El fotógrafo leonés JM López inicia una nueva serie de reportajes desde Siria y el Kurdistán sirio, donde se ha desplazado una vez más para retratar el horror de una tierra que sigue sufriendo un devastador conflicto

León – 26 JUN 2015 – Texto & Fotografías de JM López/AFP (Tam Tam Press)

Basta con dar un paseo por la ciudad de Kobane para hacerse una idea de la magnitud de la batalla. Fuerzas kurdas con la ayuda de una coalición internacional se hicieron con el control de esta ciudad, también conocida como Ain al-Arab, después de estar 132 días sitiada por los yihadistas del Estado Islámico. Como consecuencia de los enfrentamientos casi el 80 por ciento de las casas están dañadas o simplemente reducidas a escombros, además la ciudad carece de luz eléctrica y abastecimientos suficientes para los vecinos que poco a poco empiezan a regresar.

Todo empezó meses atrás cuando los combatientes del Estado Islámico, un grupo de fanáticos religiosos surgido en Irak como consecuencia de la invasión americana, lanzó una gran ofensiva apoyada por tanques y artillería a lo largo del cantón de Kobane, como parte de su estrategia para formar un gran califato que incluiría Irak, Siria, Jordania, Líbano, Israel y Palestina. Desde mediados de 2012, durante la guerra civil siria, las Unidades de Protección Popular (YPG) se encargan de la seguridad de la población kurda del norte de Siria dividida en tres cantones autogestionados. A lo largo de todo este tiempo han combatido tanto al ejército de Bashar al-Asad como a los rebeldes del Free Syrian Army para defender su territorio y autonomía pero no estaban preparados para hacer frente a estos extremistas y sus nuevas tácticas de guerra.

Kobane después del combate / Foto de JM López

Kobane después del combate / Foto de JM López

Con la ayuda de coches y camiones bomba conducidos por pilotos suicidas para abrirse paso por la ciudad, el Estado Islámico rápidamente fue ganando terreno al mismo tiempo que decenas de miles de civiles comenzaban una desesperada huída hacia la vecina Turquía. Esos mismos habitantes son los que ahora han vuelto para comprobar que todo esta perdido. A duras penas pueden contener las lágrimas y recoger lo poco que les queda bajo los escombros de sus casas. En Kobane se luchó calle por calle, alrededor de 1.600 personas perdieron la vida de las cuales 1.000 son yihadistas, y de no haber sido por los bombardeos de la coalición el resultado sería mucho peor. Hoy aquí los pocos que resistieron el asedio vitorean el nombre de Obama al mismo tiempo que los más cautos se preguntan quien va a reconstruir sus hogares.

Se trata de empezar de cero, la mayoría de edificios habrá que tirarlos para hacerlos de nuevo, hay que desescombrar todo. La ciudad esta sembrada de morteros caseros que no llegaron a explotar por donde quiera que vayas y, por si fuera poco, los yihadistas se retiraron llenando las casas de artefactos explosivos que se activan al abrir una puerta o pisar una zona de cascotes, lo que hace que todavía no sea un sitio seguro para sus habitantes y una trampa mortal para aquellos que se encargan de desactivarlas; llamarlos artificieros sería una osadía dada su escasa preparación. Algunas bombas las ponen a simple vista pero cuando las desactivan y se disponen a levantar la carga de TNT debajo se acciona una mina anticarro matándolos a todos. Para evitar esto una docena de expertos en desactivación de bombas y catalogación de armamento están llegando a Kobane con el fin de ayudar a los kurdos a limpiar las calles de todo tipo de munición sin detonar.

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Kobane después del combate / Foto de JM López

Kobane después del combate / Foto de JM López