Varios espacios de la capital maragara proyectan estos días la obra de seis creadoras, articuladas en la exposición “Salas EsperArte”

Astorga – 7 ABR 2015 – Tam Tam Press (astogaredaccion,com)

El recorrido por Astorga que ahora desde estos vídeos de la exposición “Salas EsperArte” se nos propone se asemeja a aquello que decía Malamud en “El hombre de Kiev”, al hablar de la Ética de Spinoza: “Era viajar sobre la escoba de una bruja”, siguiendo el rastro del hermoso cisne del cielo. Entiéndase: volar en el pensamiento en pos de la belleza y obtener como resultado una visión distinta aunque propia de Astorga (Scivias).

¿Serán finitos los itinerarios que podríamos recorrer en Astorga o tendrán un límite? Este a modo de paralogismo kantiano no ha lugar, pues nosotros vamos a recorrer un nuevo itinerario, impensable hasta hace poco. Una nueva propuesta de recorrido, de trafageo errático y giróvago y hasta extraviado por estos barrios de Astorga (Oh milagro, el Museo del Chocolate ha llevado a las guías al barrio de Puerta de Rey).

Son seis los lugares en los que podremos disfrutar de un vídeo de arte, de un artefacto paracinemático en la terminología de la cepedana de adopción Esperanza Collado.

El ojo y la mirada de Tania Rusz, autora de Glaucoma. Fotografía: Eloy Rubio Carro

El ojo y la mirada de Tania Rusz, autora de Glaucoma. Fotografía: Eloy Rubio Carro

Es cierto, el viajero que partiendo de la Plaza de San Bartolomé pretendiera hacer la ‘peregrinatio’ tendrá que haber tomado decisiones. Primero, por dónde empezar; luego el orden de la errancia; podrá aventurarse solo o acompañado, eso sí habrá de adaptarse a los horarios de apertura.

Si empezamos en la misma plaza de San Bartolomé, frente al Museo Romano, en el Hotel Vía de la Plata podemos asistir a la visión de Glaucoma, cuya autora es Tania Rusz. El canto de Tania Rusz en este video seguirá en nosotros una vez olvidada su obra y los itinerarios. En Glaucoma se crea una fluencia, una influencia entre la Naturaleza acuífera y la irrigación del ojo enfermo. El agua salvífica de una tormenta remansa el dolor producido por la tensión en el ojo. Hay una belleza común entre las reverberaciones del agua y los fosfenos que produce el ojo tensionado. Una belleza profunda, en la que tomar conciencia de la intimidad: “Un charco contiene el universo”.

Esa fluencia, esa contemplación de profundidad es guiada por el canto curativo y regenerador de Tania. “Un chorro de voz”. Viajamos por el ojo, por lo monstruoso de una manera amable, sin temores. Entramos en la ceguera y ahí nos es dada la visión; una representación de ese modo imposible que es el ojo viéndose a sí mismo. Entonces ya ves según te plazca, con “el ambiguo derecho de ver y de no ver”.

Nos dirigimos ahora hacia la Plaza Mayor; rozamos el ayuntamiento y entramos al Astur Plaza, donde se proyecta la obra de Terika Mayoral, “Ablución”, del latín ‘ablutio’: me lavo. Se trata de una purificación ritual de algunas partes del cuerpo a través del agua. Dos mujeres deambulan por entre el tráfago de la calle y por el inmenso ruido y las multitudes que quisieran abducirlas. Transportan agua en un cubo amarillo, han encontrado el árbol que buscaban, lo purifican sensualmente, lo abrazan, se lavan con él, toman su vida del abrazo. Disueltas van del agua, por entre las oquedades húmedas del árbol, a enraizarse a su raíz.

Hay que desprenderse de esta ‘Unio’ inmediatamente, salir de nuevo a la Plaza Mayor y remejerse como los perros cuando están empapados. Limpios de polvo y paja y purificados, “será así el río como un sendero sobre el cual volamos”, para descender al barrio de Puerta de Rey hasta el Museo del Chocolate; una casa modernista de indiano, remozada, donde veremos: “On the New York – Tinduouf Desert Subway”

Elisa Merino es una artista claramente comprometida. Cuando se propone realizar una obra se sumerge en la nueva realidad hasta participar de ella. Siempre sabrá lo que dice, pues habla de su padecimiento. Sus obras de materiales reciclados y muy contextualizados en el entorno son realizadas en soportes varios como la instalación, el video o el dibujo. En “Un viaje, Nueva York Tinduff, metro de Nueva York”, un saharaui neoyorquino viaja encapuchado en la penumbra del metro, “salta entonces el ensueño sin proyectos, sin pasado”, un itinerario mortuorio, un pasaje hacia otra vida, hacia la de la memoria; a una posada para fantasmas en los campos de Tinduff, en Argelia, donde una muchacha aún lo espera. Tal vez quisiera, Elisa Merino, despertar en nosotros el recuerdo de los padecimientos de este pueblo olvidado.

Salir del metro de Brookling a la Avenida de la Estación es como salir a una primavera de ciruelos japoneses; así pasear por el Parque del Melgar, a la sombra de la muralla encumbrada por la Catedral y el Palacio y entrar al barrio de Santa Marta por el puente metálico bajo la portezuela romana, dejar para un final la toma del Palacio.

Seguir entonces por la Calle de los Sitios hasta el Hotel Ciudad de Astorga, franqueada la puerta que gira, asistir desde los butacones del antiguo cine Gullón al visionado de “Negra, ocre, blanco”, cuya autora es la comisaria de la muestra, Isabel Bettina. Hay una comunicación secreta entre la imagen de Negra Souza, nacida en Posadas, Argentina y el cante que evoca en su meditación arbórea, y que interpreta la cantaora Paulita Libertad. El Guru guru y una cantiña de Cadiz dejan sabor a sangre en la boca: “la sabiduría con ojos de lágrimas”.

De nuevo en la calle cuesta retornar, para de pronto acordarse del nombre de todos los poetas, Walt Whitman, Leopoldo María Panero, René Char. En la remozada casa de Leopoldo Panero, en esa estancia para asistir al umbral de sombra de la soledad propia, Juliana Cerqueira presenta su video creación “Videoperformance, poesía”.

Juliana trabaja el Net-art de forma interactiva, generando una creación en movimiento muy maleable, atenida al azar. “Actualmente investiga como las nuevas tecnologías suelen transformar nuestras costumbres y las del cuerpo. Una obra fuertemente marcada por las relaciones entre los productos de la tecnología y las obras de excelencia en las artes”. Su expresión artística tiene dos momentos bien diferenciados. Uno primero en el que los participantes orquestados para la producción interpretan de forma activa un papel; y un segundo momento en el que esos partícipes reflexionan sobre el producto conseguido. Mientras que el primer momento organiza una tarea tradicional con los dispositivos tecnologícos de última generación, en el segundo observamos el resultado impostado y sin ligereza, disarmónico, reo del uso de aquellos procedimientos. Vamos ya teniendo experiencia de largas colas al servicio de la informática, absolutamente inútiles con los procedimientos de administración más antiguos. Se trataría más de una reivindicación del factor humano en la génesis y organización de la belleza y de las artes. En el video asistimos a una poetización en imágenes del poeta brasileño, James Martins.

Salimos de la Casa de Panero a la calle, por frente la mole de la catedral, resonando aún en nuestra mente las palabras del poema: “Las flores del albaricoque vuelan de oriente a occidente / y yo traté de impedir que cayeran”. Y por último llegamos a la fantasía neogótica del palacio de Gaudí. Entramos ensimismados, pero ya el tráfago de los turistas nos envuelve, en este caso los límites no se desvanecen en comunión, más bien te despedazan.

Hay una estética de la desaparición, “una ensordecida percusión de granizada que sacrifica la vida”. Esto quiere provocar el video “Multitudes” de Olga Andrino. Es fácil el tránsito desde la masa envolvente que se apiña en el recibidor del Palacio a la contemplación de un video con multitud de imágenes bullendo de manera independiente sin posibilidad de concentrarse en cualquiera de ellas; a ello se suma la banda sonora que ha ido de lo melódico a lo estridente. Un video para la disipación, un hermano feroz que viene a devorarte, a partirte el alma, a darte de tu yo, a despedazarte en otros…”Y tú sucumbías a las multitudes, bajo toldos, entre colorines y frágiles neones, por esa algazara que no podías comprender…” Las proyecciones se acabarán congelando una a una, de izquierda a derecha virando al rojo, al final se hacen una sola, la música en trampantojo simula la del origen. Esas imágenes se prolongan un poco más allá del tiempo; “un poco de tiempo duran más que las lágrimas y nos miran con burla”.