Gabriel Gutiérrez y Javier Fernández, geólogos de la USAL, en las murias romanas formadas por los canales de las minas de oro en el Valle del Eria cerca de la localidad de Castrocontrigo

León – 9 FEB 2015 – ICAL

Ya por la época romana, los pobladores de una pequeña y orográfica comarca de la Península Ibérica, el Valle del Eria, desconocían que el Imperio llegaría con fuerza para explotar hasta la saciedad sus tierras en búsca de oro junto a Las Médulas. Pero algo se dejaron por cavar, quizás bastante, cuando abandonaron, posiblemente, por motivos económicos.

En estos 2000 años el oro no estuvo escondido, pero sí cobijado por la roca dura, caliza y por la densa vegetación. Ahora, un grupo de geólogos de la Universidad de Salamanca ha descubierto estas explotaciones tras aplicar el LiDAR, una tecnología de la NASA que proporciona nuevos hallazgos y muestra su relevancia en el contexto de minería gracias a que este sistema permite, mediante un láser de alta resolución, la oscultación de zonas cubiertas por árboles o afectadas por una intensa roturación del terreno. Y todo ello de forma aerotransportada, con un láser de teledetección instalado en un drone controlado por radiocontrol con el que pueden obtener espectaculares imágenes y vídeos.

Gabriel Gutiérrez y Javier Fernández, geólogos de la USAL

Gabriel Gutiérrez y Javier Fernández, geólogos de la USAL

El profesor Javier Fernández Lozano, del departamento de Geología de la USAL, apunta dos ideas básicas de este estudio. Por un lado, la importancia del desarrollo de este trabajo desde un punto de vista tecnológico y su desarrollo en la Historia, ya que es «pionero para identificar explotaciones romanas y la compleja red hidráulica de canales y embalses que conecta con los ríos, lo que permite asociarlo a la labor minera».

Por otro, porque ofrece «suficiente información» para indagar sobre las razones que llevaron al Imperio Romano a abandonar España y mudarse a Dacia, en Rumanía, y a Grecia. «Todo indica que la ley del oro de estas tierras ya no era tan rica en esta zona y era menos costoso extraer en el Este», concluye.

Intensa extracción

Este estudio permite obtener un mapa detallado del funcionamiento de la minería antigua dentro de un pequeño sector del distrito romano en el Noroeste de España. «La presencia de yacimientos de oro llevó a un trabajo intensivo extractivo durante el siglo I. Aunque muchas de esas actividades estaban centradas en el área de Las Médulas y Omañas. Grandes depósitos fueron también encontrados a lo largo de los valles del Duerna y el Eria», indica Fernández Lozano, para quien los resultados complementan los trabajos previos llevados a cabo en estas dos áreas, proporcionando nuevos conocimientos dentro de las técnicos de ingeniería hidráulica y la geometría de las principales explotaciones de Roma. Este trabajo pone de relieve el ámbito de aplicación de estas antiguas minas y su impacto sobre el paisaje, que es mucho más amplio y más importante que lo que se creía.

Junto a Gabriel Gutiérrez, profesor de Geología Estructural y Tectónica de la Universidad de Salamanca, y la colaboración de Miguel Ángel Fernández, este joven geólogo oriundo de esta comarca se embarcó en una investigación que se encuentra fuera de su especialidad y que para él «es casi como un hobby». Su análisis ha traspasado fronteras y ha sido publicado en el Journal of Archaeological Science y recibido numerosas felicitaciones, incluida la del prestigioso investigador francés Claude Domergue, pionero en esta zona al calificarla en los años 70 «como el mayor complejo mundial de minería, moldeada por una imponente red de canalizaciones y depósitos de agua que convirtió a esta sierra en un enorme recipiente para lavar el oro».

¿Rentabilidad?

En esta zona, según el Instituto Geológico Nacional, puede haber hasta 12 gramos en algunos filones difíciles de encontrar», explica Fernández Lozano, a quien le apostilla Gabriel Gutiérrez, irónicamente, que «para ello habría que encontrar un filón importante para que fuera rentable».

«Con el LiDAR son más fáciles de localizar las espectaculares murias, grandes piedras con más de 500 millones de años que conforman filas levantadas por los romanos para hacer canales y concluirlos en forma de embudo». Fernández Lozano asegura que de esa forma filtraban el oro en el agua con la ayuda de pieles de cordero y cazoletas y ayudados por la velocidad a la que descendía el líquido elemento. En el final del embudo, gracias a la densidad del ‘aurum’, el mineral se quedaba y era más fácil de seleccionar. Así se trabajó el oro desde Huelva hasta Asturias durante la época romana.

Las murias, prosigue Gabriel Gutiérrez, proceden del periodo en el que se crearon los Montes Galaicos Leoneses, hace 40 millones de años. En la zona hay dos tipos de explotaciones romanas en función del espesor y su profundidad. Por un lado, las que están a entre 30 y 50 metros, conocidas como ‘ruina montium’, un sistema de minería usado en la Roma Antigua basado en la fuerza del agua para derrumbar extensiones amplias de montaña de un solo golpe. Fue muy usado en Las Médulas. El otro tipo es mediante zanjas y canales por debajo de los 30 metros. «El LiDAR es capaz de superar áreas forestales y llegar al suelo gracias a un sistema informático y lo filtra», desliza Fernández Lozano.

Imponentes canalizaciones

De ahí, que se hayan encontrado estos sistemas de búsqueda de oro ancestrales, compuestos por canales para transportar el agua desde los ríos hasta el área de explotación. Así, limpiaban la tierra para localizar oro. Estaban excavados en altura en la roca. Utilizaban un pico especial que los romanos habían elaborado para la piedra más débil, principalmente pizarra, pero cuando era más dura se tenían que ayudar de pequeñas explosiones que provocaban al calentar la roca, rociarla de vinagre a través de sus grietas y, una vez que se evaporaba, producía una explosión. Estaba causado por la acidez del vinagre. Así, construyeron una amplia red de canalización para llevar el agua a estos puntos que iban a explotar. El Eria y la Valduerna están llenos de este tipo de infraestructuras, visibles incluso desde la carretera LE-126 (Castrocontrigo-límite con Galicia).

Fernández Lozano define este conglomerado mientras apunta con su índice hacia la Peña Canales, en la localidad de Pozos, un alto al que parece complicado subir. «Lo de canales parece un topónimo que indica la presencia de canales romanos», comenta. Al subir con el todoterreno por un paraje espectacular, se aprecia una «captura fluvial antrópica», o lo que son lo mismo, un tipo de estanque realizado por los romanos para poder tener agua disponible en las explotaciones mineras de la cuenca del Duerna, al norte, o las del Eria, al sur».

Estos ríos llevan muy poca agua, sobre todo en época estival, por lo que los romanos la almacenaban procedente de la fusión de la nieve para llevar a cabo la explotación de las minas a principios de la primavera. No obstante, las condiciones climáticas eran algo diferentes en el siglo I d.C que en la actualidad, ya que se sabe por estudios antiguos (libro de Geographyca de Estrabón) que el clima era más húmedo y frío que en la actualidad.

Fernández Lozano sostiene que los datos obtenidos tras cada recorrido del drone constan de una compleja nube de puntos que debe ser procesada mediante software informático para filtrar y clasificar la información. «Tras este proceso se construye un modelo matemático representado por una malla o modelo digital del terreno que simula de forma fidedigna la superficie del terreno en tres dimensiones y que nos permitió cartografiar y analizar las formas identificadas», asiente.

Este trabajo, recuerda, ha permitido mejorar en muchos casos la cartografía de zonas mineras romanas llevada a cabo por otros investigadores en la zona de la Valdería (entre las poblaciones de Truchas y Castrocontrigo) y realizar nuevos hallazgos, «permitiendo completar el registro de labores mineras y el complejo sistema hidráulico utilizado para llevar a cabo las labores de extracción del oro».

El LiDAR facilitó también realizar una clasificación de las labores mineras y el cálculo de volúmenes de algunos de los embalses utilizados para el acopio del agua. Para ello, prosigue Fernández Lozano, fue importante conocer la metodología utilizada por los romanos a través de textos antiguos como los de Plinio el Viejo, procurador romano encargado de realizar el seguimiento de las labores mineras en Hispania.

Y los romanos dejaron estas tierras…

Pero por alguna razón, los romanos abandonaron estas tierras. Existen dos hipótesis. Por un lado, podría ser que no tuvieran suficiente capacidad tecnológica para seguir con estas explotaciones, «aunque esta idea no tiene mucha fuerza por la presencia de una importante red de canales», según advierte el geólogo. Por otro, el factor económico, ya que «arrasaron hasta las rocas más duras», que era más costoso, antes de salir al Este de la actual Europa.

Una investigación que resolvería numerosas dudas al respecto sería la aplicación del LiDAR en Las Médulas, donde «seguro» que se encontrarían depósitos aún sin conocer, según señala Fernández Lozano. «Pero dentro de 50 años vendrán otros con otras herramientas más avanzadas y se descubrirán», sostuvo.

En los montes cercanos al Valle del Eria, el grave incendio de agosto de 2012 motivó que quedaran a la luz áreas en las que se apreciaban las explotaciones y que antes había sido difícil de identificar. «Hasta ahora, por aquí ha pasado mucha gente para valorar las explotaciones de oro. Se han llevado a cabo muchos sondeos y cribados en el río Eria. También muchas mordidas al monte para analizar los gramos por tonelada de oro», sostiene. De hecho, recuerda que se solicitaron hasta cuatro licencias para sondear en el vecino Valle de la Valduerna por parte de empresas irlandesas y canadienses, pero en principio han caducado.

Esta tecnología, concluyen los dos expertos, además de abrir nuevas puertas para la investigación minera antigua en el Noroeste Peninsular podría tener multitud de usos en otros campos tan diversos como la investigación forense o la policial, a causa de la rápida obtención de datos y la posibilidad de modificar los parámetros de visualización, la intensidad o el brillo, lo que facilita la identificación de aspectos relevantes para el análisis de resultados. Con la aplicación de esta herramienta tecnológica en la búsqueda de oro, este grupo de geólogos sigue la estela de otros muchos que han continuado en las últimas cuatro décadas.