San Juan de los Caballeros cerró sus puertas al culto en 1843 y en 1931 fue declarado Bien de Interés Cultural

Segovia – 8 JUL 2015 – Redacción

Es un templo diferente de origen visigodo que sufrió una gran reforma a partir del siglo XI, de la que surgiría la iglesia románica. La abundante y compleja decoración de la iglesia de San Juan de los Caballeros muestra la diferencia con el resto de edificaciones románicas de Segovia, hasta el punto de que solo es comparable, en toda la provincia, a la riqueza decorativa de la iglesia parroquial de Sotosalbos. Esta característica, sin embargo, no es extraña ya que el templo fue sede de los denominados Nobles Linajes, además de ser la iglesia más rica de uno de los barrios más ricos de la ciudad.

Iglesia románica de San Juan de los Caballeros (Segovia) / Foto de lafronteradelduero.com

Iglesia románica de San Juan de los Caballeros (Segovia) / Foto de lafronteradelduero.com

 

La Iglesia de San Juan de los Caballeros recibe este nombre por albergar los sepulcros de los Nobles Linajes y por reunirse en ella a hablar los caballeros de la nobleza de Segovia.

Conserva la cabecera de comienzos del siglo XII y el resto de la obra parece ser posterior dentro del mismo siglo.

La iglesia fue construida entre los siglos XI al XIII. Se trata de una iglesia románica de planta basilical con tres naves separadas por arcos sobre pilares cilíndricos, la central doble que las laterales, crucero acusado en planta, torre sobre uno de los brazos del crucero, atrio en el costado meridional prolongado hacia poniente donde remata con el gran pórtico ojival de los pies, y tres ábsides semicirculares y desiguales.

Su planta se ha relacionado con iglesias de estilo asturiano y advertido en ella influencias mozárabes en los arcos de las naves, que tienden a la herradura. Construida con sillares de piedra, mampostería y ladrillo.

La capilla central fue patronato de la familia Contreras, cuyas lápidas ocupan todo el pavimento, mientras que la capilla del lado del evangelio es de los Linajes.

En el crucero, unos muros cierran el acceso a las naves bajas. Además es también interesante el pórtico cubierto, cuya cornisa es una de las más ricas del románico segoviano. A los pies del templo se sitúa la puerta principal de arco apuntado y con una cornisa análoga a la del pórtico.

En el exterior se aprecia una torre estructurada en tres cuerpos, reconstruida en el siglo XV. Los cuerpos inferiores son románicos, el primero es el más simple y el segundo cuenta con arcadas dobles y con ventanas románicas de arquivoltas y baquetones pero o bien se quedo inconclusa, o bien se destruyó el resto, porque actualmente está terminada con un tercer cuerpo de ladrillo con arcos de medio punto sobre los que resaltan molduras conopiales góticas.

El ábside central carece de canecillos al exterior, y los pilares cilíndricos sobre alto basamento enlazan, sin capitel ni adorno alguno, con la sencilla comisa; los tres ventanales característicos de estos ábsides se reducen aquí a simples saeteras, limitándose la decoración al ajedrezado de una estrecha imposta. El atrío, con nueve arcos al sur y tres a poniente, ofrece una magnífica e interesantísima decoración, no tanto por los capiteles sino sobre todo por la recargada comisa trilobulada con canecillos y metopas que recorre todo el cuerpo superior del pórtico.

Abandonada tras la desamortización, fue comprada por Daniel Zuloaga Boneta en 1905, para instalar en su interior su vivienda y taller de cerámica. Fue adquirida por el Estado y se ha convertido en Museo Zuloaga, pudiendo admirar simultáneamente en él la belleza de sus elementos románicos.