Frotémonos los ojos. Los nuevos teólogos nos arrojan día a día arena a la cara con conceptos tales como “energías renovables limpias” o “el sol y el viento no envían factura”

Madrid – INT – 16 DIC 2014

Palabras como “sostenible” o “proteger el clima y proteger el medio ambiente” no son más que letanías que nos inoculan desde ciertos grupos de interés mediante la técnica de la repetición constante. De esta manera han logrado en los últimos años que éstas y otras etiquetas similares parezcan positivas en nuestras mentes. Pero, ¿hay algo de verdad tras estos términos y declaraciones?

Son palabras vacías, que la política y las partes interesadas han inventado para llenar nuestras mentes con una ideología enferma. Hay palabras que influyen en nuestra manera de pensar, nos impiden hacerlo con claridad y están diseñadas para despertar ciertos sentimientos “positivos” en nosotros. Los nuevos memes también enajenan. El pensamiento claro requiere términos claros. Vaciemos nuestras cabezas y pensemos un momento sobre las letanías del ecofascismo ecologismo.

Manifestación ecologista

Manifestación ecologista

Comencemos con “protección del clima”. Tras el término “clima” se esconde una simple estadística. El clima es, por definición, la cobertura estadística de los datos meteorológicos de 30 años. Por lo tanto, “protección del clima” apenas significa que debemos proteger una estadística sobre la meteorología. La interpretación política, sin embargo, es completamente diferente y nos obligan a realizar ciertas acciones. ¿Por qué nadie habla abierta y honestamente de “protección frente a la meteorología” si es la estadística meteorológica la que desea influir? Es de suponer que, probablemente, porque todo el mundo reconocería de inmediato el truco: ya tenemos paraguas, ya construímos diques de contención, ya evitamos conceder licencias de construcción en zonas con peligro de inundación (o no), ya tenemos pararayos, búnqueres antitornado, sistemas de detección temprana de huracanes, … y a los hombres del tiempo. Por otro lado, cuantos más años transcurren sin posibilidad técnica de corroborar la teoría por la que las emisiones antropogénicas de CO2 provocan alteraciones catastróficas de la meteorología, más cerca nos situamos de calificar la letanía “protejamos el clima” como locura esotérica sin sentido.

También la llamada “protección del medio ambiente” es sólo una palabra vacía, un “algo” idealizado y abstracto. El mal fundamental de este concepto es que sirve igual para un roto que para un descosido. ¿Qué protege exactamente un grupo ecologista? Lo que se encuentra realmente en peligro suele permanecer, salvo contadísmas ocasiones, escondido tras la consigna. Fundamentalmente, sin embargo, podemos concluir, desde una visión políticamente  correcta, que el medio ambiente es todo aquello que sin la gente estaría mejor. Tan pronto como el hombre comienza a cambiar el “medio ambiente” o a intervenir en alguna parte, aparece una situación de peligro. Se ha creado una simple palabra del tipo “bueno-malo” que se puede utilizar en función de la finalidad, especialmente para influir en las personas.

Es fácil ver el alcance real de cómo esta ideología tácita influye en nuestro juicio dándonos un paseo por los slóganes de la propaganda habitual. Dependiendo de los requisitos y el objetivo a lograr se juega con las siguientes piezas: focas, oso polar, nuclear, carbón sucio o un huracán. Estos problemas “ambientales” son causados ​​por nosotros, fruto de ciertos comportamientos humanos. Este método captura especialmente el desarrollo del raciocinio de los niños. Por eso las asociaciones ecologistas cantan con nuestros hijos en las escuelas la canción del pobre oso polar. Pero son los objetivos los que definen qué es el medio ambiente y qué no lo es. La estética de un paisaje es “medio ambiente” cuando de construir un tren de alta velocidad, un aeropuerto o una estación de esquí se trata. Sin embargo,si de la construcción de un parque eólico se trata, el mismo paisaje deja de repente de ser “medio ambiente”. En ese momento los ecologistas desaparecen o se ponen a tocar los tambores de las “energías renovables”. Que estas sí  “protejen el medio ambiente y el clima”.

El hecho de que los sistemas solares contengan telurio y cadmio,  o que las bombillas de bajo consumo lleven mercurio, sustancias todas ellas altamente tóxicas,  es irrelevante porque se usan para  “proteger el medio ambiente”. ¡A quién le importa cómo terminarán, en qué basurero esas sustancias!, ¡a nadie le preocupa como se obtienen! Mientras que los monocultivos amenazan la “biodiversidad”, regiones enteras se siembran con maíz o soja del que  se obtienen los ecológicos y clima neutrales “biocombustibles”. Los “ambientalistas” callan. Particularmente perverso es el caso del CO2, llamado “gas de efecto invernadero No. 1″, que suena a “enemigo público No. 1”. El alimento de nuestras plantas se convierte en veneno medioambiental por obra y gracia de la propaganda ecofascista. Si fuese creyente iría a la Iglesia con un solo ruego: Dios mío, ¡haz que lluevan neuronas!

Bajo el término “sostenibilidad“, entendemos que podemos preservar la base vital para las generaciones futuras. Pero, ¿qué significa esto realmente? El término “sostenibilidad” es, de hecho, un cliché del mismo calibre que “medio ambiente”. La palabra ha ido ganando significado positivo (es “bueno”) gracias a años de publicidad y la propaganda favorables, trasladadas por los medios de comunicación sin filtro alguno. En una discusión política, el orador puede ahora proponer cualquier absurdidad siempre y cuando utilice correctamente las palabras “sostenible” o “no sostenible”. Antes se utilizaban otros conceptos, como “agradable a Dios”. “Sostenibilidad” tiene para la ideología verde de hoy exactamente  el mismo significado que el “agradable a Dios” de la el entonces todopoderosa Iglesia. Es un arma magnífica para sacar a los creyentes dinero de sus bolsillos.

El término “energía renovable” es, simplemente, una tontería. La energía ni se renueva ni se crea. Esto es simple física. Solo podemos transformar la energía. La llamada energía verde o renovable se limita a transformar la energía del viento o la energía solar en electricidad. Si usted quiere encontrar un término genérico realista para estas instalaciones, primero debe determinar las características objetivas comunes. Útil en una evaluación de ese tipo son la magnitud de potencia o el suministro de las plantas. Dado que tanto los sistemas de energía eólica como los de energía solar basan su suministro en el azar de la situación meteorológica del momento, no proporcionan un flujo de electricidad predecible. Su denominación más correcta, por lo tanto, sería la de “sistemas de pequeña escala de potencia aleatoria”.

Todas estas palabras huecas y vacías funcionan y funcionarán mientras los ideólogos verdes mantengan la autoridad para interpretar estos términos. Se abre la lucha por la soberanía de interpretación de las palabras, que determinará en última instancia el destino de nuestra sociedad. La prosperidad futura depende de que no nos dejemos manipular con las letanías.