No hay guadalajareño que se precie o amante del arte sacro y funerario que no conozca la tumba de Martín Vázquez de Arce, más conocido como el Doncel de Sigüenza

Sigüenza (Guadalajara)- 9 OCT 2015 – blogdeoscarpardodelasalud.blogspot.com.es

Se halla en una capilla lateral de la impresionante catedral de Sigüenza (Guadalajara), sirviendo de última morada de un hijo Ilustre de la villa, que encontró la muerte en la Vega de Granada en aquellos tiempos de la reconquista, a las órdenes de Gonzalo de Córdoba (el Gran Capitán).

Sobre el monumento funerario, pone: “Aquí yaze Martín Vasques de Arce – cauallero de la Orden de Sanctiago – que mataron los moros socorriendo – el muy ilustre señor duque del Infantadgo su señor – a cierta gente de Jahén a la Acequia – Gorda en la vega de Granada – cobró en la hora su cuerpo Fernando de Arce su padre – y sepultólo en esta su capilla – ano MCCCCLXXXVI. Este ano se tomaron la ciudad de Loxa. – Las villas de Illora, Moclin y Monte frío – por cercos en que padre e hijo se hallaron.”

Tumba Doncel de Sigüenza

Tumba de Martín Vázquez de Arce, el Doncel de Sigüenza, en la catedral guadalajareña

“Aquí yace Martín Vázquez de Arce, Caballero de la Orden de Santiago, que mataron los moros, socorriendo al Muy Ilustre Señor, Duque del Infantado, su Señor, a cierta gente de Jaén en la acequia Gorda de la Vega de Granada. Cobró en la hora su cuerpo Fernando de Arce su padre, y dióle sepultura en esta su capilla. Año 1486. Este año se tomaron La Ciudad de Loja, y las Villas de Illora, Moclín y Montefrío, por cercos en que padre e hijo se hallaron”.

Cuenta la historia que la Guerra de Granada ya iba incardinada al triunfo cristiano, justo un año después el Papa Inocencio VIII concedía la Bula de Cruzada, lo que suponía un gran impulso económico, traduciéndose en soldados y armas.

Corría el año 1486, el emir Muley Hacen había muerto un año antes, tomando el poder su hermano, un soldado despiadado llamado el Zagal, el cual si no obtenía rendición del enemigo, lo pasaba a cuchillo exhibiendo sus trofeos de guerra, en forma de colgar las cabezas de los capitanes cristianos, en los lomos de su caballo…

Mientras las tropas cristianas iban cercando la ciudad de Granada, arrasando allá por donde iban, no dejando en pie, cosecha, casa o cobertizo que encontraran, los nervios y las ansias por poner una cruz en lo alto de la Alhambra, convertían sus hazañas en más de una ocasión en verdaderas grandes imprudencias.

Era un caluroso miércoles del mes de julio, Martín Vázquez de Arce, se encontraba feliz, por el honor que le suponía ser protagonista de aquellos acontecimientos; no importando las penurias y los peligros que todos los días sufrían.

Antes de salir de la tienda de campaña, Martín y su padre Fernando oraban, ante un Cruz del Apóstol Santiago que su Padre llevaba a todos los lugares donde iba.

Tras el rancho, y la colocación de armadura y armamento, Martín comenzó la andadura hacia el campo de batalla.

Martín extrañado y un tanto angustiado por los acontecimientos toma otro caballo propiedad de su padre, y raudo se une con su destacamento, al frente del cual está el Duque del Infantado.

Granada. La Alhambra con Sierra Nevada al fondo

Granada. La Alhambra con Sierra Nevada al fondo

Comienzan a atravesar la fértil vega granadina, en una mañana un tanto aburrida por el exceso de tranquilidad; de repente y proveniente de un bosque cercano, un gran griterío de muchedumbre moruna, sorprende a las huestes del Duque, que un tanto desbordado, llama a la retirada camino del Campamento cristiano…; por fin van dejando atrás a las tropas árabes, cuando se encuentran con un destacamento cristiano.

Se trata de una tropa proveniente de las tierras de Jaén, que va siguiendo a una columna de tropas moras…; El Duque del Infantado decide unirse a su empresa, hasta que de repente se dan cuenta que todo se trataba de una argucia de las tropas moras; todo el batallón cristiano se encontraba rodeado de un número mucho mayor en número de soldados moros.

La única escapatoria era atravesando una gran acequia, que a modo de caz regaba las fértiles tierras de la vega granadina, se trataba de la conocida popularmente como Acequia Real o Acequia Gorda de Granada.

Así pues las tropas cristianas se dirigieron hacia ella, al mismo tiempo, que las tropas moras, abrían las compuertas del estanque que remansaba las aguas del río Genil.

Provocando con ello una gran avenida de agua por la mencionada acequia, convirtiéndose éste en una pura ratonera acuática.

Martín medio ahogado, a duras penas consigue salir de la acequia…; se quita la armadura pensando que así se movería mejor; el problema es que ha salido al lado de la acequia, donde se congregan las tropas enemigas…; el grueso de las tropas cristianas están al otro lado del cauce.

Los pocos cristianos que allí estaban se reagruparon, con Martín al frente de todos ellos, desde el otro lado de la gran acequia, el padre del doncel de Sigüenza gritaba y daba ánimos a su hijo, consciente de que aquello no podía salir bien.

Siendo esta la historia de lo ocurrido, y que de forma breve alguien contó en la tumba que desde aquel lejano año 1586, ha supuesto su última morada.

Si queréis saber más sobre la vida de este caballero castellano y guadalajareño, os recomiendo muy mucho el libro “Sueño que soy Piedra” del Profesor Guillermo Rocafort Pérez.

Y por último dedicar este post a un seguntino excepcional, mi amigo Julio Arjona. FINEM