba ni “marca propia ni fecha de elaboración”, una negación atávica que venía a definir a las creadoras femeninas como las grandes olvidadas del proceso creativo.

Superado el largo periodo de aprendizaje, la autora explora nuevos caminos, investiga y se inicia en el diseño de los propios patrones del encaje tradicional, reinterpretándolos y, al mismo tiempo, “inventando otras formas en las que usaba bolillos para tejer encajes que no lo eran”.

En la etapa propiamente creativa, se centra exclusivamente en los puntos básicos (punto entero y medio punto), introduciendo materiales como el cáñamo, alambre, yute o lino con los que obtiene una mayor versatilidad a la hora de reflejar sus propuestas artísticas.

“Crisálidas”

Fruto de la búsqueda de ese sello personal, Rosario Schlatter acaba de terminar la colección “Crisálidas”, un proyecto que combina la armonía del barro con el detalle textil salido del paciente encaje de bolillos. Dos campos creativos a los que siempre había imaginado como “ideales compañeros de viaje”, señala.

Después de décadas centrada en el encaje de bolillos tradicional, confiesa que se aburría “porque al final siempre terminaba en lo mismo”, y se siente reconfortada al descubrir el manejo, las formas y el diálogo de una pella de barro convertida en obra de arte con la ayuda del torno.

La artista encontró la inspiración de “Crisálidas” en el proceso de las cuatro etapas de la metamorfosis de la oruga y su transformación en mariposa: apareamiento y puesta de huevos; crecimiento de la larva; latencia de la oruga en la crisálida y estadio de la mariposa adulta, momento extremadamente frágil, un verdadero milagro que concluye con el insecto volando. “Este esfuerzo por romper la crisálida será como la fuerza de la superación, base de esta instalación”, resume simbólicamente la artesana.

“He usado la arcilla para dar soporte a las crisálidas, con formas diferentes, individuales y únicas. Como ocurre en la naturaleza, no hay dos iguales, como no hay dos empeños similares en el intento de romper y renacer”, sintetiza.

En esta colección, Rosario Schlatter ha utilizado materiales naturales y primarios como arcilla, lino, seda, lana, algodón, elementos no transformados, salvo el hilo de plata, para dar claridad sin luz en alguna de ellas, puntualmente.

Sobre las virtudes del lino subraya que “es sutil pero a la vez fuerte, suave, cálido, tiene presencia…”,mientras que del barro acentúa su “carácter primario, su vitalidad, el tacto, su genialidad…, mira que está fría el agua en invierno y sin embargo no suelo tener frío en las manos…”. “El barro y el lino se quieren, pueden vivir juntos… a mí me han dado la vida…”, resume con entusiasmo.

La voluntad de la artista es que el espectador que se acerque a observar estas figuras, cuando se muestren al público, participe también activamente en la elección de cuál es y dónde habrá que establecer“el impulso hacia la vida, la luz, el momento y la forma para alzar el vuelo, así como la trayectoria del recorrido”.