Un desastre medioambiental sin precedentes arrasó hace cuatro años la localidad húngara de Devecser. Ahora, este pueblo situado en el oeste del país apostó justo por el respeto al medioambiente y por el desarrollo sostenible para recuperarse de aquella crisis

Madrid – Redacción – 7 MAR 2014

En octubre de 2010, una marea de lodos tóxicos procedente de una cercana fábrica de aluminio arrasó unas 4.000 hectáreas en torno a las localidades de Devecser, Kolontár y Somlóvásárhely.

Diez personas murieron, 125 sufrieron heridas y los daños económicos rondaron los 200 millones de euros. Las imágenes del lodo, de intenso color rojo, dieron la vuelta al mundo.

Para dejar atrás la mayor catástrofe ambiental que ha sufrido Hungría, Devecser optó por reinventarse como una localidad ecológica, invirtiendo en energías renovables.

“Nadie esperaba que una localidad afectada por el vertido evolucionara hacia la energía verde y la producción ecológica“, explica el alcalde de Devecser.

La primera fase de esta reconversión fue limpiar el terreno, para lo que hubo que retirar la capa superior de la tierra contaminada por el barro tóxico.

El municipio compró varias parcelas para plantar una variante de álamo que se emplea para generar biomasa como fuente de energía.

Gracias al combustible que producen las 30 hectáreas de plantaciones “la calefacción de varias instituciones de Devecser ya no significan un gasto para la localidad”, destaca Toldi.

“¿Por qué pagar por una fuente de energía, como el gas, que llega del Cáucaso? Lo hacemos localmente”, explica en una conversación telefónica.

Además, parte de los terrenos que quedaron inundados por el lodo e inservibles para la agricultura acogen ahora un parque empresarial que ofrece naves y locales a buen precio.

El proyecto de reconstrucción y transformación “verde” de Devecser ha costado 122 millones de euros, que se ha financiado con fondos estatales y con 6,5 millones de euros provenientes de donaciones para un fondo de reconstrucción.

Entre Devecser y Kolontár se han construido 87 casas para los afectados por el vertido, cuyos inmuebles tuvieron que ser demolidos después de la catástrofe.

Otra de las iniciativas ha sido buscar energía en el subsuelo de la ciudad, mediante una pequeña planta con pozos de extracción geotérmica.

De momento, esta fuente de energía alimenta ya un edificio municipal en el centro de la ciudad, aunque el alcalde planea extenderla a otros puntos de la localidad.

Además, a tres kilómetros Devecser, en una zona que no quedó contaminada, se ha creado una plantación con manzanos silvestres, que apenas necesitan ser fumigados, por lo que sus frutos son más naturales.

Las manzanas se deshidratan en una pequeña factoría que se nutre de la energía solar para su funcionamiento y luego son vendidas en los mercados locales.

En total, la apuesta por las energías renovables ha creado 200 puestos de trabajo, en un pueblo de 5.000 habitantes, de los que se han beneficiado principalmente vecinos sin formación.

Esos empleos han salido tanto de los trabajos de reconstrucción como de la actividad en las plantaciones y en la recolección y producción de biomasa, explica el alcalde.

Con todo, la apuesta ecológica de Devecser también tiene algunos críticos.

Róbert Fidrich, de la filial húngara de la ONG ecologista “Amigos de la Tierra”, explica que su organización ve con ciertas reservas el uso de la biomasa.

Es que el cultivo de los álamos requiere el uso de fertilizantes, al tiempo que cuenta con una densidad energética muy baja.

“La biomasa es una fuente renovable de energía, pero muy condicionada”, matiza en unas declaraciones a Efe.

En todo caso, reconoce que la situación de Devecer es “un poco mejor”, ya que “no se compite con las plantaciones con fines alimentarios”, aunque la propuesta de la ONG es que los terrenos contaminados se replanten con nuevos árboles.