Acaba de presentarse el XIX Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (Valladolid), FETAL, bajo el lema “Tejiendo públicos”

Valladolid – 30 JUL 2015  – Isaac Camacho (Tam Tam Press)

Cualquier tejedor que se precie sabe que el espolín, esa pequeña lanzadera por la que pasa toda la tarea del telar, hay que manejarlo con extrema habilidad y que este trabajo manual necesitará concentrar la máxima tensión para producir un tejido. Siguiendo este símil, el autor del texto reclama que para que las producciones escénicas de FETAL estén arropadas por los espectadores, los responsables oficiales han de renunciar a su demagogia de apoyo al medio rural, y ser los primeros públicos en esta apuesta artística de Tierra de Campos.

En la vasta comarca terracampina ya queda poco pan por recoger. Solo las barbas quebradas del cereal y las pacas son testigos callados de las hordas amarillas y verdes que devoraron el fruto de la tierra. Las cosechadoras inician el cansino éxodo hacia el norte donde el azote del calor es más benigno. Con las noches llevaderas y los días acortándose, el alguacil anuncia el inminente desembarco del Festival de Teatro Alternativo de Urones de Castroponce (Valladolid), FETAL. Es la cordada número 19 camino de las montañas remotas de la cultura, con previsiones de alcanzar la cima entre el 7 y el 23 de agosto.

Welcome Imaginario Teatro.

“Welcome”, de la compañía Imaginario Teatro.

El itinerario que nos presenta la senda de FETAL en estas coordenadas es atractivo. Sin embargo, las letras, la libertad, la crítica, la reflexión independiente tienen exiguos seguidores en la estepa.Algunos aborígenes la aman de manera rabiosa, pero tampoco puede decirse que la fiebre por hacer cumbre sea alta. Las administraciones, especialmente la Junta, bisbisean expresiones que suenan bien como la defensa del medio rural, pero, a la postre pasan de puntillas por el compromiso demandado por los ciudadanos en las urnas.

Por si fuera poco, este Gobierno regional ha encontrado en la crisis la aliada perfecta para abandonar su responsabilidad. Limosnear año tras año a FETAL no es apostar por las gentes del campo. Los tratantes cuando cerraban un trato en nuestra infancia le daban a la palabra fuerza de ley. Pero por lo que se ve, quienes nos dirigen mamaron en otra escuela, más diplomática… ¿Cuándo irá la titular de la consejería de Cultura a ver un espectáculo a Urones o sus extensiones? Restan cuatro años de legislatura y, quizás, haya tiempo para abrochar el mono de trabajo de la coherencia.

Menos mal que el Ayuntamiento de Urones está empeñado, alabado sea el altísimo, en irradiar su pócima teatral tanto en espacios teatrales no convencionales de la propia casa como en otros destinos, mientras duren su irrevocable decisión y los manantiales económicos que sustentan el festival. No obstante, ¿a qué esperan el resto de alcaldes de la zona y los concejales para participar, de oficio, en este viaje de FETAL que, sin duda, aplaudirían sus vecinos ahítos de tanta desidia por parte de quienes fueron elegidos para gestionar la felicidad y que nunca terminan de libar?

Ellos tienen que tirar del carro de la cultura porque como saben, y se ha dicho y escrito en las ordenanzas de relumbrón, el progreso cultural de los ciudadanos es inseparable del crecimiento social, democrático y económico de los pueblos. ¿A qué aguardan las diputaciones de León, Palencia y Zamora para unir sus fuerzas a la de Valladolid y, juntas –nadie les va a mirar el color de su bandera política y ellos tampoco deberían agitarla–, llevar el arte a sus conciudadanos como es su tarea? Tierra de Campos es una comarca con amplios rasgos comunes entre los pueblos de las cuatro provincias. ¿Por qué hacer capillitas y navegar cada uno a su deriva en lugar de remar bajo un mismo timonel? ¿Es eso lo que esperan los vecinos?

FETAL lleva confiando 19 veranos en el acompañamiento de los espectadores. A ratos ha estado bien, pero, examinando los números, habrá que convenir que ha respondido, solo a medias. Quizá, por eso, en esta XIX edición el lema del festival sea Tejiendo públicos. Otra nueva manera, la enésima, de extender la mano y animar a los habitantes de la zona a que aprovechen esta oportunidad que brinda el certamen terracampino para observar al ser humano. Comprobar, por ejemplo, cuáles son las ratas que le muerden los pies al hombre contemporáneo, cómo salir del pantano en el que vivimos los países del sur de Europa, preguntarse por dónde pasa la invisibilidad de la mujer, escuchar alguna letanía sobre los desafíos de una sociedad equilibrada y sostenible…

A poco que las propuestas escénicas aceleren el ventilador, cualquier espectador no iniciado entenderá meridianamente que los montajes que llegan al Festival de Teatro Alternativo de Urones no llegan aquí por casualidad. Refrescarán la memoria al auditorio sobre mundos oníricos, desde las variantes de la poesía del objeto o la plasticidad del cuerpo, el humor o los testimonios sobre el olvido y las ausencias. Sin concurrencia no hay conflicto, improvisación, convicción, ideología, teatro, arte. Ahora que viene FETAL, cultiva el huerto, el de la azada y el otro, el de la azotea.