La primera luna llena de la primavera anuncia una de las fechas más importantes en el calendario festivo español: la Semana Santa

Sevilla – 15 MAR 2016 – lasprovincias.es

Aunque son días de religiosidad, procesiones y recogimiento, también es tiempo de celebración, lugar donde la gastronomía ocupa un protagonismo incuestionable.

Sí, es la luna nueva de la primavera anuncia el Viernes Santo, es el día más señalado de las celebraciones cristianas y pieza fundamental de su religión. Pero también lo es para los judíos, de ahí lo heredaron los cristianos, así como los judíos lo hicieron de los babilonios.

Las festividades del novilunio de primavera, han sido celebradas por el hombre desde tiempos inmemoriales, simbolizaba el renacer de la vida, la eclosión de las semillas en los campos, la renovación en suma. Jesucristo, el Nazareno, celebraba la Pascua judía con sus acólitos en la almazara de Getsemaní, a muy poca distancia de Jerusalén. Allí fue prendido por las autoridades, comenzando su pasión y muerte que tendría como acto final la resurrección, el renacer.

potaje-de-cuaresma

La pascua judía nada tenía que ver con la cristiana que conocemos, los judíos conmemoran la salida de Egipto comandados por el patriarca Moisés. Aquella noche se sacrificaron corderos en todos los hogares judíos de Egipto, con su sangre marcaron las puertas de sus propias casas para que el ángel exterminador que enviaba Yahvé, los reconociera y no matase a sus primogénitos como así había indicado el Todopoderoso. La carne de aquel cordero se sirvió durante la cena, pero había que ser muy escrupuloso en su manipulado ya que no había que quebrar ninguno de sus huesos. Así lo marcaba la profecía y así sucedió, Jesucristo, el cordero, moriría en la cruz atravesado por la lanza del centurión Longinos y no se le quebraron las piernas como habitualmente se les hacía a los crucificados para provocar su muerte al quedar descolgados y sin apoyo.

Aquí tenemos, pues, el colofón de la cuaresma, el ayuno de carne se rompe esa noche con el cocinado del cordero. La Cuaresma es la época del año en la que está prohibido comer carne. Los carnavales se celebran hasta la llegada del miércoles de ceniza, fecha en que comienza el periodo de ayuno y abstinencia y que dura un total de siete semanas.

Sabemos que gastronomía y religión siempre andan relacionadas, la mitología nos cuenta que en la antigüedad, los dioses y los hombres se sentaban en la misma mesa. Dicen que cuando Prometeo robó el fuego y lo entregó a los hombres, se rompió la relación entre dioses y hombres y éstos tuvieron que empezar a cocinar, por ello, es lógico que muchos de los elementos más exquisitos de la gastronomía se denominen manjar de dioses.

El recetario de cuaresma es muy amplio y tiene un protagonista destacado, el pescado

La Cuaresma católica obliga a abstenerse de comer carne todos los viernes desde que finaliza el Carnaval, es el deber cristiano conocido como vigilia. Las carnes, embutidos y fiambres se sustituyen por deliciosos guisos de pescado, legumbre y verdura. El bacalao, los garbanzos y las espinacas son los ingredientes estrella del tradicional potaje de vigilia, al que le acompañan variadas hortalizas. A esa receta ancestral hay que unir otras modalidades, donde también se incorporan acelgas, judías blancas y otros tipos de pescados, todo depende del gusto de los comensales. El bacalao es el pescado fundamental en vigilia, los buñuelos, las croquetas y las tortillitas son tres de los platos más típicos de estas fechas.. Las posibilidades son muchas: rebozado, a la marinera, a la vasca, en salsa verde…

Al potaje y los platos elaborados con bacalao, podemos incorporar otros menús, con deliciosas alternativas como las lentejas estofadas, las judías pintas, las ensaladas, las patatas guisadas o incluso la paella de bacalao y col, una agradable costumbre de las tierras levantinas.

No seamos cabezones además de herejes, toda costumbre gastronómica tiene una aplicación práctica. El que no quiera tomar el ayuno cuaresmal por convicción religiosa, que lo haga como depurativo para el organismo.

El pesar por la dieta sin carne podemos sobrellevarlo gracias a la repostería propia de la Semana Santa. Las recetas castellanas del arroz con leche o la leche frita suponen dos de los platos más típicos además de torrijas y pestiños. En las pastelerías de muchos lugares, sobre todo en Castilla y Andalucía, los roscos de Semana Santa cubren los escaparates, mientras que en el levante español es muy típico degustar las Monas de Pascua.

Venga, disfrutemos de la Semana Santa, aunque solo sea por darle gusto al paladar.