En la recta final de la migración otoñal, una rareza siberiana -el mosquitero bilistado– descansa, de su largo viaje hacia el sur,en el Parque Felipe VI de Valdebebas, Madrid

Madrid – 21 DIC 2016 – Redacción

En el Parque Felipe VI de Valdebebas, se viene observando una especie poco habitual en nuestro país. Se trata del ágil e incansable mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus), considerada como ave ocasional.

El mosquitero bilistado es una especie propia de la taiga siberiana, el norte de los Urales y el sureste de Asia, por ello su viaje hasta aquí además de ser todo un acontecimiento, es una proeza, pues apenas mide 10 centímetros de longitud. Nuestro pequeño viajero se ve ocasionalmente en España, y por si fuera poco solo pasa por aquí durante los pasos migratorios.

Mosquitero bilistado en el Parque Felipe VI, en Valdebebas, Madrid

Mosquitero bilistado en el Parque Felipe VI, en Valdebebas, Madrid / ©José Mª de la Peña

Desde que tuvo lugar la primera cita en España de esta especie en 1967, son ya más de 50 las citas homologadas en todo el territorio español. Dichas citas tienen lugar normalmente entre mediados de septiembre y primeros de octubre, momento que coincide con la migración otoñal.

La visita de esta especie es muy llamativa, y ha atraído a naturalistas y pajareros hasta este parque de Valdebebas. Son ellos los que, tras sus observaciones, han logrado identificar la especie gracias a las dos líneas claras que presenta en las alas, aunque también es llamativa su ceja amarilla, como hace referencia su nombre en inglés yellow-browed warbler. Sus tonos verdes y amarillos se confunden entre las hojas de los árboles, lo que hace aún más difícil la observación del inquieto mosquitero bilistado.

Madrid no es el único lugar que en 2016 ha recibido la grata visita del mosquitero bilistado. Desde el mes de octubre, los avistamientos de esta esquiva rareza se han repartido por todo el territorio español. Hay ya más de 30 citas registradas en lugares como Salamanca, el Delta del Ebro (Tarragona), las Marismas de Santoña (Cantabria), Pamplona, Zaragoza, Sanlucar de Barrameda (Cádiz), Albarracín (Teruel) o la Desembocadura de Guadalhorce (Málaga).

La presencia de esta especie en nuestro país, demuestra que las aves no entienden de fronteras, y que los procesos y normativas de conservación deben tener en cuenta sus movimientos migratorios, de tal forma que se puedan proteger en toda su superficie de distribución y no solo en los países con directivas. Desde aquí esperamos que todo le vaya bien en su largo viaje para que podamos venir a buscarlo en los próximos años.