La poeta y escritora de origen maragato Marifé Santiago Bolaños ha presentado su nuevo libro de poemas “La gramática de las cigarras”, con el que obtuvo el Premio Internacional “Palabra sobre palabra”

León – 16 FEB 2015 – Marifé Santiago Bolaños/Tam-Tam Press

Nunca he comprendido bien qué es un poeta joven. Imagino que se refiere a la edad de quien deja a los versos un cuerpo humano y una circunstancia para que nazcan.

Rilke escribió una carta magistral a un joven poeta y cuando la releo vuelvo a pensar que la juventud para la Poesía es poder ignorar tal apelativo. De modo que, al final, Homero es un poeta joven y lo es Shakespeare y lo es Rilke (muy joven) y Marina Tsvietáieva, tan joven como Olvido García-Valdés o Safo. Es estremecedora la juventud de Gamoneda y la de Juan Gelman, tanto como la de Valente y Dante. Las personas que portan, para ellos y para los demás, tales nombres pertenecieron, una vez, a ese grupo que la ciudad llama “juventud”. Su obra, sin embargo, obvia la medida, es eternamente joven, es decir, inicial; a la vez que eternamente madura, es decir, sostenedora del mundo, testimonio, legado y milagrosa lámpara encendida.

La mujer que entrega La gramática de las cigarras fue una adolescente llamada Sara Otero –me lo recuerda ella misma en Astorga–, que asistió por primera vez a un encuentro poético conmigo. Me gusta mucho que me regale ese recuerdo porque me gusta mucho la poeta, con la que coincido una tarde, años después, en Astorga, leyendo versos que se han escrito a través de nosotras, dos mujeres…

Sara Otero en la imagen de su perfil de Facebook

Sara Otero en la imagen de su perfil de Facebook

Las ciudadanas cumplen años, Sara y yo… Los versos, no lo hacen cuando han brotado en ese raro territorio donde la felicidad y la tristeza son otra cosa que en el lado de acá, y armonizan lo duro inevitable transformándolo en vida.

Todo esto que ahora escribo lo voy leyendo en La gramática de las cigarras. Hay que estar atentas a lo que la estructura de ese lenguaje señala, a lo que la ciencia de la buena vecindad entre palabras, enseña. Porque entre el uso y los pactos cómplices, es decir, en la gramática, se conforma el canto de las cigarras.

Son cigarras de la metamorfosis: jóvenes, adultas y adolescentes a la par, mayores y niñas, también a la par. Viajan en el bolso de las mujeres poetas, se acomodan en sus sueños y sus cuadernos; pero su discreción permite que, como en los mitos antiguos que las mencionan, permanezcan allí mucho más de lo que duran las cosas. Lo que ocurre es que, en una tertulia poética, en una calle de cualquier libro o inconveniencia, se ponen a cantar. Es en ese momento cuando las descubres valientes y frágiles, sin que ambos atributos se contradigan. Entonces, la memoria se transforma en poemas, y los sitios que las biografías ocupan son, en realidad, una confusión de sentimientos venerables porque pertenecen a mujeres que, en el interior de su silencio, inventaron caminos imposibles para que otras los siguieran por ellas.

Luego vuelven a olvidar el modo de decir todo eso, incluso están convencidas de que nada de aquellos logros les pertenece. Así de generosas son las cantoras de la honestidad, las que acarician el corazón cuando pareciera que el invierno vital se las hubiese llevado. Son las abuelas y las madres y las hermanas y las amigas cigarra.

Rilke les escribió, una vez, una carta muy hermosa

Sara Otero del Amo entrega La gramática de las cigarras y las dulces cantoras de las estaciones fértiles se comprometen en la tarea de abrir puertas ilícitamente cerradas. Los rincones donde hay mujeres que las necesitan y ya habían aceptado que nadie iría a buscarlas, se contagiarán, desde ese mismo instante, de encuentros gramaticales y compañía. Hay muchas personas que sueñan cantos así, urgencias así. Los necesitan, le doy por todas ellas, con todas ellas, las gracias…

P.D.: Antes de acabar este mensaje, Sara: que Radio Lulú –con su maravillosa cigarra Leticia Robles García– empiece a recolectar versos de tu libro y los incorporé, cuanto antes, a sus conciertos, por favor…

El Espinar, mediando febrero de 2015

Sobre Sara Otero

Sara Otero del Amo (León, 1982) es licenciada en Derecho por la Universidad de León. En la actualidad vive en Logroño, donde realiza sus actividad profesional. Ha sido galardonada con diversos premios, todos ellos en el ámbito de la poesía; entre otros el de Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid (Abril 2003), el Premio Nacional de Poesía Marqués de Santillana de Poesía Juvenil (Agosto 2001), el II Premio de Poesía Rafael Alberti de Valencia de Don Juan. Ganadora en 2013 del Premio de Poesía “Con esencia de Mujer” que se convoca en Astorga, ese mismo año obtuvo el I Premio de Poesía María Eloísa García Lorca que concede la Unión Nacional de Escritores. También ha sido finalista, entre otros, del Premio Adonáis en 2004 y 2012.

Ha publicado los libros de poemas “Abecedario de ausencias” (Premio Letras Jóvenes de Castilla y León 2002) y “En el lugar de la lluvia” (I Premio Internacional de Poesía Manuela López ), y ha sido incluida en la antología “Poesía para Vencejos” editada por el Instituto Castellano y Leonés de la lengua.